Hoy es 25 de septiembre. Una fecha grabada en mi memoria, a pesar de que ya nada en mi vida me une a ella. Pero en mi etapa adolescente, era el día de cumpleaños de la chica que me gustaba y con la que nunca llegué a tener nada. Y si bien a esa edad la emotividad marca a fuego las vivencias, no es ese el único motivo del recuerdo. Años después, conocería a otras dos chicas que me gustaron y con las que nunca tuve nada, cuyo cumpleaños coincidía en esa fecha. Una jamás llegó a enterarse de mi interés, pero con la otra las cosas llegaron a tal punto que mucha gente pensó que nos habíamos enrollado. Y aún podría hablar de una cuarta, pero sería trampa pues nació el 24.
Se pueden sacar varias conclusiones: que me gustaron muchas chicas ( sería relativamente incorrecta ), que fui muy torpe ( rayando la negligencia ) o que esta fecha estaba gafada ( y tanto... ); pero el hecho es que la estadística tiene mu mala sombra.
La paradoja del cumpleaños ( para aquellos interesados en sus razones matemáticas os enlazo con wikipedia
http://es.wikipedia.org/wiki/Paradoja_del_cumplea%C3%B1os ) nos regala estos datos curiosos:
- entre 23 personas hay una probabilidad del 50 % de que coincida algún cumpleaños;
- esta probabilidad alcanza el 99 % en un grupo de 57 personas.
Efectivamente, las matemáticas parecen contradecir a la lógica. Que en un grupo de sólo 23, teniendo 365 días para nacer, haya un 50 % de probabilidades de que coincida alguno, sorprende cuanto menos. Pero la experiencia nos indica que las estadísticas son así de caprichosas. Hace años ya describí, en la entrada "Volverás a Hontanazor", la diminuta probabilidad de que te toquen la lotería o una enfermedad rara, pero la total certeza de que, si te toca algo, es la enfermedad.
Con la paradoja del cumpleaños ocurre algo similar. Todos sabemos de coincidencias en las fechas de los cumpleaños. Es así y, si hacemos caso a las matemáticas y asumimos que conocemos a mucha más gente que 57, debe ser así. Lo realmente curioso son los vínculos que unen a esas personas, a veces desconocidas entre sí, a veces cercanas. Y el hecho de que pasen meses sin ningún cumpleaños a tu alrededor y luego, en un día, cumplan años cuatro conocidos, me hace reflexionar. ¿Habrá ciertos rasgos, característicos de fechas concretas, que nos llamen más la atención? ¿Influirá en nuestro físico y nuestro carácter la fecha de nacimiento? ¿No es eso precisamente la astrología? ¿O será todo, al fin y al cabo, fruto de la casualidad?
No lo sé. Otras fechas concurrentes jalonan mi calendario: el 1 de febrero, el 20 de marzo, el 20 de mayo... pero hoy es 25 de septiembre, y me temo que, un año más, me quedaré a dos velas.
martes, 25 de septiembre de 2012
miércoles, 19 de septiembre de 2012
Blogs
Hace algún tiempo que añadí , aquí abajo a la derecha, un espacio de enlace a otros blogs. En mis intentos por seguirlos con regularidad, algunos de sus autores me lo ponen ciertamente fácil, pues les pasa lo que a mí: que se mueven a impulsos y juegan con la frecuencia, como los gatos con un ovillo de lana. Sirva este comentario para que recuperen pronto sus buenas costumbres.
Por si alguno no habíais posado aún vuestro puntero del ratón en ellos, hoy he decidido presentároslos y así picar vuestra curiosidad. Os aseguro que no os arrepentiréis:
- "Chochiworld" es un cajón de sastre encantador: en él caben todo tipo de anécdotas, desde las fotografías de un viaje a las explicaciones sesudas de los entresijos del interior del interior del interior de un átomo. Y todo ello gracias a su autora, de quien os voy a contar un secreto: se hizo física de partículas para estudiar el universo y su expansión, porque era la única dimensión mayor que su propia curiosidad.
- "En el disparadero" es un blog que intenta dar explicaciones comprensibles a los mecanismos económicos que nos han traído hasta nuestra actual situación. Amén de su estilo asequible y pedagógico, lo más destacable es que lo hace desde el respeto a la diversidad de opiniones y sin demonizar, juzgar ni desprestigiar. Su autor dirige una bodega e intercala también sus experiencias en el mundo del vino y sus vivencias como forofo futbolero, dándole un toque de color a tanto nubarrón financiero.
- "Flauer sin pauer" nació con fuerza pero ahora vive un letargo prolongado. Fue creado como alternativa a una epoca de paro forzado y ahora no encuentra acomodo en las múltiples tareas de su autora. Persona de impulsos, nadie puede asegurar que no lo retome en algún momento ( claro que si para ello es necesario que se vuelva a quedar en el paro, bienvenido sea el letargo ), habida cuenta de la fuerza y desparpajo que demuestran sus entradas.
- "New Gon City" es una pequeña joya. Y digo pequeña por el formato de sus entradas, ya que hablamos de un blog de una sensibilidad, ternura y a la vez profundidad formidables. De cómo su autor enhebra sus aficiones, su entorno y su experiencia vital en un espacio virtual pero a la vez mundano, el blog emociona y entretiene, ilustra y conmueve, ridiculiza y ensalza, con un estilo atractivo y arrebatador. A veces, repetirse no es tan malo: una joya.
- "Numen inest" es otro de esos remansos de literatura didáctica que provocan la necesidad de una nueva dosis. Leer sobre temas interesantes en un lenguaje cuidado ( que no engreído, error habitual en muchos blogs; sí, lo reconozco, por desgracia también en el mío, aunque intento atender a los pescozones que me meten los que saben de estas cosas ) se agradece en estos tiempos de prisas y entradas pasadas por el winzip. Lo malo, que su autor - poeta y profesor de literatura - se nos ha descentrado un poquillo y lleva tiempo retirado de sus quehaceres bloggeros. Aunque me cuentan mis indiscretos pajaritos que quizá se interponga criatura literaria, en cuyo caso estaremos de enhorabuena.
- "Viajando a Ítaca" bebe de una de las fuentes más prolíficas que existen: el nomadismo. Su autor, arqueólogo submarino, ha vivido en muchos puntos del planeta debido a su profesión. De todas esas experiencias da buena cuenta en el blog: vida de primera mano. Al igual que el blog anterior, los cambios en sus circunstancias personales nos están privando temporalmente de su mirada y su pluma, hecho especialmente grave ahora que trabaja en la Unesco. Pero confiemos en su promesa de volver a recuperarlos en breve.
Os animo a que los conozcáis y los disfrutéis, tanto como los disfruto yo.
