lunes, 25 de marzo de 2013

Ya no nos queda ni París...

Sigo sin entenderlo, y encima se me caen los mitos. Hace unos años, cuando Zapatero tramitaba la ley de matrimonio homosexual, se articuló en España un poderoso movimiento contrario: la Iglesia, asociaciones conservadoras y sus brazos políticos, que se apresuraron a defender la exclusividad del término para la unión de un hombre y una mujer, amén de los derechos en cuestión de descendencia que a él lleva inherentes. Se convocaron manifestaciones, se presionó en los medios, se pronosticó el caos y el fin del mundo hasta entonces conocido si la medida llegaba a buen puerto.
Años después, con la ley aprobada y unos cuantos matrimonios gays celebrados ( tampoco tantos como los agoreros vaticinaban; quizá llevara razón el artículo que leí entonces - deberéis disculpar que no recuerde su autor - : animaba a esos grupos que tanto denostan el libertinaje de la comunidad homosexual a congratularse de la sorprendente predisposición de estos a someterse bajo el yugo de un contrato tan tradicionalista como el matrimonio ), se han cumplido esos pronósticos: en efecto, se acerca el fin del mundo, pero no por los matrimonios gays precisamente...
Yo no comprendía entonces por qué sale una persona a manifestarse contra el logro de derechos por parte de otra, si los suyos no sufren ningún menoscabo con ello. Hubo quienes intentaron explicarme sus argumentos, de los cuales colegí tres ideas principales: defensa de los niños, inadecuación del término y diferencia de entidades distintas. Vayamos en orden inverso:
- La diferencia de entidades distintas: esto es, que los gays son personas normales que pueden hacer lo que quieran, faltaría más( "porque yo tengo muchos amigos gays, no vayas a pensar que soy homófobo" ). Pero su unión no puede ser lo mismo que la de un hombre y una mujer que sí que es lo normal ("natural" es un adjetivo que se usa también mucho, porque parece que añade toda la carga semántica de la esencia reproductora). Ergo, no los considero tan normales como mi corrección política me obliga a declarar. Lo que nos empuja a,
- la inadecuación del término: no se puede llamar matrimonio porque eso es la unión de un hombre y una mujer: "que lo llamen de otra forma". Lo cual, a priori, no sería mala solución si se equiparasen los derechos de esa otra unión con los del matrimonio, salvo porque ya marca una diferencia contraria a derecho y porque en ella se suelen negar los derechos de adopción, lo que nos lleva al siguiente punto. Pero no quiero dejar de apuntar mi extrañeza por el repentino puritanismo etimológico de los que, sin embargo, luego se llenan la boca llamando democracia al sistema político que te deja votar cada cuatro años para que luego el partido político que alcanza el poder se pase por el forro su programa electoral o acepten cincunloquios como reformas, regularización de activos o externalizaciones para nombrar lo que están siendo, a todas luces, recortes, amnistía fiscal y privatizaciones. Eso se describe, en castellano al alcance de todos, como cogérsela con papel de fumar.
- La defensa de los niños: el quid de la cuestión. Argumentan quienes prefieren impedir a los homosexuales la adopción que no crecerían igual en ese ambiente que en uno heterosexual. Lo cual invalida para la crianza a madres solteras, viudos, separados y divorciados, en el caso de que el motivo sea la ausencia de la figura paterna o materna. Y si la razón fuera la supuesta influencia perniciosa de tener por padres a dos personas del mismo sexo, urgiría un estudio en profundidad de los efectos sobre los niños de esas familias formadas por dos padres separados, con sus respectivas parejas y hogares posteriores, donde los niños devienen en pequeñitas copias de Bill Murray en Lost in Traslation. Preñados de prejuicios, hablamos por hablar. Y para más inri, esa defensa a ultranza proviene en gran parte de un sector, la Iglesia, cuyas posturas con respecto a la infancia suelen abundar en controversias ( y no busco segundos sentidos ): derecho a la vida, aunque esta sea indigna ( que nazcan todos los niños, aunque sean inválidos o se mueran de hambre ) o arbitrariedades al juzgar la idoneidad del ambiente ( ¿es peor crecer en el seno de una familia homosexual que como hijo de una adolescente violada por parte de su tío? ).
Repito, no lo entendí entonces y no lo entiendo ahora: ¿por qué manifestarse en contra de una obtención de derechos del prójimo que no repercute en el menoscabo de los tuyos? Pero aquello era España y lo achaqué a nuestro lamentable retraso social y a la aún obcecada influencia religiosa. El drama ha surgido ahora, cuando son los franceses quienes se echan a la calle para impedir una ley de matrimonio homosexual. ¡Francia! El paraíso de la lucha civil y la defensa de los derechos humanos, el paradigma del progreso europeo, el reducto de la intelectualidad y el buen gusto. ¡Francia! Ese país imperfecto, pero con el que gustábamos de comparar nuestros avances hacia la modernidad.
Pues allí también cuecen habas. Y cabe suponer que, una vez se las coman, también tendrán gases. Hediondos, como podéis ver.

Dedicado a Teresa, que me ilustra en "gabacherías".

martes, 12 de febrero de 2013

Violencia

Hace algo más de dos años, Silvio Berlusconi superaba una moción de censura gracias a los escandalosos votos de varios miembros de partidos opositores. Ese día hubo disturbios en varias ciudades italianas, destacando los de la capital, Roma. Aún existía entonces la cadena de noticias CNN+, donde el periodista Iñaki Gabilondo presentaba por las noches un programa de debate.
Esa noche el programa comentaba todo lo ocurrido en Italia. Uno de los tertulianos, a la vista de las imágenes de cargas policiales y contenedores ardiendo, inició una argumentación donde deslizaba cierta simpatía por los hechos. Inmediatamente fue reprendido por los demás, Gabilondo incluido, al grito de "la violencia, jamás" y a pesar de sus intentos de explicación, no le permitieron seguir con su exposición.
Y a mí me jodió. Porque le entendía perfectamente. No sé lo que ese hombre quería decir, pero me lo imagino. Y en cualquier caso, aunque me equivoque, sé lo que yo diría en su caso, que es lo que voy a decir ahora.
Odio la violencia. Me descoloca. Me indigna. Me aterra. Una vez arranca la violencia, nadie sabe cuándo ni dónde terminará. El uso de la violencia es una derrota del ser humano, una claudicación a nuestros instintos animales, un retroceso en la evolución. Pero a veces la violencia es el único camino que queda cuando se han negado todos los demás. Me explico.
En una democracia hay varios canales de participación ciudadana:
- el más obvio es el voto; mediante el sufragio cada ciudadano puede depositar su confianza en un representante que, previamente, ha expuesto cuál será su postura en los problemas que atañen a ese ciudadano. Se supone que es un contrato. Pues bien, en ese caso concreto de la moción de censura contra Berlusconi, al menos dos diputados del partido más "antiberlusconi" del hemiciclo, votaron a favor del presidente, supuestamente comprados. A la mierda una vía ciudadana de influir en la política.
- otro canal es la manifestación callejera; perfectamente reglamentada y respetada por los partidos como vía inmediata (los comicios suelen ser cada cuatro años) de conocer el sentir popular. Podéis elegir el ejemplo que más os guste de manifestación multitudinaria (si queréis nos quedamos con la de la guerra de Irak, donde se hablaba de un 90 % de españoles en contra de la intervención)  que no ha servido para nada. Las huelgas generales serían una variante excesivamente contaminada de política, aunque su resultado suela ser el mismo.
- un tercer canal es el de las iniciativas legislativas ciudadanas; se recogen firmas apoyando tal o cual idea con el objeto de que se discuta (ojo, que se discuta, no que se aprueben, que esa potestad siguen ejerciéndola los diputados) dicha iniciativa en el congreso.
Esta tercera vía es la que ha provocado mi indignación. Esta tarde se presentan en el congreso 1400000 firmas (un millón cuatrocientas mil) para la creación de una ley que permita la dación en pago, la moratoria de los desahucios y el fomento del alquiler social.
Pues bien, la iniciativa ni siquiera se va a debatir en nuestra supuesta casa del pueblo (así llaman con cinismo mayúsculo a veces al congreso) porque un partido político se ha negado. Y como tiene mayoría, ajo y agua. ¿Qué te queda entonces, cuando has agotado las vías democráticas y la injusticia sigue presente? Hace unas entradas, hablaba de la violencia surgida a raíz de los desahucios ( Nobel-de-la-¿paz? ). Esta mañana se ha conocido un nuevo caso de suicidio relacionado con un desahucio. Una fuente me informa de que en Canarias han vetado el tema en los medios de comunicación para no alarmar a la población.
Ya no hablamos de vivir con menos, de acostumbrarnos a un nivel de vida inferior. Hablamos de no tener qué comer, dónde cobijarte, cómo sacar adelante a tus hijos. Hablamos de sobrevivir. Y cuando uno está a punto de morir, se defiende con uñas y dientes. Y es capaz de matar (de hecho, hoy sí que llega al Congreso otra iniciativa popular para considerar la fiesta de los toros Bien de Interés Cultural; el toro, ese animal herbívoro que, al verse acorralado, se defiende con bravura. Qué paradoja, ¿no?).
¿Por qué eligieron matarse a sí mismos? No lo sé. Quizá por miedo, o por bloqueo, o por preferir hacerse daño ellos que hacérselo a los demás. Pero según aumenten las personas afectadas, quizá surjan quienes elijan provocárselo a quienes les han llevado a esta situación. Y con actitudes arrogantes como la de esta tarde, resulta difícil no apuntar hacia los integrantes de esa casa del pueblo: porque ellos ejercen la violencia del poderoso, tan aplastante que, al final, no te queda más remedio que recurrir a esa misma arma demoníaca: violencia, violencia, violencia...
Y una vez encendida la mecha, que Dios nos coja confesados. Hasta su representante en la Tierra ha dimitido. Cómo tenía que verlo de difícil.

