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miércoles, 23 de mayo de 2007

Nuestro rincón

¿ Dónde sino en el silencio oirías sublimes melodías ?
¿ Dónde sino en la tormenta hallarías un rayo de esperanza ?
¿ Dónde sino en el ocaso buscarías un nuevo amanecer ?
¿ Dónde sino en la sequía saciarías la sed de justicia ?
¿ Dónde sino en el desastre presenciarías los actos más nobles ?
¿ Dónde sino en la amargura paladearías un sabor exquisito ?
¿ Dónde sino en el desorden encontrarías todas las piezas ?
¿ Dónde sino en la calumnia brillaría la verdad desnuda ?
¿ Dónde sino en el estruendo sedarías los oídos maltratados ?
¿ Dónde sino en la tragedia alimentarías el optimismo ?
¿ Dónde sino en el infierno crepitaría de nuevo la llama ?
¿ Dónde sino en la muerte nacerías a otra existencia ?
¿ Dónde sino en el destierro sentirías la mano amiga ?
¿ Dónde sino en la entropía llegarías al equilibrio ?
¿ Dónde sino en el pecado encontrarías la redención absoluta ?
¿ Dónde sino en la desgracia mantendrías tu cálida sonrisa ?
¿ Dónde sino en el vacio surgiría tu figura divina ?
¿ Dónde sino en la vigilia verías tus sueños realizados ?
¿ Dónde sino en tu mirada guardarías mi alegría ?
¿ Dónde, pues, dime dónde ?

miércoles, 21 de febrero de 2007

Miércoles de cenizas

El temblor. La agonía. El corazón sin latido.
La muerte que avanza en vaharadas.
La luna se ausenta con el niño
raptado con tretas de canallas.
El silencio. La bruma. El bosque sin trinos.
El recuerdo que sube hasta la Alhambra.
El tiempo impone el cruel castigo
del reflejo en tus ojos de Granada.
El duelo. La ausencia. El reino extinguido.
El cambio que anuncia la mañana.
La brisa juguetea con los rizos
amantes ayer de tu garganta.
El frío. La lluvia. El lecho vacío.
El hueco que dejas en mi cama.
Un beso perdido pide asilo
en la funda empapada de tu almohada.
El miedo. La angustia. La voz del testigo.
El futuro que juega con mi alma.
La ruleta dispara en mi destino
cercenando la esperanza con su bala.
El llanto. La pena. El sueño proscrito.
La tristeza que no me da la espalda.
La sonrisa concede a su asesino
ese último voto de confianza.
El ocaso. La noche. La luz del retiro.
La mano que baja las persianas.
La caricia estrella su apetito
contra el muro en torno de tu falda.
El alud. La caída. El mundo sin hilos.
La estrella que se apaga en la cañada.
La ilusión abandona ya el camino
de las huellas formadas con tu marcha.
El fuego. La pira. El humo maldito.
La hoguera que engulle mis entrañas.
Ruge fuera un viento levantisco,
nicho de mis cenizas malogradas.
El vacío. La nada. Adiós, amor mío.

jueves, 14 de diciembre de 2006

El regreso

Porque me enfrentaste con la responsabilidad.
Porque contigo conocí gente realmente interesante.
Porque ampliaste mi pequeña burbuja cotidiana.
Porque me ayudaste a sacar mi título universitario.
Porque me enseñaste a tomar decisiones importantes.
Porque me mostraste ciudades desconocidas.
Porque simpatizaste pronto con mis amigos de siempre.
Porque aguantaste estoicamente las caricias de los sobones.
Porque cantaste conmigo canciones melancólicas.
Porque encubriste mis errores más flagrantes.
Porque fuíste testigo de mis primeros escarceos sexuales.
Porque soportaste a mis ocasionales sustitutos.
Porque tomaste siempre la dirección correcta.
Porque me avisaste cuando mi conducta era inadecuada.
Porque me permitiste llegar a trabajar cada día.
Porque te mudaste a un nuevo hogar sin reproches.
Porque lloraste en los trances más terribles.
Porque controlaste mis impulsos asesinos.
Porque entendiste mis infidelidades sin rencores.
Porque escondiste las pruebas del delito.
Porque te mantuviste siempre en el camino.
Porque me salvaste la vida un par de veces.
Porque esperaste mi regreso con paciencia.
Porque sorteaste inesperadamente a la muerte.
Porque eres parte irrevocable de mi ser.
Por todo esto y mucho más que no escribo, hoy es un gran día...
...porque ¡ Faus ha vuelto !