Por si alguno no habíais posado aún vuestro puntero del ratón en ellos, hoy he decidido presentároslos y así picar vuestra curiosidad. Os aseguro que no os arrepentiréis:
- "Chochiworld" es un cajón de sastre encantador: en él caben todo tipo de anécdotas, desde las fotografías de un viaje a las explicaciones sesudas de los entresijos del interior del interior del interior de un átomo. Y todo ello gracias a su autora, de quien os voy a contar un secreto: se hizo física de partículas para estudiar el universo y su expansión, porque era la única dimensión mayor que su propia curiosidad.
- "En el disparadero" es un blog que intenta dar explicaciones comprensibles a los mecanismos económicos que nos han traído hasta nuestra actual situación. Amén de su estilo asequible y pedagógico, lo más destacable es que lo hace desde el respeto a la diversidad de opiniones y sin demonizar, juzgar ni desprestigiar. Su autor dirige una bodega e intercala también sus experiencias en el mundo del vino y sus vivencias como forofo futbolero, dándole un toque de color a tanto nubarrón financiero.
- "Flauer sin pauer" nació con fuerza pero ahora vive un letargo prolongado. Fue creado como alternativa a una epoca de paro forzado y ahora no encuentra acomodo en las múltiples tareas de su autora. Persona de impulsos, nadie puede asegurar que no lo retome en algún momento ( claro que si para ello es necesario que se vuelva a quedar en el paro, bienvenido sea el letargo ), habida cuenta de la fuerza y desparpajo que demuestran sus entradas.
- "New Gon City" es una pequeña joya. Y digo pequeña por el formato de sus entradas, ya que hablamos de un blog de una sensibilidad, ternura y a la vez profundidad formidables. De cómo su autor enhebra sus aficiones, su entorno y su experiencia vital en un espacio virtual pero a la vez mundano, el blog emociona y entretiene, ilustra y conmueve, ridiculiza y ensalza, con un estilo atractivo y arrebatador. A veces, repetirse no es tan malo: una joya.
- "Numen inest" es otro de esos remansos de literatura didáctica que provocan la necesidad de una nueva dosis. Leer sobre temas interesantes en un lenguaje cuidado ( que no engreído, error habitual en muchos blogs; sí, lo reconozco, por desgracia también en el mío, aunque intento atender a los pescozones que me meten los que saben de estas cosas ) se agradece en estos tiempos de prisas y entradas pasadas por el winzip. Lo malo, que su autor - poeta y profesor de literatura - se nos ha descentrado un poquillo y lleva tiempo retirado de sus quehaceres bloggeros. Aunque me cuentan mis indiscretos pajaritos que quizá se interponga criatura literaria, en cuyo caso estaremos de enhorabuena.
- "Viajando a Ítaca" bebe de una de las fuentes más prolíficas que existen: el nomadismo. Su autor, arqueólogo submarino, ha vivido en muchos puntos del planeta debido a su profesión. De todas esas experiencias da buena cuenta en el blog: vida de primera mano. Al igual que el blog anterior, los cambios en sus circunstancias personales nos están privando temporalmente de su mirada y su pluma, hecho especialmente grave ahora que trabaja en la Unesco. Pero confiemos en su promesa de volver a recuperarlos en breve.
Os animo a que los conozcáis y los disfrutéis, tanto como los disfruto yo.
viernes, 31 de agosto de 2012
Criaturas
Discusión : ¿ es el hombre bueno o malo por naturaleza ?
Contexto (1) : consulta de fisioterapia; niño de ocho años aficionado al baloncesto; padre acompañante.
Desarrollo :
- Fisioterapeuta (F) : oye, Fulanito, ¿ viste ayer el partido de baloncesto sobre ruedas de los paralímpicos ?
- Criatura (C) : un poco pero no me gustó.
- F : ¿ y eso ?
- C : es un rollo.
- Padre (P), temeroso ante la perspectiva de que el niño diga alguna inconveniencia : ¿ por qué ? Si tienen mucho mérito...
- C : a mí me gusta cuando machacan la canasta y ninguno lo hizo.
- F : bueno, es que no pueden.
- C : por eso es un rollo.
- P, dispuesto a salvar la situación : pero seguro que valoraste el esfuerzo que supone.
- N : ¿qué esfuerzo? Pero si van sentados...
- P, escandalizado, más por el gesto de guasa del F que por las palabras de la C : qué burro eres a veces, hijo mío.
Contexto (2) : parque frente a museo; pájaros picoteando la comida que les arrojan los visitantes; niño pequeño, de no más de cinco años, intentando agredirlos ( a los pájaros, a los visitantes empezará con algo más de edad ).
Desarrollo :
- Turista (T) : ¿ por qué los asustas ?
- Criatura (C) : porque se comen el pan.
- T : pero si la gente echa el pan para que se lo coman.
- C : no, lo echan para que se acerquen.
- T : ¿ y tú, por qué los asustas entonces y no dejas que se acerquen?
- C : porque se comen el pan.
- T : ¿ y por qué no quieres que se coman el pan ?
- C, tras un rato pensativo : Si no hay pan no vienen.
Y sale corriendo para intentar golpear a una paloma, que remonta el vuelo in extremis.
Contexto (3) : hall en la cubierta interior de un crucero; grupo de niños desde seis a diez años, participando de un juego donde deben completar un listado de pruebas antes que el equipo rival; pasaje contemplando una exhición culinaria.
Desarrollo :
- Criaturas (C), varias voces : oiga, señor, ¿ nos puede ayudar ?
- Interpelado (I) : claro, chicos, ¿ qué necesitáis ?
- C : ¿ quién es el HC ?
- I : ¿ el HC ? Ni idea, pero ¿ a qué te refieres ?
- C, le muestran un papel : es el nombre de uno de estos...
- I, lee el nombre del capitán y varios tripulantes : ah, vale, que es alguien de la tripulación. Allí está la foto del cuadro de mando, seguro que de allí lo sacáis.
- C : ya hemos mirado, pero no pone nada de HC.
- I, desilusionado : pues no sé. Si os puedo ayudar de otro modo...
- C : también necesitamos un chiste.
- I : buff, no me acuerdo de ninguno.
- C, nerviosos, hablando entre sí : vámonos que seguro que el otro equipo ya tiene todas las respuestas.
- I, al verlos irse contrariados : ¿ y alguna otra cosa ?
- Una de las C, ratilla vivaracha : si ve al otro equipo, por favor, ayúdeles.
- I, sorprendido ante tan noble gesto : ¿ ayudarles ? ¿ No te importa que os ganen ?
- C : pero si usted no sabe nada...
Conclusión : que saque cada cual las suyas.
Contexto (1) : consulta de fisioterapia; niño de ocho años aficionado al baloncesto; padre acompañante.
Desarrollo :
- Fisioterapeuta (F) : oye, Fulanito, ¿ viste ayer el partido de baloncesto sobre ruedas de los paralímpicos ?
- Criatura (C) : un poco pero no me gustó.
- F : ¿ y eso ?
- C : es un rollo.
- Padre (P), temeroso ante la perspectiva de que el niño diga alguna inconveniencia : ¿ por qué ? Si tienen mucho mérito...