PD : esta entrada fue escrita al mediodía, pero no la publiqué porque no me dio tiempo a revisarla. Cuando llego a casa me encuentro que ha habido dos suicidios más (un matrimonio de jubilados en Mallorca) y que el partido que estaba en contra de la presentación de la proposición de ley ha reculado en el último momento y se presentará. Violencia, violencia, violencia... 

lunes, 4 de febrero de 2013

Dimito

Busco país de acogida. Los interesados, por favor, pónganse en contacto con este blog. En el perfil está reseñada la dirección de correo.
A cambio ofrezco espíritu crítico, cierta distancia irónica e ilusión. Toda la ilusión que me están robando. Porque da pena escuchar las noticias y da asco comentarlas con quienes deberíamos indignarnos ante ellas. Porque nos hemos puesto una camiseta y no nos la quitamos a pesar de asistir a la venta de los jugadores, el desmantelamiento del estadio y la mofa de la directiva. Porque aquí la democracia es una mascarada.
Y no, no voy a hablar de los políticos. De ellos ya hablamos demasiado a lo largo de la jornada. De ellos y de sus correrías, no de las decisiones que toman para sacarnos del hoyo en el que nos hemos metido (entre todos, sí, pero con ellos al timón del barco). Voy a hablar del pueblo, del legítimo dueño del poder en una democracia. Porque, ¿es eso lo que significa, no?
El poder del pueblo. Tan grave y redondo es su significado. Pero el poder hay que saber administrarlo y estamos demostrando que nos queda grande la empresa. No estamos maduros. No sabemos exigir responsabilidades. No sabemos castigar la ineptitud. No sabemos condenar la incuria. No sabemos expulsar a los indignos. Sólo sabemos, y vaya si lo ejercemos, quejarnos de la falta de democracia. Menuda desfachatez la nuestra.
Así que nos quejamos de que nos falta poder al pueblo: porque eso implicaría una falta de democracia, al fin y al cabo. Y es cierto que los mecanismos podrían ser mejores: listas abiertas, circunscripción única electoral, aumento de referendums... Seguramente alguna de estas alternativas u otras similares mejorasen la calidad democrática en España.
Pero, no nos engañemos, lo principal es el ejercicio de esa democracia: nuestra propia responsabilidad. Y no se queda únicamente en votar. Tras la visita a las urnas, debemos mantener vigilancia y exigencia continuas sobre los representantes elegidos. Si nos fallan, nos defraudan, nos mienten, nos engañan o nos roban, deberemos EXIGIRLES explicaciones primero, y BOTARLOS después. Pero, no, aquí no hacemos eso. Aquí los votamos de nuevo para premiarlos, para decirles claramente "siga, siga usted con sus chanchullos, continúe demostrando su negligencia porque cuenta con mi apoyo, mi connivencia y hasta mi simpatía". Y luego nos indignamos porque se burlan de nosotros. ¿Y qué esperamos?
Me recuerda a esas (por desgracia) abundantes relaciones donde, a cada desplante, a cada maltrato, a cada humillación responde la víctima con una mayor lealtad, una mayor obediencia, un mayor amor. Y cuando ésta ya no puede más y rompe la relación, en el turno de reproches, el dejado se justifica sorprendido "si yo lo hacía pensando que era lo que querías".
Pues yo no lo quiero. Así que me bajo. A la espera de algún otro tren que pase por aquí, seré apátrida. Y de Carabanchel. 

martes, 22 de enero de 2013

El fin del mundo

Ya hace un mes que se acabó el mundo, y aquí me tenéis escribiendo. Con la crisis, ya ni las hecatombes son lo que eran. Esto en tiempos de los dinosaurios no pasaba. Menos mal que los políticos y acólitos se han empeñado en limpiar el buen nombre de los mayas y les están haciendo el trabajo sucio. Y si no me creéis, aquí va una pequeña lista de cosas que han pasado en estos treinta días. No están todas las que son (no tengo tiempo ni humor para ese tipo de recopilaciones) pero sí son todas las que están:

- casi nos sumimos en otro "fin del mundo" financiero cuando los políticos, esta vez en los Estates, esperaron hasta el tiempo de descuento para ponerse de acuerdo a fin de evitar el temido abismo fiscal. A diferencia de los nuestros, lo lograron (aunque dicen los expertos que sólo es una moratoria y que el problema sigue ahí) y a mí me recordaron las palabras aquellas de Montoro, ante una votación crucial para nuestro rescate estando Zapatero en el gobierno: "que se hunda España... que ya la levantaremos nosotros". Tenía razón, ya la han levantado...en armas.

- un día después de que la OCDE denuncie su alucine con la permisividad (tanto judicial como social) absoluta que se da en España a los casos de corrupción, Unió Democratica (la mitad de la coalición que gobierna Cataluña) asume, después de veinte sonrojantes años de retraso en el proceso, que se financió con dinero público y...¡no dimite nadie! Estos de la OCDE recetaron para nuestro país como medidas a tomar para salir de la crisis, entre otras, subir el IVA, eliminar la jubilación parcial  y abaratar los despidos. Vamos a ver en qué les hacen caso nuestros políticos.

- después de repetirnos por activa y por pasiva que la crisis es culpa nuestra por gastarnos lo que no tenemos, llega el Banco de España y, por si nos da por ahorrar, prohibe los depósitos remunerados con más del 3%, el nivel del IPC. Para que así gastemos, lo que nos quede. Porque claro, es que el sudoku es muy difícil: si no hay consumo, esto se va a la mierda; pero cómo va a haber consumo si les hemos quitado el dinero a los pobres; pues que gasten el poco que tengan ahorrado; ¿y cuando no les quede nada?; yo ya no estaré aquí, que arree el que venga...

- el señor que estaba al frente del banco que ha protagonizado uno de los mayores petardeos de la historia reciente de este país, obligando (eso nos han contado) al gobierno a nacionalizar su ruina, lejos de ser castigado por su incompetencia (y no entro a valorar las comparencencias de los miembros del consejo de administración porque me sube la bilirrubina y se me encrespa el bigote a lo Juan Luis Guerra) ha sido fichado por otra empresa (Telefónica) que también tiene contentos a sus clientes (bajonazo en los últimos meses) y trabajadores (ERE del 25% de la plantilla mediante).

- sale a la luz que un antiguo "barón" del PP en Galicia enchufó a más de cien personas en diversos puestos relacionados con la diputación de Orense para asegurarse sus votos en el congreso que, días después, decidiría su sucesor en el cargo. ¿Consecuencia? Ahora ese puesto lo detenta (a la vista de esa información el verbo estaría bien usado) su hijo.

- un antiguo consejero de sanidad de la comunidad de Madrid trabaja para la empresa que se ha quedado con la adjudicación de los análisis clínicos tras comprar la anterior empresa que se había hecho con ellos cuando este consejero los privatizó. ¿Que no te has enterado del trabalenguas? Pues quédate con que este muchachote es el marido de Andrea Fabra. Sí, sí, esa Andrea Fabra. ( Ante la polvareda mediática formada, el antiguo consejero ha dimitido de su cargo en la empresa ).