viernes, 17 de noviembre de 2006

Acuse de recibo

Yo acuso a la vida de su inexorable existencia.
Yo acuso al pasado de perpetrar tantos ejemplos.
Yo acuso al futuro de no respetar los duelos.
Yo acuso a la lluvia de querer comprarme los ojos.
Yo acuso a las nubes de tenencia ilícita de lágrimas.
Yo acuso al cielo de devolver mi mirada desafiante.
Yo acuso al infierno de abrirme sus puertas enjaezadas.
Yo acuso a mis labios de insinuar frases unívocas.
Yo acuso a mi boca de sonrisas robadas al deseo.
Yo acuso a la sangre de bullir ante los cambios.
Yo acuso al sudor de encharcar miembros ateridos.
Yo acuso al vino de saberse sabio irresistible.
Yo acuso al pan de alegría en mesa ajena.
Yo acuso al sueño de huir ante el menor peligro.
Yo acuso al día de tener las horas contadas.
Yo acuso a la noche de permitir el llanto a deshoras.
Yo acuso al domingo de su vasallaje a la semana.
Yo acuso al pánico de montar su tienda de campaña.
Yo acuso a la cara de ser el espejo del alma.
Yo acuso al alma de no haber dado aún la cara.
Yo acuso al viento de asesino silencioso de suspiros.
Yo acuso a la magia de haberse evaporado de mi pecho.
Yo acuso al olvido de conjugar sus tiempos con mi nombre.
Yo acuso a la risa de haber caído en el olvido.
Yo acuso a la tierra de su falta de apetito.
Yo acuso al bosque de esconderse tras los árboles.
Yo acuso a la gente de juzgar los errores conmovida.
Yo acuso a la ley de tomarse la justicia por su mano.
Yo acuso al fuego de allanamiento de morada.
Yo acuso a la historia de ilustrarnos siempre tarde.
Yo acuso al exilio de robar la belleza de mis ojos.
Yo acuso a la belleza de querer partir al exilio.
Yo acuso al aire de coqueteo núbil con los alveolos.
Yo acuso a mis manos de apoyarse una sobre otra.
Yo acuso a los muertos de tentar con malicia mi presencia.
Yo acuso a los vivos de olvidar petulantes esta ausencia.
Yo acuso a las aguas de indiferencia ante mi raíz egipcia.
Yo acuso a mi reino de valer menos que un caballo.
Yo acuso a la pena de invadir terrenos aledaños.
Yo acuso a los consejos de aletear de rama en rama.
Yo acuso a la familia de crímenes contra la cordura.
Yo acuso a la cordura de ponerse contra las cuerdas.
Yo acuso al egoísmo de hacer campaña a mi costa.
Yo acuso al pensamiento de volar a ras de suelo.
Yo acuso a los libros de ocultismo deliberado.
Yo acuso a la tristeza de cantar canciones amorosas.
Yo acuso a mi corazón de agarrarse a un clavo ardiendo.
Yo acuso al compromiso de libertad bajo fianza.
Yo acuso a la confianza de haberse mudado de piso.
Yo acuso a la esperanza de alta traición a Pandora.
Yo acuso al diablo de ofrecerme retiro perpetuo.
Yo acuso a Dios de pactos con el diablo.

¡ Pobre ingenuo ! Lo que tú acusas son los golpes...