martes, 25 de septiembre de 2012
La paradoja del cumpleaños
Se pueden sacar varias conclusiones: que me gustaron muchas chicas ( sería relativamente incorrecta ), que fui muy torpe ( rayando la negligencia ) o que esta fecha estaba gafada ( y tanto... ); pero el hecho es que la estadística tiene mu mala sombra.
La paradoja del cumpleaños ( para aquellos interesados en sus razones matemáticas os enlazo con wikipedia
http://es.wikipedia.org/wiki/Paradoja_del_cumplea%C3%B1os ) nos regala estos datos curiosos:
- entre 23 personas hay una probabilidad del 50 % de que coincida algún cumpleaños;
- esta probabilidad alcanza el 99 % en un grupo de 57 personas.
Efectivamente, las matemáticas parecen contradecir a la lógica. Que en un grupo de sólo 23, teniendo 365 días para nacer, haya un 50 % de probabilidades de que coincida alguno, sorprende cuanto menos. Pero la experiencia nos indica que las estadísticas son así de caprichosas. Hace años ya describí, en la entrada "Volverás a Hontanazor", la diminuta probabilidad de que te toquen la lotería o una enfermedad rara, pero la total certeza de que, si te toca algo, es la enfermedad.
Con la paradoja del cumpleaños ocurre algo similar. Todos sabemos de coincidencias en las fechas de los cumpleaños. Es así y, si hacemos caso a las matemáticas y asumimos que conocemos a mucha más gente que 57, debe ser así. Lo realmente curioso son los vínculos que unen a esas personas, a veces desconocidas entre sí, a veces cercanas. Y el hecho de que pasen meses sin ningún cumpleaños a tu alrededor y luego, en un día, cumplan años cuatro conocidos, me hace reflexionar. ¿Habrá ciertos rasgos, característicos de fechas concretas, que nos llamen más la atención? ¿Influirá en nuestro físico y nuestro carácter la fecha de nacimiento? ¿No es eso precisamente la astrología? ¿O será todo, al fin y al cabo, fruto de la casualidad?
No lo sé. Otras fechas concurrentes jalonan mi calendario: el 1 de febrero, el 20 de marzo, el 20 de mayo... pero hoy es 25 de septiembre, y me temo que, un año más, me quedaré a dos velas.
miércoles, 19 de septiembre de 2012
Blogs
Por si alguno no habíais posado aún vuestro puntero del ratón en ellos, hoy he decidido presentároslos y así picar vuestra curiosidad. Os aseguro que no os arrepentiréis:
- "Chochiworld" es un cajón de sastre encantador: en él caben todo tipo de anécdotas, desde las fotografías de un viaje a las explicaciones sesudas de los entresijos del interior del interior del interior de un átomo. Y todo ello gracias a su autora, de quien os voy a contar un secreto: se hizo física de partículas para estudiar el universo y su expansión, porque era la única dimensión mayor que su propia curiosidad.
- "En el disparadero" es un blog que intenta dar explicaciones comprensibles a los mecanismos económicos que nos han traído hasta nuestra actual situación. Amén de su estilo asequible y pedagógico, lo más destacable es que lo hace desde el respeto a la diversidad de opiniones y sin demonizar, juzgar ni desprestigiar. Su autor dirige una bodega e intercala también sus experiencias en el mundo del vino y sus vivencias como forofo futbolero, dándole un toque de color a tanto nubarrón financiero.
- "Flauer sin pauer" nació con fuerza pero ahora vive un letargo prolongado. Fue creado como alternativa a una epoca de paro forzado y ahora no encuentra acomodo en las múltiples tareas de su autora. Persona de impulsos, nadie puede asegurar que no lo retome en algún momento ( claro que si para ello es necesario que se vuelva a quedar en el paro, bienvenido sea el letargo ), habida cuenta de la fuerza y desparpajo que demuestran sus entradas.
- "New Gon City" es una pequeña joya. Y digo pequeña por el formato de sus entradas, ya que hablamos de un blog de una sensibilidad, ternura y a la vez profundidad formidables. De cómo su autor enhebra sus aficiones, su entorno y su experiencia vital en un espacio virtual pero a la vez mundano, el blog emociona y entretiene, ilustra y conmueve, ridiculiza y ensalza, con un estilo atractivo y arrebatador. A veces, repetirse no es tan malo: una joya.