- C : a mí me gusta cuando machacan la canasta y ninguno lo hizo.
- F : bueno, es que no pueden.
- C : por eso es un rollo.
- P, dispuesto a salvar la situación : pero seguro que valoraste el esfuerzo que supone.
- N : ¿qué esfuerzo? Pero si van sentados...
- P, escandalizado, más por el gesto de guasa del F que por las palabras de la C : qué burro eres a veces, hijo mío.
Contexto (2) : parque frente a museo; pájaros picoteando la comida que les arrojan los visitantes; niño pequeño, de no más de cinco años, intentando agredirlos ( a los pájaros, a los visitantes empezará con algo más de edad ).
Desarrollo :
- Turista (T) : ¿ por qué los asustas ?
- Criatura (C) : porque se comen el pan.
- T : pero si la gente echa el pan para que se lo coman.
- C : no, lo echan para que se acerquen.
- T : ¿ y tú, por qué los asustas entonces y no dejas que se acerquen?
- C : porque se comen el pan.
- T : ¿ y por qué no quieres que se coman el pan ?
- C, tras un rato pensativo : Si no hay pan no vienen.
Y sale corriendo para intentar golpear a una paloma, que remonta el vuelo in extremis.
Contexto (3) : hall en la cubierta interior de un crucero; grupo de niños desde seis a diez años, participando de un juego donde deben completar un listado de pruebas antes que el equipo rival; pasaje contemplando una exhición culinaria.
Desarrollo :
- Criaturas (C), varias voces : oiga, señor, ¿ nos puede ayudar ?
- Interpelado (I) : claro, chicos, ¿ qué necesitáis ?
- C : ¿ quién es el HC ?
- I : ¿ el HC ? Ni idea, pero ¿ a qué te refieres ?
- C, le muestran un papel : es el nombre de uno de estos...
- I, lee el nombre del capitán y varios tripulantes : ah, vale, que es alguien de la tripulación. Allí está la foto del cuadro de mando, seguro que de allí lo sacáis.
- C : ya hemos mirado, pero no pone nada de HC.
- I, desilusionado : pues no sé. Si os puedo ayudar de otro modo...
- C : también necesitamos un chiste.
- I : buff, no me acuerdo de ninguno.
- C, nerviosos, hablando entre sí : vámonos que seguro que el otro equipo ya tiene todas las respuestas.
- I, al verlos irse contrariados : ¿ y alguna otra cosa ?
- Una de las C, ratilla vivaracha : si ve al otro equipo, por favor, ayúdeles.
- I, sorprendido ante tan noble gesto : ¿ ayudarles ? ¿ No te importa que os ganen ?
- C : pero si usted no sabe nada...
Conclusión : que saque cada cual las suyas.
miércoles, 25 de julio de 2012
El vuelo del Cóndor
El cóndor había observado, desde aquella su atalaya, el tranquilo paso de las nubes. El viento había amainado hasta sentarse a su lado para susurrarle sus planes grandilocuentes. Quería flirtear con el pináculo de la torre Eiffel, y le proponía que le acompañase. El cóndor movió la cabeza con suavidad, repasando su vasto territorio. Sí, quizá le conviniera un eventual cambio de aires. Aceptó y salieron con el alba, precisamente en la dirección del sol naciente.
El cóndor elevó majestuoso su corpachón y pronto alcanzó la altura adecuada para su económico planeo. Allí abajo se sucedían las praderas, los frondosos bosques y los eventuales poblamientos humanos. Sólo descendió en una ocasión para beber agua, justo antes de encontrarse con el océano. Descansó sobre un acantilado, preguntándose si el mundo que le esperaba al otro lado sería igualmente hospitalario. Si habría altas cordilleras, caudalosos ríos y exuberantes vergeles. El viento le apremió, impaciente por conocer París y allá que fueron ambos, ave y meteoro, meteoro y ave, surcando los mares de azul y blanco cabrillero. De vez en cuando distinguía el cóndor un navío, pequeña mota en el lienzo marino, así como sentía la presencia imponente de aquellos gigantes de acero que tampoco movían las alas y parecían angustiados por perderse el final de la misa.
Las horas se sucedían sin que se avistara tierra por ningún lado, y el cóndor sintió la angustia de la inmensidad: quizá no existiera tierra más allá, quizá el mundo no fuera redondo y él volase hasta topar con una pared elástica, que lo devolvería en dirección contraria, el esfuerzo inútil y las alas decepcionadas, quizá no hubiera fin y estuviera abocándose a surcar el firmamento durante toda la eternidad. El cóndor se cuidó muy mucho de compartir su pesadumbre con el viento, pues sabía que este, mucho más viajado, se burlaría de su escepticismo. Pero ya empezaba a cansarse de no ver más que agua, de no encontrar ninguna roca sobre la que descansar de su esfuerzo, de no posar sus garras sobre algún saliente rumoroso mientras las olas coqueteaban con la arena...
Estaba a punto de verbalizar su desencanto cuando su vista aguzada contempló una costa. No parecía gran cosa pero fue suficiente para retornarle el ánimo. Descendió hacia aquella sombra que fue agrandándose, el verde resaltando entre tanto azul, un baile de islas que, a diferencia del maná que caía del cielo, estaban esperando su llegada arracimadas en la superficie marina como las cuentas de un collar. El cóndor desplegó sus alas para frenar su descenso y se posó sobre un gran árbol, inmejorable comité de bienvenida. El viento hubo de conformarse, aunque pagó su desacuerdo provocando una ligera tormenta en las islas de Cabo Verde. Aquella noche el cóndor durmió como los ángeles, sueño digno para alguien que los visitaba con asiduidad en sus elevados paseos. A la mañana siguiente, las fuerzas renovadas y el ánimo, cuán importante es el ánimo, destilando optimismo, el cóndor retomó su viaje, bordeando desde entonces la costa africana en su búsqueda del Viejo Mundo, aquel continente que un día se lanzase en busca de nuevos horizontes y llegase a la conclusión de que había descubierto América al llegar a sus dominios.
Se acababa ya el verano cuando atisbó las costas de aquel reino que fuera el de sus antepasados, cuando en su territorio, de tan vasto, no llegaba nunca a ponerse el sol. El viento dijo que él prefería bordear aquel país donde le echaban la culpa de los incendios, la contaminación y hasta de las veleidades de los políticos. "Si soplo, que traigo partículas en suspensión y si no soplo, que hay contaminación", así que él por ahí no pasaba. El cóndor intentó convencerlo con el argumento de que sólo pararía para comer algo, pues sus fuerzas andaban ya muy mermadas, pero el viento se mantuvo en sus trece y le emplazó a encontrarse a su regreso en aquel mismo sitio, las famosas columnas de Hércules.
Mientras el cóndor veía alejarse al viento, cientos de leyendas transmitidas por sus padres, y a estos por los suyos, y así sucesivamente, se agolparon en su memoria, cuentos de supervivencia, de honor, de luchas y de alegría, de fandangos y sangre caliente, cuentos de un pueblo acostumbrado a las penurias y los sinsabores, que no se deja amedrentar por la aflicción, sufrida piel de toro.