- el president más recordado ( y quizá añorado ) de la Generalitat de Cataluña, el cual hasta ahora tenía una reputación intachable, está siendo investigado por lo que parecen cuentas astronómicas en paraísos fiscales, amasadas en sus tiempos de preboste. Al mismo tiempo salen chanchullos varios en los que están involucrados sus hijos (y tiene unos cuantos).

- and last but not least, resulta que un tesorero del partido gobernante repartió durante una década sobres con pasta de origen dudoso a muchos integrantes de ese partido, a modo de sobresueldo mensual. El señor en cuestión es uno de los encausados de la trama Gürtel por corrupción que, hasta la fecha, sólo ha tenido un castigado: el juez que la impulsó.

Ayer volvía a casa escuchando una tertulia que, cada lunes, celebran en el programa Hora 25 de la Cadena Ser. En ella participan jóvenes diputados de los partidos mayoritarios en España ( PP, PSOE, IU, PNV y CIU habitualmente ). Por cierto, y a modo de anécdota, señalar que en ella participaba Santiago Cervera, el diputado del PP que dimitió a raíz de su implicación en el "extraño" caso de la extorsión al presidente de Caja Navarra. En fin. Pues ante la invectiva de un oyente contra los políticos, uno de ellos (no recuerdo quién) dijo que sin política caeríamos en la dictadura (con lo cual estoy de acuerdo) y que lo que había que hacer era no votar a los partidos con casos de corrución. Muchas gracias, majete, por el consejo.
A fin de ayudaros con vuestra decisión, os enlazo con un mapa donde salen las localizaciones de casos de corrupción, con su correspondiente partido implicado:

Mapa de corrupción en España

No lo he examinado minuciosamente por lo que imagino que, al ritmo que se destapan chanchullos en nuestro querido país, faltarán mogollón (salvo que tengan a un tipo actualizándolo día y noche, en cuyo caso debe ser el trabajador más atareado de España). Si obedeciéramos la feliz idea del diputado, en unos años podría gobernar España el Pacma (Partido Antitaurino Contra el Maltrato Animal) o el Partido Pirata.
Quizá sea la solución: si va a ser un desastre, que sea esplendoroso.

martes, 8 de enero de 2013

Me da buen rollo

Pues me da buen rollo. No sé las razones pero me da buen rollo. El año que empieza, a pesar de la impopularidad del número 13, me da buen rollo. Quizá porque durante casi toda mi vida colegial fue mi número de lista (por ahí solía caer mi "Frías", encajonado entre los Fernández y los García, tan abusones ellos) y le tengo mucho cariño. Quizá porque el año anterior acabó con muy buenas noticias y, aunque alguna se ha truncado, me arraigó el optimismo. O quizá porque ya toca llenar el mundo de energía positiva.
No lo sé, pero me da buen rollo. No es una postura sencilla. Admito que voy a contracorriente. Ningún buen augurio ilumina nuestro futuro. Las cifras en los periódicos asustan con su contundencia. Los telediarios nos provisionan de imágenes desoladoras (y encima Telemadrid sigue en negro, la única cadena que nos regalaba ilusión en sus análisis; pobrecillos...). Las conversaciones devienen monumentos al drama social. Después de tanta crisis, la incertidumbre del pueblo ha dado paso a una abierta aflicción.
Y sin embargo me da buen rollo. Creo que va a ser un buen año. Desgraciadamente, no puedo mostraros datos en los que basarme. Tampoco disfruto de poderes adivinatorios. Incluso tengo en contra mi fama (injustificada, por supuesto) de agorero.  Para más inri ayer fue mi cumpleaños, fecha maldita del calendario y habitual fuente de malos humores por razones obvias: nos vamos haciendo mayores (pero mayores de verdad).
Pues nada de eso importa. Tendréis que confiar en mí. Un acto de fe, eso es lo que os pido: que aparquéis por un momento la saturación de las fiestas navideñas y el ingrato regreso a la rutina (curioso contrasentido, el cual nos lleva del deseo de que se acabe tanta celebración a la desazón de no otear días festivos en muuucho tiempo), que ignoréis la temida cuesta de enero (al menos estas primeras rampas) y que os aisléis del ruido y la furia que desbordan las calles.
Una vez convenientemente abstraídos, abrid bien los ojos (no, esos no, los otros ojos), agarrad fuerte las manos de quienes están a vuestro lado y escuchadme: este año me da buen rollo.
¿Cómo? ¿Que parece una sesión cutre de un grupo de autoayuda aficionado? Ni mucho menos y a los hechos me remito: ¿cómo no va a ser un gran año si teníais cientos de manos que agarrar?

Feliz año 2013


jueves, 20 de diciembre de 2012

Cesta de navidad

Hace unos días hablábamos de que las cenas de Navidad, con la crisis, iban a disminuir, algo que yo firmemente pensaba. Bueno, pues el hecho es que se me ha petado el calendario de eventos hasta el punto de que me coinciden algunos. Y no sólo a mí, que a varios amigos les está resultando difícil cuadrar las fechas también. Manda huevos.
(En mi descargo he de puntualizar que las comidas/cenas de empresa sí que se están reduciendo a la mínima expresión; otro tema son las reuniones de amigos.)
Lo cual me induce a sospechar que, o bien somos de esa parte privilegiada a la que nos ha influido la crisis pero no tanto, o que (como defienden algunos) vivimos más la psicosis que la circunstancia, o (como creo yo) al final tampoco debes renunciar a vivir pues la crisis podrá ser eterna pero nosotros estamos de paso.
Sea como fuere, otra de las tradiciones que ya se ha resentido (y sobre esta no habrá discusión ni matices posibles) es la de las cestas de Navidad. El que recibía una abundante, ahora la recibe chica; el que ya se contentaba con la chica, ahora no recibe nada. Si este fuese un blog interactivo (o twitter) saltarían de inmediato esas voces ubicuas (entre resentidas y despectivas) que siempre farfullan lo mismo ante, no ya una queja, sino la mera constatación de un hecho (como es el caso); seguro que conocéis alguna: "no te quejes, que al menos tienes trabajo". Y como ahora no te debes quejar, porque los hay peor que tú, pues así nos luce el pelo. Que no se quejen los funcionarios, que en el sector privado estamos peor; que no se quejen los trabajadores, que los parados estamos peor; que no se quejen los jóvenes, que los viejos estamos peor; que no se quejen los viejos, que los muertos estamos peor... Curiosa manera de entender la solidaridad, de lo cual se aprovechan, evidentemente, los que manejan los hilos, encantados de que gastemos las fuerzas divididos en vez de juntarlas contra ellos.
Pero no era mi intención saludar a la Navidad con el tono amargo que suelen rezumar mis entradas, sino todo lo contrario. Hoy traigo un regalo, porque Hontanazor sí que tiene una cesta para todos (¿tres?, ¿cinco?, ¿sólo un despistado que no ha tenido suerte con google?; para todos) sus lectores. Disfrutadla mucho.

- Una noticia ad hoc:  


- Un chiste navideño:

Llega Papá Noel a Somalia y al ver a tanto niño con cara triste, pregunta a un lugareño qué les pasa.
- Es que no comen nada.
- ¡Ah! pues si no comen no hay regalos.

- Un microrrelato sobre la profecía de los Mayas: 

La rueda de prensa había resultado desoladora. La situación del país devenía crítica, las cuentas públicas estaban quebradas, el desempleo afectaba ya a la mitad de la población, las revueltas sociales incrementaban la violencia, la inseguridad provocaba terror, enfermedades olvidadas resurgían por el colapso sanitario, el hambre recorría las calles, los suicidios se multiplicaban… mientras el gobierno anunciaba nuevos y más severos recortes. El ministro se excusaba al final: “nuestra obligación es cumplir con el calendario”. Y una periodista, no trascendió de qué medio, le preguntó: “se refiere al maya, ¿verdad?”.



- Una postal navideña:


- Y el deseo de que el nuevo año nos traiga motivos para que las entradas divertidas arrinconen de una puñetera vez a la amargura. 

¡Felices fiestas a todos!

 

martes, 11 de diciembre de 2012

Nobel de la ¿Paz?