- "Numen inest" es otro de esos remansos de literatura didáctica que provocan la necesidad de una nueva dosis. Leer sobre temas interesantes en un lenguaje cuidado ( que no engreído, error habitual en muchos blogs; sí, lo reconozco, por desgracia también en el mío, aunque intento atender a los pescozones que me meten los que saben de estas cosas ) se agradece en estos tiempos de prisas y entradas pasadas por el winzip. Lo malo, que su autor - poeta y profesor de literatura - se nos ha descentrado un poquillo y lleva tiempo retirado de sus quehaceres bloggeros. Aunque me cuentan mis indiscretos pajaritos que quizá se interponga criatura literaria, en cuyo caso estaremos de enhorabuena.
- "Viajando a Ítaca" bebe de una de las fuentes más prolíficas que existen: el nomadismo. Su autor, arqueólogo submarino, ha vivido en muchos puntos del planeta debido a su profesión. De todas esas experiencias da buena cuenta en el blog: vida de primera mano. Al igual que el blog anterior, los cambios en sus circunstancias personales nos están privando temporalmente de su mirada y su pluma, hecho especialmente grave ahora que trabaja en la Unesco. Pero confiemos en su promesa de volver a recuperarlos en breve.
Os animo a que los conozcáis y los disfrutéis, tanto como los disfruto yo.
viernes, 31 de agosto de 2012
Criaturas
Contexto (1) : consulta de fisioterapia; niño de ocho años aficionado al baloncesto; padre acompañante.
Desarrollo :
- Fisioterapeuta (F) : oye, Fulanito, ¿ viste ayer el partido de baloncesto sobre ruedas de los paralímpicos ?
- Criatura (C) : un poco pero no me gustó.
- F : ¿ y eso ?
- C : es un rollo.
- Padre (P), temeroso ante la perspectiva de que el niño diga alguna inconveniencia : ¿ por qué ? Si tienen mucho mérito...
- C : a mí me gusta cuando machacan la canasta y ninguno lo hizo.
- F : bueno, es que no pueden.
- C : por eso es un rollo.
- P, dispuesto a salvar la situación : pero seguro que valoraste el esfuerzo que supone.
- N : ¿qué esfuerzo? Pero si van sentados...
- P, escandalizado, más por el gesto de guasa del F que por las palabras de la C : qué burro eres a veces, hijo mío.
Contexto (2) : parque frente a museo; pájaros picoteando la comida que les arrojan los visitantes; niño pequeño, de no más de cinco años, intentando agredirlos ( a los pájaros, a los visitantes empezará con algo más de edad ).
Desarrollo :
- Turista (T) : ¿ por qué los asustas ?
- Criatura (C) : porque se comen el pan.
- T : pero si la gente echa el pan para que se lo coman.
- C : no, lo echan para que se acerquen.
- T : ¿ y tú, por qué los asustas entonces y no dejas que se acerquen?
- C : porque se comen el pan.
- T : ¿ y por qué no quieres que se coman el pan ?
- C, tras un rato pensativo : Si no hay pan no vienen.
Y sale corriendo para intentar golpear a una paloma, que remonta el vuelo in extremis.
Contexto (3) : hall en la cubierta interior de un crucero; grupo de niños desde seis a diez años, participando de un juego donde deben completar un listado de pruebas antes que el equipo rival; pasaje contemplando una exhición culinaria.
Desarrollo :
- Criaturas (C), varias voces : oiga, señor, ¿ nos puede ayudar ?
- Interpelado (I) : claro, chicos, ¿ qué necesitáis ?
- C : ¿ quién es el HC ?
- I : ¿ el HC ? Ni idea, pero ¿ a qué te refieres ?
- C, le muestran un papel : es el nombre de uno de estos...
- I, lee el nombre del capitán y varios tripulantes : ah, vale, que es alguien de la tripulación. Allí está la foto del cuadro de mando, seguro que de allí lo sacáis.
- C : ya hemos mirado, pero no pone nada de HC.
- I, desilusionado : pues no sé. Si os puedo ayudar de otro modo...
- C : también necesitamos un chiste.
- I : buff, no me acuerdo de ninguno.