Piel de toro que, según el cóndor se acercaba, se tornaba amarilla, seca, quebradiza como la paja cargada en exceso de mies, aunque no fuera el caso pues la sequía veraniega había mudado los campos en eriales y los cauces bajaban secos, apenas un hilillo tímido zigzagueando entre las piedras. En algunos parajes, la huella asoladora del fuego había enlutado las laderas. Los esqueletos de los árboles resistían sobre su desnuda dignidad, conscientes por la experiencia que sólo dan los años, de que vendrían tiempos mejores antes de la próxima devastación.
El cóndor sintió hambre y dirigió su vuelo hacia la enorme conurbación de Madrid, sobre cuyo cielo describió círculos menguantes según descendía y sus edificios se agigantaban, sus ruidos atrobanan y sus gentes, con las cabezas gachas y el semblante circunspecto, se dirigían velozmente hacia Dios sabía dónde, ajenos a su majestuosa silueta. Llevado por el instinto, el cóndor aterrizó sobre el Congreso, donde le esperaba un importante despliegue policial. A él y a unos cuantos manifestantes.
Según se posó sobre la cabeza de uno de los leones, un sargento le quiso cobrar las tasas aeroportuarias, le impuso una multa por estacionar en zona S.E.R. sin el distintivo correspondiente, le detuvo por carencia de papeles inmigratorios y le sancionó por ostentación de símbolos preconstitucionales. Ante su lamento de que sólo estaba débil porque tenía hambre, el suboficial replicó que ya no se atendía a los inmigrantes sin papeles en la seguridad social española y que se fuera a buscar alpiste a otro país. Un agente, que había escuchado la conversación, se acercó y, disculpando a su superior porque era el único compatriota que no veía los documentales de la 2, le corrigió: "es un cóndor, hombre, come carroña".
"¡Ah! Entonces ha venido al sitio adecuado. Que pase y haga amigos".
El cóndor elevó majestuoso su corpachón y pronto alcanzó la altura adecuada para su económico planeo. Allí abajo se sucedían las praderas, los frondosos bosques y los eventuales poblamientos humanos. Sólo descendió en una ocasión para beber agua, justo antes de encontrarse con el océano. Descansó sobre un acantilado, preguntándose si el mundo que le esperaba al otro lado sería igualmente hospitalario. Si habría altas cordilleras, caudalosos ríos y exuberantes vergeles. El viento le apremió, impaciente por conocer París y allá que fueron ambos, ave y meteoro, meteoro y ave, surcando los mares de azul y blanco cabrillero. De vez en cuando distinguía el cóndor un navío, pequeña mota en el lienzo marino, así como sentía la presencia imponente de aquellos gigantes de acero que tampoco movían las alas y parecían angustiados por perderse el final de la misa.
Las horas se sucedían sin que se avistara tierra por ningún lado, y el cóndor sintió la angustia de la inmensidad: quizá no existiera tierra más allá, quizá el mundo no fuera redondo y él volase hasta topar con una pared elástica, que lo devolvería en dirección contraria, el esfuerzo inútil y las alas decepcionadas, quizá no hubiera fin y estuviera abocándose a surcar el firmamento durante toda la eternidad. El cóndor se cuidó muy mucho de compartir su pesadumbre con el viento, pues sabía que este, mucho más viajado, se burlaría de su escepticismo. Pero ya empezaba a cansarse de no ver más que agua, de no encontrar ninguna roca sobre la que descansar de su esfuerzo, de no posar sus garras sobre algún saliente rumoroso mientras las olas coqueteaban con la arena...
Estaba a punto de verbalizar su desencanto cuando su vista aguzada contempló una costa. No parecía gran cosa pero fue suficiente para retornarle el ánimo. Descendió hacia aquella sombra que fue agrandándose, el verde resaltando entre tanto azul, un baile de islas que, a diferencia del maná que caía del cielo, estaban esperando su llegada arracimadas en la superficie marina como las cuentas de un collar. El cóndor desplegó sus alas para frenar su descenso y se posó sobre un gran árbol, inmejorable comité de bienvenida. El viento hubo de conformarse, aunque pagó su desacuerdo provocando una ligera tormenta en las islas de Cabo Verde. Aquella noche el cóndor durmió como los ángeles, sueño digno para alguien que los visitaba con asiduidad en sus elevados paseos. A la mañana siguiente, las fuerzas renovadas y el ánimo, cuán importante es el ánimo, destilando optimismo, el cóndor retomó su viaje, bordeando desde entonces la costa africana en su búsqueda del Viejo Mundo, aquel continente que un día se lanzase en busca de nuevos horizontes y llegase a la conclusión de que había descubierto América al llegar a sus dominios.
Se acababa ya el verano cuando atisbó las costas de aquel reino que fuera el de sus antepasados, cuando en su territorio, de tan vasto, no llegaba nunca a ponerse el sol. El viento dijo que él prefería bordear aquel país donde le echaban la culpa de los incendios, la contaminación y hasta de las veleidades de los políticos. "Si soplo, que traigo partículas en suspensión y si no soplo, que hay contaminación", así que él por ahí no pasaba. El cóndor intentó convencerlo con el argumento de que sólo pararía para comer algo, pues sus fuerzas andaban ya muy mermadas, pero el viento se mantuvo en sus trece y le emplazó a encontrarse a su regreso en aquel mismo sitio, las famosas columnas de Hércules.
Mientras el cóndor veía alejarse al viento, cientos de leyendas transmitidas por sus padres, y a estos por los suyos, y así sucesivamente, se agolparon en su memoria, cuentos de supervivencia, de honor, de luchas y de alegría, de fandangos y sangre caliente, cuentos de un pueblo acostumbrado a las penurias y los sinsabores, que no se deja amedrentar por la aflicción, sufrida piel de toro.
Piel de toro que, según el cóndor se acercaba, se tornaba amarilla, seca, quebradiza como la paja cargada en exceso de mies, aunque no fuera el caso pues la sequía veraniega había mudado los campos en eriales y los cauces bajaban secos, apenas un hilillo tímido zigzagueando entre las piedras. En algunos parajes, la huella asoladora del fuego había enlutado las laderas. Los esqueletos de los árboles resistían sobre su desnuda dignidad, conscientes por la experiencia que sólo dan los años, de que vendrían tiempos mejores antes de la próxima devastación.
El cóndor sintió hambre y dirigió su vuelo hacia la enorme conurbación de Madrid, sobre cuyo cielo describió círculos menguantes según descendía y sus edificios se agigantaban, sus ruidos atrobanan y sus gentes, con las cabezas gachas y el semblante circunspecto, se dirigían velozmente hacia Dios sabía dónde, ajenos a su majestuosa silueta. Llevado por el instinto, el cóndor aterrizó sobre el Congreso, donde le esperaba un importante despliegue policial. A él y a unos cuantos manifestantes.