La Unión Europea recibió ayer el premio Nobel de la Paz. Resultaba grotesco contemplar los rostros orgullosos de los mandatarios presentes ante el aplauso del público (público selecto, nada de indignados). El motivo, haber creado un espacio de concordia y entendimiento en un territorio donde antes se rifaban las hostias con papeletas marcadas, resulta tan loable como tramposo. Porque, si bien el enunciado resulta indiscutible (después de la guerra de los Balcanes, no ha habido un conflicto bélico en suelo de la unión), también lo es la inoportunidad del momento elegido para concedérselo a esta institución.
Este galardón debería premiar a aquellas personas o instituciones que promuevan, indiscutiblemente, la erradicación de la violencia como mecanismo de relación entre seres humanos. Es cierto que se ha devaluado con numerosas y polémicas concesiones (la más sonada y cercana en el tiempo fue la de un Obama recién llegado a la Casa Blanca, con las tropas americanas por medio mundo y Guantánamo vigente), que nos curan de espanto ante estas decisiones, más políticas que merecidas. Pero no por ello deberemos dejar de criticar lo que ya parece un signo de nuestro tiempo: la sombra del marketing (en puridad castellana, mercadotecnia, pero como suele ocurrir en estos casos, el término inglés resulta más popular) sobre la concesión de premios.
Ya sean artísticos, deportivos o sociales, las instituciones que los otorgan miden el nombre de los elegidos mucho más en términos de rentabilidad publicitaria (y económica) que de auténtico merecimiento. Es un feedback (o retroalimentación, de nuevo el anglicismo) que busca el beneficio de ambas partes pero pervierte la esencia misma de los galardones: cuanto más conocido o importante sea el galardonado, más resonancia provoca en el galardón.
Mencionado este punto, no quiero alejarme del motivo real de esta entrada: la oportunidad de la concesión del Nobel de la Paz a la Unión Europea. La UE vive momentos muy controvertidos, donde su papel en la crisis no parece precisamente el de bombero sino más bien el de pirómano. No ha declarado ninguna guerra a un país enemigo, no, pero incendia la convivencia en sus propias entrañas. Sometido a los designios de una crisis creada por intereses alejados de su realidad (pero mucho más cercanos a la esfera de esa casta dirigente de la propia UE), el pueblo contempla y empieza a sufrir los ataques a un estado del bienestar del que se siente partícipe y progenitor, no en vano fue logrado con el sudor de su trabajo en forma de impuestos.
Sin entrar a valorar los motivos ni culpas de todos y cada uno en esta crisis, el hecho es que la política está dando paso a la economía como motor de la sociedad. Y la política es el invento creado por el hombre para solucionar los problemas de la convivencia sin tener que utilizar los palos. Vamos, que por muy denostada que esté, sin la política impera la violencia. ¿Cómo se puede entonces otorgar un premio a la labor pacificadora de una institución que está permitiendo el aumento de la violencia por omisión de su función principal?
Dejo de lado los fríos datos que colocan a Europa como tercer productor mundial de armas (de nuevo los motivos económicos como motor de una sociedad) y su agresividad a la hora de conseguir lucrativos acuerdos con países pobres o en vías de desarrollo para que sus poderosas multinacionales tomen posiciones y hundan a las empresas locales. Y repito que, en estos momentos, no es mi objetivo criticar esta política (cada país o grupo de países defienden lo suyo, a costa de lo que sea) sino la concesión de un galardón con ese nombre a quien detenta esa política.
Habrá quien no entienda esta exposición, o le pille lejana. Incluso quien me tache de cinismo por acusar a los políticos de cargarse el estado del bienestar y luego criticar los cimientos en los que se basó (ya que nuestro crecimiento se ha cimentado, puro sistema capitalista, en esquilmar a los débiles para ser nosotros más fuertes). Para ellos tengo un ejemplo bien cercano de que la violencia mueve a nuestros dirigentes: la única (que yo conozca) ley que se ha promovido en los últimos tiempos en España a favor del ciudadano (y siendo un "a favor" muy muy relativo) ha sido la de los desahucios. ¿Motivo que la provocó? La violencia.
Sí, la violencia de unos ciudadanos contra sí mismos. Mientras las noticias traían "sólo" dramas, lágrimas y maldiciones, los dirigentes no movieron un pelo. Las asociaciones ciudadanas, las agrupaciones locales, los partidos minoritarios, las recogidas de firmas... todo chocaba contra la sordera o la indiferencia de quienes debían hacer política. Hasta que aparecieron los cadáveres y entonces, reaccionaron.
Falló la política, funcionó la violencia. Y así ocurre siempre con los malos dirigentes: que necesitan muertos sobre la mesa para despertar de su letargo. O de su altanería. Y si queréis otro ejemplo, mencionemos tan sólo lo ocurrido en el Madrid Arena. Con cinco niñas en sus tumbas, ahora se tomarán en serio las medidas de seguridad. De nuevo la violencia ocupando el hueco de los malos dirigentes. Podríamos hablar también de los partidos políticos que, en diferentes países europeos, están recogiendo el malestar de la gente con consignas xenófobas y abiertamente violentas. Ocupan el hueco crecido a la sombra de la mala praxis de los políticos "profesionales".
El premio era a la Unión Europea, institución anterior y que (supongo) sobrevivirá a los mandatarios que ahora gobiernan. Quizá merecido, pero el premio se ha dado ahora y los que lo recogieron fueron esos mismos que están llevando a Europa a una situación propicia para que la violencia ahogue, ya lo está haciendo, la paz social. Los que recogían el galardón, ufanos y orondos, son los que están convirtiendo a Europa en un polvorín. Quizá sea su homenaje velado al creador de los premios.

PD : acabo de enterarme de una noticia que abunda en lo del motor económico de la sociedad. La justicia o la moralidad sufren un nuevo embate. El banco HSBC pagará 1500 millones para que no se investigue más su connivencia con el lavado de dinero procedente de actividades ilícitas ( tráfico de drogas, terrorismo islamista...). Las autoridades lo admiten para no desestabilizar una empresa tan poderosa. 
Cae tú, en cambio, en esa desgracia que es la droga y malvende un pico de heroína en la esquina de tu casa, y veremos dónde acabas.
Mundo de mierda.

martes, 4 de diciembre de 2012

Cenitas de Navidad

El año va plegando sus alas, presto para arrebujarse en el inexorable nido de la Historia (así, con mayúsculas). De perfil rapaz, promete dejarnos en garras de un sucesor no menos carroñero. El relevo tendrá lugar, como en anteriores ocasiones (y si Dios y los gobiernos quieren, como en todas las futuras), durante esas fechas marcadas a fuego en el calendario de los niños y los melancólicos (aunque por motivos diferentes, claro), y los demás subrayamos en rojo o en fluorescente según fobias o filias, ya que a nadie dejan indiferente: las navidades.
Con ellas llegan todas las tradiciones imaginables: las sociales, las indivuales, las monárquicas, las estacionales, las estúpidas, las divertidas, las frecuentes, las raras... Casi todo cabe en Navidad, mientras lo hayas hecho tres años seguidos. "Es la tradición, no se moleste usted, señor corredor negro, si le rocío con este spray hasta dejarlo ciego...". Una de esas costumbres tiene toda la pinta de ir a resentirse, como lo lleva haciendo desde que nos abrazó nuestra amiga la crisis. Se trata de las cenas temáticas, sean de empresa, amigos, grupo de baile o equipo de fútbol.
En efecto, el apretón económico (empezó siendo de cinturón, pero muchos lo notan ya en el cuello) deja escaso margen a los dispendios, lo cual casa especialmente mal con el espíritu de estas fechas. Con el espíritu actual y generalizado, me refiero. Imagino que Jesús tenía otros planes cuando decidió nacer ese día (ah, que ni siquiera nació el día 24, que es una adaptación de las saturnales romanas... Bueno, no nos desviemos del tema).
Las navidades han devenido odas al gasto, al consumo y a la ostentación, y en estos tiempos que corren, el tema se ha puesto muy malito para poder mantener ese ritmo de tarjeta (de crédito). Por eso tocará recortar (¡verbo de moda!) y nos conviene un repasito a la jerarquía de prioridades. Veamos:
- las cenas oficiales, nochebuena y nochevieja, parecen intocables;
- los regalos, sobre todo a los niños, menguarán pero no desaparecerán;
- la decoración ganará en sobriedad, pero no temáis: los árboles de luces y bolas, los papanoeles escalando y los belenes megakitsch volverán a regalaros los ojos.
¿De dónde recortar, entonces? De esas reuniones, claro (además eran pagadas por las empresas, y estas ya no regalan nada; algunas ni pagan los sueldos...) que llegaron a ser una especie de Tourmalet a superar, justo al inicio de las fiestas: comidas y cenas sucesivas poniendo a prueba la cartera y el estómago. Por no mencionar el encaje de bolillos infernal para cuadrar tanto compromiso. "No, yo ese día tengo la cena con mis antiguos compañeros de curro", "pues yo al siguiente como con las del cursillo de flauta travesera","pues para mí, imposible todo el finde, he quedado  de cena con los de spinning, para unas cañas con los del club de rol y para un brunch con las madres del bloque; pero sin niños,¿eh?"...
Así que seguramente al final salgamos ganando con este recorte. Bueno, como con todos; al fin y al cabo, son por nuestro bien, que estuvimos viviendo por encima de nuestras posibilidades y ya era hora que alguien se atreviera, no sólo a decírnoslo, sino a ponernos en nuestro sitio. ¡Ay, el populacho! Insurrecto pero entrañable populacho...
En cualquier caso estas cenas no desaparecerán, como nos demuestra este simpático vecino del barrio de Montecarmelo. Dispuesto a disfrutarla sin los agobios de diciembre, adelantó su juerga unos días. Pero al volver, un maquiavélico semáforo se interpuso en su camino y provocó la escena que estáis a punto de presenciar.