- C, nerviosos, hablando entre sí : vámonos que seguro que el otro equipo ya tiene todas las respuestas.
- I, al verlos irse contrariados : ¿ y alguna otra cosa ?
- Una de las C, ratilla vivaracha : si ve al otro equipo, por favor, ayúdeles.
- I, sorprendido ante tan noble gesto : ¿ ayudarles ? ¿ No te importa que os ganen ?
- C : pero si usted no sabe nada...
Conclusión : que saque cada cual las suyas.
jueves, 8 de mayo de 2008
Ciudad sin ley
En la ciudad donde trabajo los niños pasan pruebas de madurez en su cambio del colegio al instituto. Esas pruebas las realizan los niños mayores que ellos. Se llaman novatadas y provocan pánico en los recién llegados.
En la ciudad donde trabajo no es bueno ponerse en evidencia. Por eso en los institutos no está bien visto que la gente sobresalga por encima de los demás y cree engorrosas comparaciones. Además los compañeros se desmotivan y empiezan a faltar a clase, aunque luego sí estén a la salida para explicarte cómo es la vida real.
En la ciudad donde trabajo se puede conseguir cualquier cosa. No hay distingos superficiales de clase social ya que cualquiera puede disfrutar de un coche último modelo o de una cena en el restaurante más caro del lugar. Para ello se han dispuesto actividades complementarias al trabajo que sirven para compensar esas diferencias económicas. La mayoría son ilegales, eso sí.
En la ciudad donde trabajo también se puede conseguir cualquier cosa porque hay infraestructuras para ello. Cualquier bien de consumo va directo del camión al hogar sin sufrir encarecimientos abusivos por parte de los intermediarios sin escrúpulos que pueblan el territorio patrio.
En la ciudad donde trabajo los coches tienen personalidad propia. Es el motivo por el cual unos días después de salir del concesionario sufren un profundo cambio de imagen exterior y una enérgica revisión de su espiritualidad. Con la renovación ganan en alerones, rayas, diámetro del tubo de escape, caballos o decibelios y pierden su timidez inicial.
En la ciudad donde trabajo las rotondas son meritorias. Todas ellas aspiran a convertirse en curvas de algún circuito famoso, por lo que aceptan de buen grado los giros intempestivos de sus conciudadanos. Salir de ellas de una pieza también es meritorio, sí...
En la ciudad donde trabajo los sitios de aparcamiento están muy cotizados. Eso provoca que cuando se encuentra uno vacío sea agasajado colocando el coche en doble fila para que nadie lo utilice sin el debido respeto. Ese gran valor ha provocado que, en los últimos tiempos, se intente dotar de tal categoría a cualquier acera, paso de cebra, punto limpio o mediana.
En la ciudad donde trabajo la música es muy importante. Desde pequeños se intenta pulir el oído a los niños no sólo con palabras de mucha sonoridad que puedan repetir a sus amiguitos sino también con demostraciones contundentes del uso de los auriculares. No hemos de despreciar la contribución inestimable aquí de las radios de los coches.
En la ciudad donde trabajo las niñas llevan tanga. Esa prenda de exigua tela que, curiosa paradoja, se creó para pasar desapercibida y sin embargo surge a cada instante, invade los armarios de las adolescentes desterrando a las tradicionales braguitas como el mejillón cebra conquista nuestros ríos.
En la ciudad donde trabajo las mujeres se consideran niñas hasta bien pasados los sesenta. Si este hecho lo unimos al punto anterior, la invasión es tan agresiva como la del molusco bivalvo antes mencionado y, sin duda, de terribles consecuencias para la salud visual.
En la ciudad donde trabajo los perros son parte de la familia. Se los acaricia, se los cuida, se los mima, se los pasea con orgullo, se los disfruta a cada instante y por eso las razas más apreciadas son aquéllas reconocidas por su bondad y buen talante como pitbulls y dogos argentinos. Animalitos...
En la ciudad donde trabajo la fuerza es una cualidad imponderable. Sin menoscabar por ello la capacidad de persuasión de una buena explicación, una demostración rápida de la versatilidad del binomio triceps-nudillos puede terminar con las tediosas réplicas que aquélla provocaría.