Según se posó sobre la cabeza de uno de los leones, un sargento le quiso cobrar las tasas aeroportuarias, le impuso una multa por estacionar en zona S.E.R. sin el distintivo correspondiente, le detuvo por carencia de papeles inmigratorios y le sancionó por ostentación de símbolos preconstitucionales. Ante su lamento de que sólo estaba débil porque tenía hambre, el suboficial replicó que ya no se atendía a los inmigrantes sin papeles en la seguridad social española y que se fuera a buscar alpiste a otro país. Un agente, que había escuchado la conversación, se acercó y, disculpando a su superior porque era el único compatriota que no veía los documentales de la 2, le corrigió: "es un cóndor, hombre, come carroña".
"¡Ah! Entonces ha venido al sitio adecuado. Que pase y haga amigos".
jueves, 19 de julio de 2012
Emigrantes
Hace unos días quedamos con unos amigos que nos tenían que dar una noticia. En las edades que manejamos, esa frase casi siempre es sinónimo de embarazo, pero la juventud de ella nos decantaba más por la boda. La sorpresa que nos tenían preparada provocó en mí una desordenada mezcla de sensaciones, que creí necesario compartir con la humanidad (es decir, los ocho que visitáis Hontanazor de vez en cuando).
Se mudan a San José, lo cual nos obliga a un pequeño apunte de geografía: San José está en California, bañada por las aguas más meridionales de la bahía de San Francisco y formando parte del popular Silicon Valley.
Tras la impresión inicial por la noticia y las correspondientes explicaciones de los protagonistas, me invadió una catarata dialéctica interior que me arrastró desde la sonrisa envidiosa a una considerable frustración. La describo:
De primeras, nobleza obliga, me sentí muy feliz por ellos. Vivir en el extranjero es una experiencia vital que yo no he tenido y envidio profundamente. California, además, cuenta con suficientes atractivos como para convertirlo en un destino apetecible. ¡Silicon Valley! Me queda el consuelo de que añadiremos una nueva casa de acogida si viajamos para allá.
Poco a poco fue creciendo un poso de indignación hacia este país, que no es capaz de retener a sus piezas más valiosas. Él es ingeniero y ella, aunque eslovena, había buscado en España oportunidades para desarrollar su especialidad, la terapia infantil a través de la danza, encontrándose con la ignorancia y el desconocimiento de unas técnicas que, por inusuales, despiertan el recelo inicial del pueblerino que teme que le estafen hasta la boina, habitante mayoritario de este nuestro país. Y todo porque no trataron a Paquirrín de pequeño con esa técnica y lo explicaron en la televisión, si no, aquí ahora todo quisqui sería un experto en ella.
Su caso (el de nuestros amigos, no el de Paquirrín; Paquirrín, por suerte o por desgracia, es único) es otro más en España, donde anteayer el INE nos devolvió a una realidad olvidada desde hacía décadas: volvemos a ser un país de emigrantes.
Quizá he mezclado un poco las informaciones, pues habrá quien me señale a esa muchacha eslovena como una inmigrante en España. Y tendrá razón, pero una inmigrante cualificada (ha dedicado su estancia entre nosotros a ultimar su tesis) de la que no hemos sabido sacar provecho. Y cualificada es también la emigración que ahora enviamos a esos mundos de Dios, porque el caso de nuestro amigo no es el único, por desgracia. En mi entorno proliferan científicos e ingenieros (sí, lo sé, ambiente insano este en el que me muevo) que han sufrido en sus carnes los recortes en investigación y desarrollo e innovación, el tan mencionado como denostado I+D+I. Resulta irónico y muy significativo que lo único que haya crecido en ese ámbito sea el acrónimo.
Y esto no es sólo una consecuencia de la crisis. Ahora que está tan de actualidad hablar de los gastos innecesarios o evitables de nuestra economía, hay uno en concreto que llevamos años arrastrando. En realidad son dos gastos, porque pagamos dos veces. La primera, al subvencionar una educación que, hasta ahora, ha permitido estudiar a gran parte de la población a precios razonables, incluyendo la etapa universitaria. No es la intención de esta entrada valorar si eso resulta sostenible o no. El hecho es que luego, a gran parte de esos licenciados (me refiero principalmente a los de carreras científicas, que por otro lado son las más caras), no se les da la oportunidad de explotar sus conocimientos y cualidades, en una sociedad basada en el sector terciario y el boom de la construcción como la española. Así que deben emigrar para desarrollar su trabajo y luego, cuando inventan, pongamos por ejemplo, un motor eléctrico, España debe pagar de nuevo la patente al país donde ese emigrante ha desarrollado su idea. Doble factura, doble gasto. Bueno, en realidad hay una tercera pérdida, que sería lo que se deja de percibir por no haber patentado España la idea, pero no carguemos las tintas... aún. Antes de que nadie me eche en cara que no tiene sentido subvencionar los estudios de los que luego se acabarían yendo fuera de una manera o de otra, quiero dejar claro que mi crítica no va dirigida hacia los recortes en sí, sino al modelo económico que se ha desarrollado. En vez de potenciar una industria que necesite a esos profesionales y así se justifique la inversión en I+D+I, se ha buscado un modelo de enriquecimiento rápido y tramposo, como el de la construcción, que además promueve unos valores basados en la ausencia de esfuerzo, el fraude y el nepotismo. Y aunque ahí caímos todos, no me cansaré de repetir que nunca se podrán equiparar responsabilidades, nuestros dirigentes se han llevado la palma. La de Cannes y la isla.
Tras la impresión inicial por la noticia y las correspondientes explicaciones de los protagonistas, me invadió una catarata dialéctica interior que me arrastró desde la sonrisa envidiosa a una considerable frustración. La describo:
De primeras, nobleza obliga, me sentí muy feliz por ellos. Vivir en el extranjero es una experiencia vital que yo no he tenido y envidio profundamente. California, además, cuenta con suficientes atractivos como para convertirlo en un destino apetecible. ¡Silicon Valley! Me queda el consuelo de que añadiremos una nueva casa de acogida si viajamos para allá.
Poco a poco fue creciendo un poso de indignación hacia este país, que no es capaz de retener a sus piezas más valiosas. Él es ingeniero y ella, aunque eslovena, había buscado en España oportunidades para desarrollar su especialidad, la terapia infantil a través de la danza, encontrándose con la ignorancia y el desconocimiento de unas técnicas que, por inusuales, despiertan el recelo inicial del pueblerino que teme que le estafen hasta la boina, habitante mayoritario de este nuestro país. Y todo porque no trataron a Paquirrín de pequeño con esa técnica y lo explicaron en la televisión, si no, aquí ahora todo quisqui sería un experto en ella.
Su caso (el de nuestros amigos, no el de Paquirrín; Paquirrín, por suerte o por desgracia, es único) es otro más en España, donde anteayer el INE nos devolvió a una realidad olvidada desde hacía décadas: volvemos a ser un país de emigrantes.