Mi casa es la de enfrente y yo lo veía desde el ángulo opuesto al del que grababa el vídeo, así que pude asistir a su huida por la calle para abajo, dejando al portero que le había ayudado a sacar el semáforo de debajo de su coche con cara de sorpresa y una ostentosa indignación. Unos minutos después llegó la policía, que sólo tuvo que seguir el rastro de aceite que la rotura de su imponente Mercedes había dejado por todo el camino. Está localizado (al menos por nosotros porque, además, es vecino de Casi y tenemos pruebas que le incriminan).


Esa es su plaza de aparcamiento. El coche no es el mismo porque el Mercedes debe estar en el taller. Por cafre. A ver si le vemos un día y le deseamos una feliz Navidad.

lunes, 26 de noviembre de 2012

Sandy

Había soñado con una isla exótica. La arena se extendía más allá del alcance de su mirada, una arena blanca y fina que estremecía las plantas de sus pies. El horizonte asomaba azul, limpio y, ante todo, tranquilo. Nada en él amenazaba el hechizo de la calma. Por primera vez en semanas sintió paz.
Anduvo a lo largo de la playa, alcanzando un pequeño roquedal. Desde su ápice intentó acotar la extensión de aquella isla, lo que los marinos conocen como bojar. Gracias a la magia de los sueños, su vista se elevó hasta abarcar todo el contorno: la isla tenía el tamaño aproximado de Manhattan. Al despertar recordaría con curiosidad este dato, pero en el sueño le pareció de lo más natural conocer la extensión de la isla neoyorquina y calcular así, a buen ojo, su relación con esta. Nueva York, la capital del mundo. ¿Y por qué no podría llegar a serlo algún día esta?
Llamarla por segunda vez "esta" le resultó incómodo. Evidentemente tendría que ponerle un nombre. Sin nombre las cosas o las personas no existen. Tendría que ser uno genial, armonioso, llamativo pero sin estridencias. Uno digno de la nueva capital del mundo. Cada vez le gustaba más aquella idea. ¿Y por qué no podría llegar a serlo algún día?
Decidió aparcar aquella decisión para más adelante. No había que precipitarse. Las prisas no son buenas consejeras. Por ahora se referiría a ella como isla de arena. No le satisfizo. El castellano tenía ciertas limitaciones. Probó en inglés con Sandy. Sonaba mucho mejor, no cabía duda. ¿Y si probaba con el suyo? Nunca mejoraría la tremenda sonoridad inglesa. Nada, se quedaría con Sandy. Sandy...
Sandy parecía despoblada. Al menos él no había reconocido ningún edificio desde las alturas. Volvió a elevar la vista, pero la arena le deslumbró hasta cegarle. Una nebulosa giratoria se adueñó de su cerebro. Temió marearse. Poco a poco recuperó el gobierno de sus sentidos y entonces surgieron los colores: el verde claro de los prados y el más oscuro de los árboles, el ocre de la tierra labrada, el naranja de los ladrillos, el negro de los pavimentos...
Sandy hervía en vida. Los animales convivían avenidos, grandes y pequeños, carnívoros y vegetarianos, domésticos y salvajes. Las plantas competían en belleza, regalando contrastes de color impensados hasta entonces. Los edificios se organizaban con el primor de un urbanismo tan modélico y humano, que un niño podría pasear solo por la ciudad sin correr el más mínimo peligro.
No había pobres, no había enfermos, no había injusticias ni delitos.
De repente, el cielo cambió por un techo de bellos artesonados y la levitación terminó sobre un sillón de respaldo acogedor y cómodos brazos. Allí recibía delegaciones extranjeras impacientes por su consejo: deseaban imitar su impecable sociedad en otras latitudes menos afortunadas. Él aconsejaba orgulloso, aunque callaba ciertos detalles, pues todo triunfador debe conservar el secreto de su éxito. Y más en su situación, odiado por sus enemigos, ahítos de envidia y deseosos de presenciar su descalabro.
Notó que el sueño le abandonaba, interrumpido por un chirriante sonido metálico. Él luchó por no despertar. No, al menos hasta que le pusiera nombre definitivo a su isla, a su creación, a su éxito. Sandy resultaba redondo, pero le tiraban las raíces. ¿Por qué no usar el nombre del único sitio capaz de remedar su sueño? Justo antes de despertar, la isla fue bautizada como Catalonia.
Se desperezó, un tanto resentido con el despertador, y acudió presto al periódico, gentilmente colocado boca abajo en la mesita de la cocina por su esposa. Mientras se servía un café, bastante peor que el de la isla (pensamiento extraño pues no recordaba haber tomado ninguno, pero no siempre se recuerdan íntegramente los sueños), leyó el artículo en la contraportada. Se quedó petrificado, pálido como la arena de su sueño. Y lo más terrible, ya incapaz de afrontar la portada y descubrir el resultado de las elecciones.     

martes, 20 de noviembre de 2012

Miliki

El domingo no fue un buen día para los Pepitos, ni para los Josés ni para las Susanitas. Tampoco lo fue para los Antonios, las Patricias, los Fernandos, las Saras o como narices te llames tú. El domingo no fue un buen día para nadie, porque murió Miliki y un hondo pesar nos invadió a todos.
Miliki ha tenido (aunque él ya no exista, en su nombre perdura la magia) una maravillosa cualidad: su mera mención suscita la alegría. Más allá de que te guste el circo o los payasos, al escuchar ese nombre numerosas canciones te asaltan la memoria. Canciones de infancia, sí, pero también de juventud y madurez, porque los padres de aquellos niños las cantaban con ellos y porque sus niños de treinta años las seguimos cantando. Canciones alegres, que invitan a ser cantadas en grupo, cuyas letras no reflexionan sobre el devenir del mundo, la economía global o las injusticias sociales, pero mejoran todas las anteriores porque provocan buen humor.
Resulta difícil encontrar programas bienhumorados en la televisión de hoy en día. Las noticias no lo son, los debates sólo consiguen crispar a los espectadores (al igual que Woody Allen deseaba invadir Polonia tras escuchar a Wagner, a mí me entran ganas de lanzar gatos al agua o de quemarlos al rojo vivo cuando oigo tertulianos pontificando de lo humano y lo divino), las películas y series abundan en conflictos, muertes y desolación e incluso mucha de la programación infantil, arrinconada en sus canales temáticos, está impregnada de tensión adulta. De ahí el tremendo valor de este hombre cuya vida estuvo dedicada a la felicidad. A fin de cuentas, ese es el objetivo del payaso (palabra usada demasiadas veces como arma arrojadiza y despectiva), tanto del que elige dicha profesión como del que la asume como modo de vida: intentar hacer un poquito más felices a los de alrededor.
Y el que no sepa a lo que me refiero, que escuche "El barquito de cáscara de nuez" , que, sin ser de su autoría, Miliki y sus hermanos popularizaron en España. Si después de oírla no te sientes con muchas más fuerzas para encarar tu día, eres un caso perdido.
Al enterarme de la noticia, no pude reprimir unas lágrimas. De esas que se deslizan por la mejilla de puntillas, sin apenas hacer ruido, para que no te enteres de que han salido. Pero rápidamente fueron sustituidas por la alegría, una alegría amarga quizá, pero alegría al fin y al cabo, cuando a las imágenes de sus últimas apariciones públicas (la mirada fija y ligeramente perdida, el rostro serio e inexpresivo del enfermo de Parkinson) sucedieron esas otras que le mostraban como siempre lo recordaremos: lleno de vitalidad, rodeado de niños y cantando canciones que forman parte de nuestra esencia.
Qué mejor final de entrada que acabar cantándolas en homenaje a Miliki, ese gran payaso que ha muerto, ese gran catalizador de alegría que pervivirá para siempre, y en homenaje a ti mismo y al niño que, aunque sólo sea un ratito, ha vuelto a vibrar en tu interior, acompañando al mosquito en su aventura.