En la ciudad donde trabajo los ojos son poderosas armas de seducción. Sus variados colores, desde los azules celestes al negro azabache pasando por los verdes aguamarinas o los castaños casi melifluos, y sus usos insinuantes con caídas de ojos o leves guiños suelen encerrar un delicioso placer sensorial. Siempre que los poses en la persona adecuada, claro, ya que, como con otras armas, te pueden requerir el permiso para su tenencia y uso y, antes de tu tediosa explicación, tirar de binomio.
En la ciudad donde trabajo existe la igualdad de género para las cosas importantes. No juzgues demasiado alegremente quién ha entrado así en la rotonda o si puedes liarte con ese atractivo muchacho aunque esté emparejado. Afortunadamente cualquiera, hombre o mujer, puede tirar de binomio.
En la ciudad donde trabajo existe la propiedad privada. Esa privacidad es inversamente proporcional a la edad de los poseedores, de tal suerte que cuanto más jovencitos son en la relación, más gruesos son los muros construidos alrededor de la pareja con el fin de evitar contactos, sonrisas, miradas o conversaciones consideradas indebidas. Es decir, todas.
En la ciudad donde trabajo la información es un derecho inherente al ciudadano. Existen por ello canales informativos de eficacia comprobada que impiden con rotundidad que el más mínimo detalle de la vida de uno sólo de los vecinos pueda perderse y no ser escrupulosamente juzgado por los demás.
En la ciudad donde trabajo ser un cotilla está terminantemente prohibido. Cualquier persona que, antes de avanzar el secreto inconfesable o el desliz bochornoso de su confidente, no reniegue de forma taxativa de esta repugnante tarea recibe el gesto reprobatorio de sus decepcionados vecinos. Pero que lo cuente, claro.
En la ciudad donde trabajo todo el mundo es obrero. Ha sido así desde que era un pequeño municipio que iba creciendo al calor de las muchas industrias que venían desde Madrid hasta ahora que no queda suelo para construir en todo el término municipal. Nadie sabe cómo carajo gana el PP las elecciones.
En la ciudad donde trabajo, en esta ciudad pequeña pero congestionada, con calles estrechas y aún casitas bajas condenadas a desaparecer con sus dueños para dejar paso a edificios altos e impersonales, en esta ciudad receptora dominada por la inmigración de europa oriental que tan encontradas posturas suscita, en esta ciudad creciente que observa irse a sus jóvenes a los pueblos de la alcarria al no poder comprarse aquí un piso por los precios desorbitados que se piden, en esta ciudad consciente de sus errores y orgullosa ante sus aciertos, en la ciudad donde trabajo y sus gentes viven, surgen ahora los desmanes de quienes debían protegerlos, de quienes debían demostrarles la justicia de las leyes, de quienes debían defenderlos ante los ataques de los malvados, de quienes debían terciar en sus disputas, de quienes debían agradecer con su dedicación que les paguen su buen sueldo, de quienes quizá han provocado que sea lo que, a veces, es.
Una ciudad sin ley.
lunes, 18 de febrero de 2008
La policía no es tonta
En este contexto considero que el siguiente documento puede ayudar a que maticemos esa imagen peyorativa de, al fin y al cabo, personas que velan por nuestra seguridad poniendo en peligro su propia integridad:
Un guardia civil del servicio de inteligencia especializado en delitos de drogas espera a las puertas de un bar a que el dueño, sospechoso de tenencia y tráfico de estupefacientes, cierre su local para detenerle y llevarle hasta su casa para un registro. Para ello cuenta con la orden del juez de la Audiencia Nacional, el cual está dirigiéndose en esos momentos a la casa del sospechoso junto con un teniente de la Guardia Civil para dirigir personalmente dicho registro.
Una vez el sospechoso echa el cierre y, tras esposarle y convertirle en detenido, se dirigen ambos hacia el coche oficial situado en doble fila unos metros más adelante de la fachada del bar para no levantar suspicacias entre sus clientes. Al llegar a él lo encuentran subido en una grúa municipal bajo la atenta mirada de dos policías locales. El guardia civil se dirige a ellos.
- Buenas noches, soy agente judicial de la guardia civil en misión oficial. ¿ Haríais el favor de bajar el coche ?
El policía local, visiblemente enfadado, le responde.