Quizá he mezclado un poco las informaciones, pues habrá quien me señale a esa muchacha eslovena como una inmigrante en España. Y tendrá razón, pero una inmigrante cualificada (ha dedicado su estancia entre nosotros a ultimar su tesis) de la que no hemos sabido sacar provecho. Y cualificada es también la emigración que ahora enviamos a esos mundos de Dios, porque el caso de nuestro amigo no es el único, por desgracia. En mi entorno proliferan científicos e ingenieros (sí, lo sé, ambiente insano este en el que me muevo) que han sufrido en sus carnes los recortes en investigación y desarrollo e innovación, el tan mencionado como denostado I+D+I. Resulta irónico y muy significativo que lo único que haya crecido en ese ámbito sea el acrónimo.
Y esto no es sólo una consecuencia de la crisis. Ahora que está tan de actualidad hablar de los gastos innecesarios o evitables de nuestra economía, hay uno en concreto que llevamos años arrastrando. En realidad son dos gastos, porque pagamos dos veces. La primera, al subvencionar una educación que, hasta ahora, ha permitido estudiar a gran parte de la población a precios razonables, incluyendo la etapa universitaria. No es la intención de esta entrada valorar si eso resulta sostenible o no. El hecho es que luego, a gran parte de esos licenciados (me refiero principalmente a los de carreras científicas, que por otro lado son las más caras), no se les da la oportunidad de explotar sus conocimientos y cualidades, en una sociedad basada en el sector terciario y el boom de la construcción como la española. Así que deben emigrar para desarrollar su trabajo y luego, cuando inventan, pongamos por ejemplo, un motor eléctrico, España debe pagar de nuevo la patente al país donde ese emigrante ha desarrollado su idea. Doble factura, doble gasto. Bueno, en realidad hay una tercera pérdida, que sería lo que se deja de percibir por no haber patentado España la idea, pero no carguemos las tintas... aún. Antes de que nadie me eche en cara que no tiene sentido subvencionar los estudios de los que luego se acabarían yendo fuera de una manera o de otra, quiero dejar claro que mi crítica no va dirigida hacia los recortes en sí, sino al modelo económico que se ha desarrollado. En vez de potenciar una industria que necesite a esos profesionales y así se justifique la inversión en I+D+I, se ha buscado un modelo de enriquecimiento rápido y tramposo, como el de la construcción, que además promueve unos valores basados en la ausencia de esfuerzo, el fraude y el nepotismo. Y aunque ahí caímos todos, no me cansaré de repetir que nunca se podrán equiparar responsabilidades, nuestros dirigentes se han llevado la palma. La de Cannes y la isla.
El año pasado vinieron de Alemania en busca de jóvenes ingenieros. Se tomó como una oportunidad de mostrar nuestro grado de excelencia en la formación de esas profesiones y, en cierto modo, un reconocimiento a nuestra educación. Yo no lo vi así, aunque siempre peco de estruendosa negatividad. Vinieron a por los que tienen ideas, los formados, los que quizá inventen algo que nos saque de nuestra mediocridad. ¿Por qué no se llevaron a los políticos ineptos y corruptos, a los empresarios defraudadores, a los trabajadores vagos, a los hermanísimos y cuñados que se enriquecen con subvenciones, a los periodistas sectarios, a los sindicalistas acomodados, a los sinvergüenzas que pueblan nuestra piel de toro desangrada a golpe de navajazo? A esos no los quieren para nada.
Y aquí me invadió la frustración. Esos serán los que queden al final en España, cuando todo el que pueda marcharse de aquí se aleje y contemple desde la distancia cómo la arrasan. Esos y los mediocres que sólo nos quejaremos en el bar o en un blog, sin agallas para rebelarnos, aunque quede poco ya por salvar. Algunos emularéis a la sultana Aixa reprochando a Boabdil, que esos emigrantes también podían quedarse y luchar para levantar al país. Y quizá sea cierto, pero no fuimos educados para ser héroes y aun estos necesitan de cierta coyuntura. Viendo cómo han relegado la iniciativa del 15-M al cajón del esperpento, o cómo se las gastan en un partido (expulsión inmediata) ante quien se rebela defendiendo los intereses de quienes le votaron frente a las palmaditas y el reproche cariñoso ante quien esquilma y luego insulta a esos mismos votantes, la solución no pasa por este sistema. Y para tumbar un sistema, siempre han hecho falta armas y violencia, herramientas que, una vez puestas en marcha, nadie sabe dónde acabarán. No, el futuro pinta negro para una imaginación escasa como la mía. De ahí que aplauda esa emigración.
Afortunadamente con los días se me ha ido pasando, sobre todo a raíz de que me explicaran que Silicon Valley es el valle del Silicio y no el valle de la Silicona. Es el consuelo que me queda.
Afortunadamente con los días se me ha ido pasando, sobre todo a raíz de que me explicaran que Silicon Valley es el valle del Silicio y no el valle de la Silicona. Es el consuelo que me queda.
viernes, 13 de julio de 2012
Que se jodan...
¡Menuda polvareda está levantando el exabrupto de Andrea Fabra!
Para aquellos que no la conozcáis, deciros que es una diputada por Castellón del Partido Popular, hija de Carlos Fabra (sí, sí, el del aeropuerto sin aviones) y que, según la información repartida en diferentes páginas, a saber
* su ficha del congreso de los diputados: http://www.congreso.es/portal/page/portal/Congreso/Congreso/Diputados/DipCircuns/ComAutVal?_piref73_1333408_73_1333405_1333405.next_page=/wc/fichaDiputado&idDiputado=9
* la página del PP (ésta un poco desactualizada): http://www.pp.es/conocenos/quien-es-quien/andrea-fabra-fernandez_2459.html
* la wikipedia: http://es.wikipedia.org/wiki/Andrea_Fabra_Fern%C3%A1ndez
* una página web afín al 15M que se dedica a hacer un seguimiento de los diputados: http://quehacenlosdiputados.net/andrea-fabra-diputada-por-castellon-e-hija-de-carlos-fabra/
pues eso, que según esta información no tiene pinta de haber currado en ningún trabajo más allá de su carrera política, jalonada de nombramientos sospechosamente arbitrarios (si meto la palabra nepotismo lo mismo me denuncian). Pues la susodicha, mientras ayer el Presidente del Gobierno desgranaba su descorazonador paquete de medidas económicas conocido ya como El Hachazo, y cuando se refería el señor Rajoy específicamente al recorte de la prestación del desempleo, acompañó el monumental aplauso desde la bancada popular con una serie de felicitaciones ("muy bien, muy bien, muy bien") coronadas con un sentido y rabioso exabrupto ("que se jodan").