PD : como he señalado, estas canciones multiplican su valor al cantarlas en compañía. Por eso la versión que he elegido es la de Miliki con su hijo Emilio y con Miguel Bosé. Y va dedicada para una personita que hoy cumple años gracias, en parte, a que su mamá escuchaba esta canción los días que necesitaba fuerzas para luchar.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Chiste para la huelga

Para aderezar la jornada de huelga, os dejo con un chistecito que me hizo mucha gracia. Y por cierto, a estas horas de la mañana ( las 8:30 ) ya vivimos dos realidades diametralmente opuestas : para El País la huelga ha paralizado España, para Libertad Digital ha sido un rotundo fracaso. Sí, amigos míos, hablamos del mismo trocito de mundo.

El chiste:
- Hoy, al salir del trabajo, he visto un unicornio.
- ¡No jodas! ¡Tienes trabajo!

Buen día, hagáis lo que hagáis.

martes, 6 de noviembre de 2012

La noche de los muertos vivientes

¿Cabe mayor sarcasmo macabro que una fiesta de los muertos vivientes donde acaben muertos varios de los vivientes? Habrá quien me tache de frívolo por bromear con un hecho luctuoso de esta naturaleza, aunque nada más lejos de mi intención. O sí, qué diablos. Al fin y al cabo me voy a servir de la macrofiesta y sus investigaciones posteriores para ilustrar la diversidad de la percepción humana.
En el recinto del Madrid Arena la organización estaba dispuesta para recibir a unas diez mil personas. Muchas, desde luego. En este tipo de eventos, las autoridades exigen unas dotaciones proporcionales de seguridad, emergencias y asistencia variada, sin la cual no tramitan el preceptivo permiso. Aquí se añade el agravante de que el recinto pertenece a la propia administración, quien debe asegurarse de que se cumple su propia normativa en temas de seguridad (como parece que no ocurría).
Después del trágico suceso, los asistentes preguntados decían que allí había mucha más gente de diez mil, que habían vendido entradas de más, que se habían colado muchos... No tengo ni idea de qué dicen ahora las investigaciones (o más bien las filtraciones de esas investigaciones que publique la prensa) ni tampoco me interesa. El morbo no me resulta atractivo y espero que, cuando se depuren responsabilidades (depurar... de puro manida esa frase es odiosa), si ha habido errores se pague por ellos sean quienes sean los infractores.
Mis tiros van por otro lado. ¿Cuántos son diez mil? ¿Cuánto ocupan diez mil? Depende de lo apretados que estén, claro. Aún así, ¿tenemos una referencia espacial con la que cuantificar gente? No lo creo. De hecho según nuestra percepción y el motivo que nos una (o nos desuna) a una masa de personas, nos forjamos una cifra u otra.
Alguno de los que salían de aquel infierno decía que allí había por lo menos veinte mil asistentes. Lógico, había pasado tanto miedo que diez mil se le hacían pocos. Sin embargo, la medida de cerrar el metro a la medianoche afectará a veinticuatro mil viajeros (según datos de la propia Consejería de Transportes de la Comunidad de Madrid), considerada una cifra residual.
Estoy mezclando churras con merinas, lo sé, pero sólo quiero incidir en lo variables que son las cifras según la percepción de cada cual. Un par de imágenes más: cuando un equipo de fútbol modesto sube a primera, suele invadirse el terreno de juego por una parte de los aficionados (que no son todos los que ocupaban las gradas). Pongamos una media de diez mil espectadores y que bajen al campo tres mil (en las imágenes raras veces se ve el césped tras la invasión), ¿no son muchos menos que los que estarían en el Madrid Arena y sin embargo las medidas de un campo de fútbol exceden a las de este recinto? En la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de Pekín, hubo dos mil tamborileros con sus respectivos tambores atronando en una imagen que seguramente recordéis. Y el estadio era inmenso.
El ejemplo más tradicional de esto que cuento son las manifestaciones, donde la diferencia entre las cifras de los convocantes y las de las autoridades suelen ser llamativas. Bueno, llamativas cuando difieren en veinte mil asistentes, cuando unos dicen que han ido cincuenta mil y los otros millón y medio... Diferencia de percepciones, vamos.
Pero mi objetivo real es llamar la atención sobre el siguiente hecho:
- hemos dicho que para una fiesta donde iba a haber alcohol y drogas (¿alguien cree en serio que no las hubo?) y diez mil personas enfervorecidas, las medidas de seguridad requeridas eran X ( no me las sé y tampoco quiero buscarlas); según los periódicos, había 38 vigilantes privados y 12 policias municipales.
- en la primera manifestación del 25-S "toma el congreso", cuya participación fue cifrada por el propio gobierno en seis mil personas y no se suponía a priori que hubiera ninguna sustancia estupefaciente involucrada (ni se hizo mención posterior alguna, salvo si consideramos sustancia la indignación, claro), las dotaciones de antidisturbios fueron cuantiosas (en Público se hablaba de 1350; me bastan la mitad para dar colorido a mi texto). Pero claro, aquellos querían dar un golpe de estado.
- en la segunda manifestación del 27-O y ya con el nombre de "rodea el congreso", cuya participación fue cifrada por el gobierno en 3000 personas (y tampoco había indicio previo de sustancias euforizantes, salvo, claro está, los ínclitos y desabridos megáfonos), las dotaciones de antidisturbios superaban el millar. Aquí ya no había golpe de estado ni leches.
Luego algo me falla. O bien en esas manifestaciones se han pasado con la seguridad, o bien se exigen pocas medidas en cualquier otro tipo de evento multitudinario, por lo que lo ocurrido en la noche de Halloween podría repetirse en cualquier momento. Y hablaría bien a las claras del auténtico celo que en nuestra seguridad ponen quienes tienen que velar por ella. Porque recuerdo (a quien quiera recordar) que uno de los argumentos más esgrimidos para condicionar la participación de la opinión pública en esas manifestaciones es el excesivo gasto que supone para las arcas del estado la movilización de tanto policía. Y en esto no mienten: cuando no se trata de su propia seguridad, les basta con cincuenta seguratas (los municipales, en ocasiones y por desgracia, se comportan como tales).
Claro que también puede ser que yo, embriagado por mi chistecito del principio, haya utilizado la palabra percepción en vez de interés, que resultaría mucho más esclarecedora.

viernes, 26 de octubre de 2012

Maranosequién

La actualidad es un caballo desbocado, que no descansa ni abreva. Por eso esta entrada (que fue escrita para la semana pasada pero cambié por la de Sádaba, habida cuenta del vínculo emocional que me unía a la localidad aragonesa) ahora parece desfasada.  Y más con una semana de noticias inspiradoras como la de los trasplantes de almas de Mariló, las críticas a Marías por su rechazo al Premio Nacional de Narrativa o la controversia por la donación de Amancio Ortega. Pero no tengo tiempo para tanto, así que retomo aquella entrada y me aparto, no sea que el caballo me atropelle (por me aparto se entiende que me voy a San Frutos, claro).