- Ya no lo puedo bajar. Es que siempre vais avasallando, con eso de que vestís de calle os creéis que podéis hacer lo que os da la gana.
-¿ Perdón ? Te repito que estoy en misión oficial con un detenido y que hagáis el favor de bajar el coche porque tengo prisa.
- Este coche estaba mal aparcado y por eso nos lo llevamos.
- ¿ Me estás vacilando ? Mira, tengo a un juez yendo a la casa del detenido para un registro y no puedo perder el tiempo en tonterías. Baja el coche de la grúa de una vez.
- Me da igual lo que estuvieras haciendo, es tu día de mala suerte. Al detenido te lo llevas si quieres pero el coche se queda aquí.
- Te estoy diciendo que un superior mío y un juez de la Audiencia Nacional se dirigen a casa de este hombre para un registro. Necesito llevarlo allí y para eso me tienes que dar el coche - dirigiéndose al conductor de la grúa -. Baje el coche de una puñetera vez.
El policía local, ya con malos modos.
- El coche no va a ningún sitio. Estaba en doble fila y nos lo llevamos. Una vez en la grúa ya no lo puedo bajar.
A todo esto el detenido, completamente descojonado, sugiere al guardia civil que, como la cosa va para largo, le suelte y ya harán lo del registro otro día. El guardia civil, con un cabreo de órdago a la grande, le dice que se calle, que se suba al coche y, cogiendo el móvil, llama a su teniente.
- Mi teniente, una pareja de policías locales retienen mi coche y se niegan a devolvérmelo, por lo que estoy en la calle con el detenido sin posibilidad de llevarlo a su casa.
Tras oír la explicación, el juez coge el móvil y le dice al guardia civil que ahora mismo van para allá y que detenga a los dos policías municipales por obstrucción a la justicia, todo ello aderezado con una suerte de improperios que un blog respetuoso como este no se atreve a reproducir.
Tras colgar, el guardia civil se dirige a los policías locales.
- Haced el favor de darme las armas reglamentarias y poneros vuestros grilletes que estáis detenidos.
Los dos policías locales se empiezan a partir de risa.
- ¡ Qué dices ! No puedes detenernos...
- Tengo una orden del juez de deteneros por obstrucción a la justicia. Haced lo que os digo y no montéis el numerito, que estamos en plena calle Alcalá.
Porque, a todo esto, la escena se desarrolla en la calle más popular de Madrid.
- A mí no me vas a detener.
- Haz el favor de no poner las cosas más difíciles. Sed sensatos que en un momento está aquí el juez y os vais a complicar la vida.
En ese momento, el policía local recapacita y considera cómo puede recuperar la iniciativa de la situación. Y halla la respuesta. Se dirige al coche patrulla y pide refuerzos, de tal suerte que en un momento aparecen dos coches patrulla más. En ellos viene un sargento de la Policía Local. Cuando el guardia civil confirma que no sólo no van a cooperar sino que vienen más policías, los ojos se le salen de las órbitas. Otro que las está pasando canutas es el detenido dentro del coche subido en la grúa, cuya risa compulsiva está a punto de provocarle un colapso.
El sargento, intentando quitar hierro a un asunto que ha llegado demasiado lejos, toma la palabra :
- Siento mucho lo ocurrido. Todo ha sido un lamentable error, los muchachos han entendido mal la situación. Ahora mismo bajan el coche y aquí no ha pasado nada.
- Me temo que ya es tarde. Tengo una orden del juez de detenerlos por obstrucción a la justicia, así que ellos se quedan conmigo si hacen el favor de darme las armas y ponerse los grilletes.
- ¿ Cómo que tienes una orden judicial ?
- ¡¡¡ Si se lo he dicho tres veces a ellos !!! Estoy en misión oficial con este detenido al cual llevaba a su casa para un registro con el juez de la Audiencia Nacional. Al no bajarme el coche de la grúa he llamado a mi superior y el juez me he dado orden de detenerlos.
- ¡ No fastidies !
En ese momento llega el coche con el teniente y el juez de la Audiencia Nacional, el cual sale del vehículo como un miura del encajonamiento.
- ¿¡ Dónde están esos dos anormales !?
El sargento de la Policía Local se dirige al juez.