Y claro, las redes sociales se incendiaron al entender que esa representante del pueblo se refería precisamente al pueblo que la puso ahí, más exactamente a quienes cobran el paro. Ella se ha defendido, un día más tarde porque las cosas de palacio van despacio, con un ataque furibundo al partido de la oposición por manipular sus palabras y una justificación de que esas palabras (porque en ningún momento niega que las dijera) estaban dedicadas a los socialistas, que no paraban de gritar, y no a los pobres parados, hasta dónde podíamos llegar.
Y yo no entiendo ni la polémica generada ni su excusa posterior, porque están bien claros los destinatarios de su ya famosa expresión:
- que se jodan los obreros que hicieron pellas en las clases de historia y votaron mayoritariamente a un partido de derechas;
- que se jodan los parados que votaron al PP para que les devolviera su puesto de trabajo;
- que se jodan los pensionistas que votaron al PP tras emocionarse con la subida de las pensiones y ahora pagan los medicamentos;
- que se jodan los que votaron al PP porque nunca privatizaría ni la educación ni la seguridad social;
- que se jodan los que votaron al PP porque estaban hartos de un gobierno que se desdecía continuamente;
- que se jodan los que votaron al PP porque no subiría los impuestos;
- que se jodan los que votaron al PP porque querían un gobierno fuerte al que no manejaran desde Europa;
- que se jodan los que votaron al PP para dar confianza a los mercados;
- que se jodan los que votaron al PP para castigar al PSOE y le dieron el mayor poder conocido en democracia;
- que se jodan los que votaron al PP porque no querían que el gobierno les mintiera;
- que se jodan los que votaron al PP creyendo que volvería todo a ser como cuando gobernaban, es decir, en plena burbuja inmobiliaria;
- que se jodan los que votaron al PP porque quitaría el canon digital;
- que se jodan los que votaron al PP porque aseguraba que no tocaría el IVA;
- que se jodan los que votaron al PP sin pensar que votaban al PP.
Después de todo, mira tú por dónde, la pobrecilla se estaba imprecando a sí misma como legítima representante de sus votantes. En su currículum no aparecen sus creencias, pero semejante acto de mortificación pública sólo está al alcance de almas piadosas excepcionales. Quizá, eso sí, quepa reconvenirle el uso de palabras tan gruesas en boca de una vocal de la comisión de Educación del Congreso, pero el lenguaje de la calle adolece de lirismo y en el pecado de usarlo lleva la penitencia.
Así que meteros con ella lo que queráis, pero se está ganando el cielo...
* su ficha del congreso de los diputados: http://www.congreso.es/portal/page/portal/Congreso/Congreso/Diputados/DipCircuns/ComAutVal?_piref73_1333408_73_1333405_1333405.next_page=/wc/fichaDiputado&idDiputado=9
* la página del PP (ésta un poco desactualizada): http://www.pp.es/conocenos/quien-es-quien/andrea-fabra-fernandez_2459.html
* la wikipedia: http://es.wikipedia.org/wiki/Andrea_Fabra_Fern%C3%A1ndez
* una página web afín al 15M que se dedica a hacer un seguimiento de los diputados: http://quehacenlosdiputados.net/andrea-fabra-diputada-por-castellon-e-hija-de-carlos-fabra/
pues eso, que según esta información no tiene pinta de haber currado en ningún trabajo más allá de su carrera política, jalonada de nombramientos sospechosamente arbitrarios (si meto la palabra nepotismo lo mismo me denuncian). Pues la susodicha, mientras ayer el Presidente del Gobierno desgranaba su descorazonador paquete de medidas económicas conocido ya como El Hachazo, y cuando se refería el señor Rajoy específicamente al recorte de la prestación del desempleo, acompañó el monumental aplauso desde la bancada popular con una serie de felicitaciones ("muy bien, muy bien, muy bien") coronadas con un sentido y rabioso exabrupto ("que se jodan").
Y claro, las redes sociales se incendiaron al entender que esa representante del pueblo se refería precisamente al pueblo que la puso ahí, más exactamente a quienes cobran el paro. Ella se ha defendido, un día más tarde porque las cosas de palacio van despacio, con un ataque furibundo al partido de la oposición por manipular sus palabras y una justificación de que esas palabras (porque en ningún momento niega que las dijera) estaban dedicadas a los socialistas, que no paraban de gritar, y no a los pobres parados, hasta dónde podíamos llegar.
Y yo no entiendo ni la polémica generada ni su excusa posterior, porque están bien claros los destinatarios de su ya famosa expresión:
- que se jodan los obreros que hicieron pellas en las clases de historia y votaron mayoritariamente a un partido de derechas;
- que se jodan los parados que votaron al PP para que les devolviera su puesto de trabajo;
- que se jodan los pensionistas que votaron al PP tras emocionarse con la subida de las pensiones y ahora pagan los medicamentos;
- que se jodan los que votaron al PP porque nunca privatizaría ni la educación ni la seguridad social;
- que se jodan los que votaron al PP porque estaban hartos de un gobierno que se desdecía continuamente;
- que se jodan los que votaron al PP porque no subiría los impuestos;
- que se jodan los que votaron al PP porque querían un gobierno fuerte al que no manejaran desde Europa;
- que se jodan los que votaron al PP para dar confianza a los mercados;
- que se jodan los que votaron al PP para castigar al PSOE y le dieron el mayor poder conocido en democracia;
- que se jodan los que votaron al PP porque no querían que el gobierno les mintiera;
- que se jodan los que votaron al PP creyendo que volvería todo a ser como cuando gobernaban, es decir, en plena burbuja inmobiliaria;
- que se jodan los que votaron al PP porque quitaría el canon digital;
- que se jodan los que votaron al PP porque aseguraba que no tocaría el IVA;
- que se jodan los que votaron al PP sin pensar que votaban al PP.
Después de todo, mira tú por dónde, la pobrecilla se estaba imprecando a sí misma como legítima representante de sus votantes. En su currículum no aparecen sus creencias, pero semejante acto de mortificación pública sólo está al alcance de almas piadosas excepcionales. Quizá, eso sí, quepa reconvenirle el uso de palabras tan gruesas en boca de una vocal de la comisión de Educación del Congreso, pero el lenguaje de la calle adolece de lirismo y en el pecado de usarlo lleva la penitencia.
Así que meteros con ella lo que queráis, pero se está ganando el cielo...
miércoles, 20 de junio de 2012
El Gran Onofre
Hace unos días recogimos un polluelo de gorrión en el patio de la casa de mis padres. Era ya volantón y había caído desde los nidos que hay en la azotea, hasta las cuerdas de tender la ropa en el primer piso. Los padres le animaban a remontar, pero yo, que ya he encontrado algunos cadáveres en ese patio, cometí, quizá, el error de cogerlo. Lo metimos en una jaula y lo llevamos a casa.
Al principio estaba muy agitado y temeroso. No permitía que te acercaras, revoloteando y piando desesperado. Pero luego empezó a tolerarnos, sobre todo cuando descubrimos qué comida le gustaba. Todos los días probábamos a ofrecerle cosas nuevas, algunas le entusiasmaban y otras las rechazaba. Le dejábamos la jaula abierta para que volara por el salón con libertad y le diseñamos un nidito con un gorro de lana situado en un recodo del sillón.