Esta semana pasada fue otorgado el premio Planeta. Y como es tradicional, la polémica ha envuelto el acto. Pero vayamos por partes, que hay mucha tela que cortar.
Lo primero, nobleza obliga, felicitar al ganador: Lorenzo Silva. Conocí al señor Silva en la última Feria del Libro de Madrid. Me dedicó diez minutos de su tiempo (o yo lo acaparé; habría que preguntar al protagonista) durante los que fue amable, cercano y bastante cómplice. Supongo que es lo mínimo que se le pide a alguien que vive de sus lectores, pero no siempre es la norma. También entiendo que el año que viene su cola se multiplicará (la de público interesado en conseguir su dedicatoria; la otra no lo sé, aunque ganar este premio debe ser lo más cercano a levantarte una mañana, mirar hacia abajo y contártela en palmos...) y quizá ya no disponga de diez minutos para todos. Un poco lo que ocurre con los médicos decentes de la seguridad social, que el volumen de pacientes atraídos por las buenas prácticas del galeno acaba recortando el tiempo empleado en cada caso. El año que viene lo sabremos.
Me gustan los libros de Lorenzo Silva. Su literatura me resulta entretenida, bien llevada y con recursos estilísticos de mi agrado. No voy a ahondar más porque no soy crítico ni lo pretendo, pero animo a quien no haya leído nada suyo a que le dé una oportunidad. Acabas cogiendo cariño a Vila y enamorándote un poquito de Chamorro.
La polémica no viene por ahí (aunque se haya sugerido al autor si fue un encargo, habida cuenta de que la novela premiada es la séptima entrega de la saga y se presentó con seudónimo; él lo niega, por supuesto, aunque en su caso llovería sobre mojado porque ya ganó el premio Nadal con la segunda novela de los guardias civiles).
Tampoco por el hecho de que se hayan juntado el ministro de Educación y el presidente de la Generalitat (Generalidad para los que estén sensibles con el asunto), en estos tiempos convulsos de independencia y españolización, tan entretenidos para las tertulias, que así pueden dejar de hablar por un rato de los recortes bárbaros de ambos gobiernos (el de España y Cataluña) en asuntos vitales como la sanidad o la propia educación. Ambos hicieron su papel: se acercaron cuando tenían que acercarse y se ignoraron cuando debían hacerlo. Más triste es que la fotografía del día siguiente sea esa y no la del ganador, pero así funciona este mundo (de mierda).
La polémica vino a raíz de la finalista, Mara Torres (a ella ni la conozco ni la he leído, lo siento). O más bien por el uso que de su nombre hizo otro personaje peculiar donde los haya, Lucía Etxebarría. En efecto, la escritora ninguneó a la otra escritora, escribiendo en twitter "Gana el planeta Lorenzo Silva. Finalista Mara nosequien de TVE". Le llovieron palos y rectificó "Lorenzo Silva ganador Mara Torres finalista". Y además se disculpó en el twitter de Mara Torres (unas horas más tarde) "Felicidades y LO SIENTO de verdad. Ayer, como viste, estaba medio dormida. Metedura de pata muy gorda. Felicidades de nuevo".
Lucía Etxebarría. Encanto de mujer. Tampoco la conozco ni la he leído (ella, como Silva, ha ganado los tres premios gordos de la editorial Planeta: el Primavera, el Nadal y el Planeta) y reconozco que debería, para poder criticarla (literariamente) con conocimiento de causa. Pero me da una pereza comparable a hacerme una depilación de ingles a la brasileña. Lo que sí hice (mientras duró la aventura) fue leer sus columnas en el extinto periódico gratuito ADN. Y como en los toros, con división de opiniones: a veces compartía su criterio y otras veces no, pero siempre tuve la sensación de que se metía en los fregaos (de los que luego procuraba escapar como víctima) a conciencia.
Este último incidente (¿da para llamarlo así?) viene a corroborar su afán de protagonismo. Y su absoluta mezquindad por pretender apoderarse del tiempo de gloria de sus colegas (del que ella en su momento ya disfrutó) consiguiendo reaparecer en la escena pública, por motivos distintos, eso sí, a su talento. Mucho más patética que su salida de tono me parece la excusa para justificarla: "estaba medio dormida".
Aquí entronco con el verdadero motivo de la entrada, pues este episodio parece cosa de poco (aunque ¿cuál no lo es ?). Con los nuevos medios a nuestro alcance, que nos permiten comunicarnos y comunicar nuestros pensamientos al instante, cualquiera considera necesario compartir sus impresiones.
Y me voy a meter en un jardín, en honor a la señora Etxebarría : tanto twitter, tuenti, facebook y demás, han llenado el mundo (virtual) de opiniones que no aportan nada, comentarios sin substancia e intervenciones a las que parecen sentirse obligados muchos personajes (anónimos y populares) que sólo llenan de ruido el ambiente.
Ruido y coces, pues lejos de argumentar y multiplicar las perspectivas, en muchos casos sólo insultan al que piensa distinto y rebuznan consignas estereotipadas, convirtiendo cualquier diálogo en un auténtico Atapuerca: no por lo primario de las reacciones (que también podría aplicarse) sino porque tienes que excavar y excavar para encontrar algún dato de interés. Lo cual provoca el cansancio y consiguiente abandono del lector. ¿Resultado? Se revientan los hilos, se diluyen las ideas, huyen quienes tienen algo que aportar,aumenta el ruido.
Libertad de expresión, lo llaman; democratización de la información, sugieren. Pues vale, pero el derecho a expresarte no te obliga a hacerlo (sobre todo si no tienes absolutamente nada que aportar) y tampoco la información tiene el mismo valor, según de dónde provenga o quién la proporcione. Otro caramelo con el que nos han engatusado.
Así pues, señora Etxebarría, suponiendo (que ya es mucho suponer) que fuera cierto lo de su letargo, el mundo bien hubiera podido pasar sin su tweet, como puede pasar sin los de tantos otros. "¿Qué sería de nuestro mundo si nadie hablase salvo cuando tuviera algo interesante que decir?", me puede echar alguno en cara. Y aquí, mi jardín: me encantaría conocerlo.
Pero no caerá esa breva. Siempre habrá alguien (incluso desde un blog) empeñado en dejar constancia de su prescindible necedad.

viernes, 19 de octubre de 2012

Sádaba

Tenía preparada otra entrada para hoy, pero las imágenes de la tremenda riada en Sádaba me han conturbado tanto que, como los buenos noticieros, me pliego a la actualidad.
Sádaba es la patria chica de una persona a la que guardo un cariño especial. Fui invitado a visitar el pueblo en numerosas ocasiones, pero por unos motivos u otros nunca llegué a ir. Años después, sin apenas ya contacto, un regalo de boda me llevó hasta las Cinco Villas (comarca zaragozana a la que pertenece Sádaba, junto con Ejea de los Caballeros, Tauste, Uncastillo y Sos del Rey Católico) y así pude conocer la localidad. Casualidades de la vida, en ese viaje nos encontramos a su hermana, pero no en Sádaba, donde hubiera resultado más esperable, sino en Sos del Rey Católico (como indica su nombre, allí nació el rey Fernando).
De Sádaba visitamos su castillo, su iglesia, el mausoleo de los Atilios y anduvimos a la vera del ancho canal por el que culebreaba el río Riguel, un reguerillo de agua al que la denominación de río sonaba excesiva. Y eso que estábamos en noviembre.
Por ese recuerdo de un cauce prácticamente seco, impresionan aún más las imágenes de la riada:

 Da la casualidad de que, además, ese río y ese cauce ahora desbordados, formaban parte del escenario de un relato que le dediqué a aquella chica. Entonces no existía google maps ni el uso de internet estaba tan generalizado (ese relato fue escrito hace tanto tiempo que, de haber cobrado por él, hubiera sido en pesetas), por lo que la documentación bebía de fuentes intrincadas o, directamente, de la imaginación.
Como homenaje al pueblo de Sádaba en estas horas angustiosas, reproduzco el cuento, tal cual lo escribí entonces (no he cambiado ni una coma). Como homenaje y porque, a la vista de lo ocurrido hoy, su lectura me resulta singular.
¡Qué diablos! En realidad he sucumbido a la nostalgia. Si, por un casual (ya han ocurrido más) lo leyera ella, espero que le traiga buenos recuerdos.
Un beso, Cris:


El Altar de los Moros



Claudia se echa la capucha sobre la cabeza y sale sigilosa por la puerta de la villa. Las sombras de la noche la abrazan al tiempo que devuelve la cancilla a su sitio. La luna, una débil línea blanquecina acechada por estrellas parpadeantes, apenas ilumina para no tropezar con sus propios pies. De cualquier manera, conoce el camino a la perfección.
Palpa el final de la tapia ; a lo lejos se oye el murmullo del agua, todavía muy atenuado por la loma que separa la villa del río. Los grillos callan a su paso, retomando sus canciones amorosas al sentir que Claudia ya no representa un peligro.
La joven avanza por el camino. Sabe que no le queda mucho tiempo. Debe actuar con rapidez y precisión, ya que quizá esta sea la última noche.
Llega a lo alto de la loma y discierne más con la certeza de lo bien conocido que con la vista el contorno de la orilla. Se frena entonces y, volviéndose, inspecciona la villa. No se distingue ninguna luz.
Comienza a descender hacia el río.