- Soy el sargento a cargo de estos hombres, estoy a su...
- A usted no le quiero ni ver, lárguese de aquí ahora mismo. ¿¡ Dónde están esos dos anormales !?
Una vez se enfrenta a los dos policías locales, que en esos momentos no sienten correr la sangre por sus venas, tras taladrarlos con la mirada, ordena su detención.
- Les voy a procesar por obstrucción a la justicia. Me voy a encargar de que les suspendan de empleo y sueldo y les abran un expediente para expulsarles del cuerpo de policía. Y por de pronto se van detenidos a los calabozos de Plaza de Castilla para que, cuando termine el registro que estaban ustedes impidiendo, les tome declaración yo personalmente.
Y dirigiéndose al conductor de la grúa le ordena que baje el coche inmediatamente. Éste, temiendo que el asunto le salpique, comienza a bajarlo mientras se deshace en explicaciones.
- Yo sólo cumplía órdenes, señoría, nada más desempeñaba mi función, de haber tenido capacidad de...
- Cállese y márchese si no quiere dormir también en la celda.
Así que llegamos al desenlace del suceso con los dos coches camino de los juzgados de Plaza de Castilla, en uno teniente y juez despotricando sobre los inútiles que han entrado en las policías locales en las últimas remesas, en el otro el guardia civil con los tres detenidos, los policías locales flanqueando al sospechoso de tráfico de drogas socarrón.
- Cuando cuente esto yo en el talego, no me van a creer. Si parezco Jesucristo crucificado con los dos ladrones a sus costados...
Ya lo cantó Sabina, mucha mucha policía...
domingo, 16 de septiembre de 2007
Volverás a Hontanazor
En esta etapa habrá hueco para, sin abandonar el carácter literario que motivó su nacimiento, aumentar su ámbito de actuación y para ello estoy estudiando la introducción de fotografías o el cobro de una tasa ( total, si en Croacia te cobran por autopistas de peaje que aún no están hechas por qué no voy yo a lucrarme con una página gratuita ) si bien esto último, aún siendo ciertamente apetecible, no lo veo sencillo de materializar ( no os voy a mentir, no soy capaz de meter fotos, así que imaginaos...). En cualquier caso he organizado las entradas bajo etiquetas comunes para mayor facilidad en su localización ( creo que ese es su objetivo ) y estoy trabajando en la creación de nuevas trilogías.
Siempre me ha resultado indescifrable el misterio de la estadística. Sé que es una herramienta muy útil para un montón de actividades relacionadas con la organización, la distribución, la publicidad o el consumo, pero yo no entiendo cómo le pueden dar valor a sus conclusiones. Y me voy a explicar. Resulta que existe una probabilidad entre catorce millones de que te toque la primitiva y una entre cincuenta y siete millones de que ganes el euromillón. Se conocen cien casos en el mundo de linfodermatitis seborreica atópica infraescrotal, lo cual si tomamos seis mil millones como cifra de habitantes de la tierra, da una cifra de sesenta millones contra uno la probabilidad de tener ese maldito grano en los huevos. Bueno, pues de tocarte te toca el grano. Fijo.
Y si no me creéis, echad la cuenta de todas aquellas personas que conocéis que tienen una enfermedad de esas rarísimas de las que sólo hay ocho casos más en todo el planeta y comparadla con los que conocéis que se hayan forrado con la lotería. Pues eso es la estadística.
Viene esto a colación de que este verano se han quedado sin vacaciones más de la mitad de los españoles. Sabiendo eso y que yo nunca he sido Marco Polo, ¿ cuál creéis que era la probabilidad de que yo hubiera viajado en el estío ? Pues otro dato más para defenestrar a la estadística. De hecho he estado cerquita de la que se acepta como patria de tan insigne viajero, la isla de Korkula, y no parece muy descabellada la pronta publicación de una trilogía croata que responderá al sugerente nombre de "Aventuras en la Frasca"...