Allí dormía todas las noches y de allí nos despertaba a las siete de la mañana. Antes del fin de semana hubo una jornada en que no comía nada y temimos que anduviera enfermo o deprimido. Le habíamos visto picotear una planta de pascua que tenemos sobre la mesa del salón e indagando por internet descubrimos que esa planta es tóxica. así que la retiramos de allí y Onofre, porque ese era su nombre según nos refirió cierta tarde de confidencias, recuperó el apetito y las ganas de volar.
LLegamos así al fin de semana y a la libertad momentánea de esos dos días, donde pudimos compartir muchas más horas con él. Fueron los mejores momentos. Había desarrollado una tolerancia hacia nosotros que le alejaba unos centímetros de tu mano si se la acercabas demasiado, pero sin asustarse ni piar. Si acaso te daba un picotacillo cariñoso, como si quisiera decir, "ahora no, pesado". Pero una sobremesa decidió subirse en nuestro hombro y jugar con nosotros . Ya éramos una familia. Al día siguiente repitió la maniobra cariñosa y pensamos que habíamos logrado sacarle adelante, ya comía solo, e integrarle en la casa.
Pero la semana empezó mal, se despertó más tarde de lo habitual y luego estuvo solo todo el día, pues coincidió con el partido de España y una presentación vespertina de un trabajo. A la mañana siguiente no salía del nido, no comía apenas y parecía falto de energía. Pensamos que podía haber añorado nuestra presencia, al fin y al cabo son animales gregarios y él no había estado solo nunca. El hecho de que se subiera en nosotros a esa hora en vez de lanzarse sobre la comida como en días anteriores nos llevó a ese dictamen.
Dictamen erróneo porque por la tarde no quería contacto ni comida ni nada salvo recogerse en su nido y dormitar. Esta mañana la actitud era la misma y hemos llamado al veterinario. Está enfermo. Le he tenido una hora en mis manos dándole calor e intentando que comiera, pero todo su afán era arrebujarse y dormir. Ese rato he sufrido como hacía tiempo. Me sentía culpable por habérmelo llevado de sus padres, por no saber cuidarle, por no reconocer sus síntomas, por el miedo a que muriera...
Le hemos llevado a Grefa ( grupo de rehabilitación de la fauna autóctona, www.grefa.org/ ) y allí lo hemos dejado, en su hospital, para que lo recuperen, si es posible, y lo retornen a la naturaleza. Sé que es lo mejor para él pero yo estoy triste. Ya me había acostumbrado a su presencia, a su curiosidad, a su piar matutino. Me impacientaba en el trabajo por volver a verlo, me divertían sus vuelos inseguros, me preocupaba su alimentación ( hasta el punto de haber salido de caza a un hormiguero para proporcionarle proteínas ). Aún no he vuelto a casa desde que él no está, pero lamentaré su ausencia según entre por la puerta y mi pregunta no sea "¿cómo está Onofre?".
Alguien ha apuntado que es un síntoma inequívoco de que mi cuerpo me pide descendencia. Puede ser, pero la quiero con la capacidad de volar, y no dudaré en probar sus aptitudes. Quizá Michael Jackson también tuviera un gorrión de pequeño...
Onofre , te vamos a echar de menos.
Al principio estaba muy agitado y temeroso. No permitía que te acercaras, revoloteando y piando desesperado. Pero luego empezó a tolerarnos, sobre todo cuando descubrimos qué comida le gustaba. Todos los días probábamos a ofrecerle cosas nuevas, algunas le entusiasmaban y otras las rechazaba. Le dejábamos la jaula abierta para que volara por el salón con libertad y le diseñamos un nidito con un gorro de lana situado en un recodo del sillón.
Allí dormía todas las noches y de allí nos despertaba a las siete de la mañana. Antes del fin de semana hubo una jornada en que no comía nada y temimos que anduviera enfermo o deprimido. Le habíamos visto picotear una planta de pascua que tenemos sobre la mesa del salón e indagando por internet descubrimos que esa planta es tóxica. así que la retiramos de allí y Onofre, porque ese era su nombre según nos refirió cierta tarde de confidencias, recuperó el apetito y las ganas de volar.
LLegamos así al fin de semana y a la libertad momentánea de esos dos días, donde pudimos compartir muchas más horas con él. Fueron los mejores momentos. Había desarrollado una tolerancia hacia nosotros que le alejaba unos centímetros de tu mano si se la acercabas demasiado, pero sin asustarse ni piar. Si acaso te daba un picotacillo cariñoso, como si quisiera decir, "ahora no, pesado". Pero una sobremesa decidió subirse en nuestro hombro y jugar con nosotros . Ya éramos una familia. Al día siguiente repitió la maniobra cariñosa y pensamos que habíamos logrado sacarle adelante, ya comía solo, e integrarle en la casa.
Pero la semana empezó mal, se despertó más tarde de lo habitual y luego estuvo solo todo el día, pues coincidió con el partido de España y una presentación vespertina de un trabajo. A la mañana siguiente no salía del nido, no comía apenas y parecía falto de energía. Pensamos que podía haber añorado nuestra presencia, al fin y al cabo son animales gregarios y él no había estado solo nunca. El hecho de que se subiera en nosotros a esa hora en vez de lanzarse sobre la comida como en días anteriores nos llevó a ese dictamen.
Dictamen erróneo porque por la tarde no quería contacto ni comida ni nada salvo recogerse en su nido y dormitar. Esta mañana la actitud era la misma y hemos llamado al veterinario. Está enfermo. Le he tenido una hora en mis manos dándole calor e intentando que comiera, pero todo su afán era arrebujarse y dormir. Ese rato he sufrido como hacía tiempo. Me sentía culpable por habérmelo llevado de sus padres, por no saber cuidarle, por no reconocer sus síntomas, por el miedo a que muriera...
Le hemos llevado a Grefa ( grupo de rehabilitación de la fauna autóctona, www.grefa.org/ ) y allí lo hemos dejado, en su hospital, para que lo recuperen, si es posible, y lo retornen a la naturaleza. Sé que es lo mejor para él pero yo estoy triste. Ya me había acostumbrado a su presencia, a su curiosidad, a su piar matutino. Me impacientaba en el trabajo por volver a verlo, me divertían sus vuelos inseguros, me preocupaba su alimentación ( hasta el punto de haber salido de caza a un hormiguero para proporcionarle proteínas ). Aún no he vuelto a casa desde que él no está, pero lamentaré su ausencia según entre por la puerta y mi pregunta no sea "¿cómo está Onofre?".
Alguien ha apuntado que es un síntoma inequívoco de que mi cuerpo me pide descendencia. Puede ser, pero la quiero con la capacidad de volar, y no dudaré en probar sus aptitudes. Quizá Michael Jackson también tuviera un gorrión de pequeño...
Onofre , te vamos a echar de menos.
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