La última vez que fui al pueblo era diciembre. Hacía bastante frío, pero casi lo prefería puesto que así podíamos encender la chimenea sin que mi padre pusiera excusas de su futilidad. En realidad no le gusta porque teme que prendamos fuego a la casa.
Mas aquellas navidades era necesario cualquier elemento capaz de suministrar calor. Cuando hace tanto frío las calles del pueblo aparecen desiertas, como si hubiera caído una bomba que sólo hubiera acabado con los seres vivos, de tal suerte que no vimos a nadie conocido desde el coche.
Una vez en casa deshice mi maleta y fui a la habitación de mi hermana. Me la encontré tumbada en la cama, con la mirada perdida y las manos bajo la cabeza. Por lo menos no estaba llorando sobre la almohada, como en los últimos días. No me había querido contar la razón, pero no necesitaba ser muy avispada para darme cuenta de que algo iba mal entre ella y su novio. Muy mal diría yo.
- ¿ No me lo vas a contar ?
Debí pillarla con las defensas bajas porque respondió casi sin pensar.
- Me ha dejado.
Tragué saliva y le pregunté las razones. Negó con la cabeza y se dio la vuelta.¡ Oh, no ! Otra vez a llorar. La agarré de un brazo y tiré de ella. Debía salir y no quedarse allí amargada. Me costó Dios y ayuda convencerla pero logré que nos acercáramos al bar. En el trayecto me fijé en el castillo porque nunca lo había visto tan bello, con sus nueve torres jalonando el horizonte.
Mi hermana miraba hacia el suelo y a punto estuvo en un par de ocasiones de chocar con una señal. Se me ocurrió que quizá el río estuviera helado y eso la animaría. De pequeña le gustaba patinar y siempre insistía en ir a una pista de hielo.
Giramos en la siguiente calle y nos dirigimos hacia el Riguel. No solía llevar mucha agua habitualmente pero ese invierno había llovido bastante más de lo normal.
Tras cinco minutos de conversación escasa ( no conseguía sacarle más que monosílabos ) llegamos al puente. El río no estaba helado pero sí tenía un caudal abundante. Mi hermana se apoyó en la barandilla y perdió la mirada entre las aguas. Yo bajé hasta la orilla y mojé las manos en un remanso. Estaba realmente fría.
Mi hermana, de improviso, se dirigió a la otra orilla y recogió algo del cauce. Para ello tuvo que meter la pierna hasta la rodilla, por lo que supuse que sería de mucho valor. Sin embargo, al llegar junto a ella, lo había guardado en un bolsillo y se negó a mostrármelo.. Por más que le imploré no conseguí que tan siquiera me dijera de qué se trataba. Al final, totalmente indignada, me fui al pueblo para ver a mis amigas, dejándola allí con sus comeduras de cabeza y sus reacciones de niña malcriada.

Claudia alcanza la orilla del río. No lleva mucha agua y es más seguro atravesarlo por estos pagos, al abrigo de miradas imprevistas, que por el puente de la calzada.
Tantea con los pies para hallar la piedra más segura. Entonces avanza sobre ella y busca otra semejante, hasta cruzar por completo... ¡ cuidado ! En la última tropieza y cae de bruces sobre el agua. No cubre más allá de un palmo, pero su temperatura hace que Claudia se incorpore de manera fulgurante.
Una vez en el otro lado se seca las piernas con la túnica. Espera no haber gritado, aunque no puede dar fe de ello. Se palpa la pierna izquierda para constatar que la tiene un poco hinchada.
Renqueando pero decidida, se acerca a la tapia que, como de un sueño, surge a los pocos metros del río.
Al llegar a ella respira profundamente.

No vino en toda la tarde. La vimos a lo lejos, en su bicicleta, yéndose hacia la carretera. Luego nos enteramos por su hermana de que había estado en Clarina. ¿ Qué habría ido a hacer a aquel montón de ruinas ? Nunca le habían interesado especialmente por lo que supusimos que habría quedado con alguien allí.
Esa noche, a la cena, estaba muy excitada. Nos extrañó porque en el trayecto hasta el pueblo se había mostrado algo deprimida, suponíamos que por el suspenso en el carnet de conducir, y aquel cambio sorprendía sobremanera. Le preguntamos si había tomado algo, pero nuestra hija se salió por la tangente.
No es que no nos fiáramos de ella, bien sabe Dios que es una chica muy responsable, pero los jóvenes de ahora cambian de la noche a la mañana de humor con una facilidad pasmosa.
Nos dijo que se iba a dar una vuelta y cuando su hermana se ofreció para acompañarla le respondió que no era necesario. Salió tal cual, sin arreglarse lo más mínimo. Al momento volvió y entró en su habitación. Volvió a salir con un abrigo más tupido y los bolsillos repletos. Ante nuestra mirada interrogante elevó los hombros y alegó “el tremendo frío de los aires pirenaicos”.
Esta vez se dirigió al corral y, supusimos por el ruido de la cadena, cogió la bicicleta. Antes de que pudiéramos recomendarle que no la usara con este frío y tan de noche había cerrado la puerta y bajaba por la calle pedaleando vigorosamente.
Nos quedamos ciertamente preocupados.

Cuando ha recuperado el resuello, Claudia se remanga la túnica y se impulsa para saltar la tapia. Con un pequeño esfuerzo se encarama y consigue llegar al otro lado. Se oye el ladrido de un perro.
Claudia se pega a la tapia y comienza a andar buscando el camino principal. El perro aumenta el vigor de sus ladridos, pero eso no amilana a la muchacha. Sabe que está atado.
Ya reconoce el edificio. Le queda muy poco tiempo. Oye relinchar a un caballo en la lejanía. El cielo se va aclarando paulatinamente aunque la oscuridad todavía campea en la madrugada.
Claudia echa a correr, tropezando con el bajo de la túnica. Llega a la puerta y saca la llave hábilmente sustraída del arcón de Publio Atilio. Los nervios no la dejan atinar con la cerradura ; múltiples cascos rasgan el silencio.
 Por fin la llave se introduce en el ojo : una vuelta, dos vueltas, tres vueltas... la puerta cede. Claudia empuja y los goznes chirrían dando paso a una sala donde dos antorchas iluminan un altar. Sobre esa ara descansa el cuerpo de un hombre.
Fuera del edificio se oye el golpe de la cancilla contra el muro ; una voz grave se dirige a otra persona y unos pasos apresurados se acercan a la entrada.
Claudia se aproxima al hombre. Le palpa los labios, las mejillas, los párpados, mientras sus ojos se humedecen. “¡ Oh, amor mi !” susurra al agarrarle la mano inerte.
Los hombres llegan a la puerta y la cruzan en el instante en que Claudia ha colocado un anillo en el dedo corazón de su amado y busca frenéticamente entre su ropa el segundo pendiente...

Mientras mis piernas impulsaban la bicicleta iba pensando qué era lo que me proponía. No lo sabía a ciencia cierta, pero una fuerza superior me ordenaba que llegara cuanto antes al Altar de los Moros. Al doblar aquel recodo del camino y surgir el mausoleo ante mis ojos me recorrió un escalofrío por la espalda.
Dejé la bicicleta amarrada en un árbol y con paso decidido llegué hasta aquel hueco en la tapia que tantas veces habíamos cruzado jugando de pequeños. Afortunadamente no había crecido tanto como para no caber por él y, tras arrastrarme un par de metros, el mausoleo se abrió a mí en todo el esplendor de que le dotaba la enorme luna llena que engalanaba aquella madrugada el firmamento.
Entre las ruinas que el tiempo había dejado avancé hasta entrar en la sala principal. Un hueco en el techo iluminaba el altar de forma sobrenatural y supe entonces que aquella noche era la más importante en la historia de mi vida. Me acordé entonces de mi familia, de mis amigos, de aquel novio que me había dejado...
Me acerqué al altar. Saqué de mi bolsillo el pendiente que había encontrado en el río aquella mañana, la joya que me había impulsado desde entonces adueñándose de mi voluntad a recorrer mi pasado y, quién sabe si también, mi futuro.
Coloqué el pendiente sobre el altar y un grito agudísimo paralizó mi respiración.
Claudia se desespera mientras aquellos dos hombres se acercan a ella amenazándola. No va a poder cumplir su promesa por aquel maldito resbalón en el río. Se coloca el único pendiente en su oreja derecha y, tras besar en los gélidos labios a su amado, sustrae de la funda que descansa sobre la superficie del altar la daga con la que, ante las exclamaciones desesperadas de los hombres que se abalanzan sobre ella, se atraviesa el corazón.

Aquella mañana, soleada y brillante, Sádaba se levantó con una tremenda nevada que sorprendió a los vecinos más madrugadores, los cuales recordaban que la noche anterior ninguna nube ocultaba las estrellas.
Los árboles se estremecían de frío bajo las espesas capas de nieve que soportaban sus ramas y los tejados mezclaban el naranja de las tejas con aquel blanco casi violento.
Sólo el Altar de los Moros apareció cubierto con una especie de pintura roja que, tras analizarla detenidamente, las autoridades dieron en afirmar que era sangre.
Nadie en el pueblo supo explicar aquel hecho y surgieron versiones por toda la comarca de las Cinco Villas. Cristina, sin embargo, se calló su opinión y tampoco quiso aclarar el motivo de aquel segundo pendiente que había aparecido en su oreja izquierda y que acariciaba con pasión.