Espero que todas las experiencias recogidas sirvan para revitalizar el blog y que con las nuevas historias e historietas disfrutéis y, esa puede ser otra de las grandes novedades, os riáis mucho. Un abrazo desde Hontanazor.
sábado, 3 de marzo de 2007
Madrugada en la línea 2
Volvía yo en el autobús nocturno de la línea 2 de metro ( el cual por cierto sólo llega hasta Ventas a pesar de que el metro de La Elipa lleva abierto ya quince días, misterios de la gestión política ) después de una velada muy agradable a pesar de mis dolencias físicas ( bueno, y de sufrir los inconvenientes del bricolaje interprovincial ), cuando en la calle Gran Vía se ha subido un hombre al que echo unos cuarenta años, metro ochenta, rostro afable, ademanes nerviosos algo amanerados y la sensación de no saber muy bien si tomaba la dirección adecuada. Tras preguntar al conductor si pasaba por la calle O´Donnell y no quedar excesivamente convencido con la respuesta, se ha sentado en el asiento anterior al mío, se ha girado y me ha interpelado.
- ¿ De dónde viene este autobús, girando donde ha girado ?
- Viene por San Bernardo, su inicio está en Cuatro Caminos.
El hombre ha asentido con la cabeza, mirando hacia adelante y jugueteando con un papel entre los dedos que, en una mirada rápida, me ha dado la impresión de ser un plano del metro ( cerrado, por supuesto, que si hubiera estado abierto no iba yo tan borracho como para no haberlo reconocido ). De inmediato ha vuelto a girarse hacia mí y, con una voz queda que me costaba oír por el traqueteo del vehículo, ha iniciado el diálogo que os relato a continuación :
- ¿ Y a ti te merece la pena ?
- ¿ Perdón ?
- Si te merece la pena volver a estas horas.
Recuperado de la sorpresa y pensando que iba a escuchar un discurso de buenas costumbres aderezado con sentencias morales ( el otro día me entraron dos señoras de los testigos de Jehová que me dieron candela y cada vez que se me acerca alguien desconocido ya erizo el lomo como los perros apaleados ) he intentado ser cortés.
- No lo suelo hacer a menudo.
- Ya pero ahora ya no descansas y mañana pierdes el día, ¿ no ?
- Al ser una cosa esporádica...
- Porque tú, por ejemplo, ¿ a qué hora te levantarás mañana ?
- Pues seguramente a la de siempre, sobre las nueve y media.
He obviado decir que todo esto ocurría alrededor de las cinco de la mañana. En ese momento el hombre ha pensado que había encontrado un filón.
- ¿ Me puedo sentar a tu lado ? Es que me apetece hablar...
- Por supuesto.
Me he hecho a un lado para dejarle pasar puesto que yo ocupaba el asiento de pasillo al tiempo que pensaba " a ver dónde acaba todo esto ". Tras sentarse a mi vera en un lapso de tiempo imperceptible que me ha creado la duda de que tuviera el don de atravesar los cuerpos inertes ( y temer qué no haría con el mío ) ha continuado con lo que ya era un interrogatorio manifiesto.
- ¿ Y eso ?
- Bueno, soy algo insomne y me cuesta salir de los horarios de costumbre.
- Vaya por Dios, eso debe de ser terrible.
- Bueno, a todo se acostumbra uno...
- ¿ Te pasa desde hace mucho ?
- Casi toda la vida.
- ¿ También de pequeño ? Eso es más extraño. ¿ Y cuánto duermes ?
- No es tanto el número de horas como el hecho de despertarme a menudo.
- Pero, ¿ cuántas horas serían entonces ?
- No sé, siete u ocho...la verdad es que así dicho duermo un huevo - y me he sentido tan gilipollas como en el sketch de Faemino y Cansado del psiquiatra y el insomne salvacorderos - pero es porque me levanto tarde por los horarios de trabajo.
Toma salida, ahí se ha notado la ayudita de Johnnie Walker.
- ¡ Ah ! ¿ Trabajas ? ¿ Ya no estudias ?
Esa pregunta me ha reconfortado al intuir que el hombre me suponía menos años de los que tengo realmente.
- No.
- Ya se te pasó el momento.
Y ahí se me ha ido la alegría al garete al reparar en la carga de profundidad que llevaba la frasecita, lo cual me ha dejado ciertamente aturdido y el hombre ha continuado.
- ¿ En qué trabajas ?
- Soy fisioterapeuta.
- ¡ Ah ! Te pasas el día...
Acompañando las palabras con el gesto de masajear con las manos.
- Sí, toqueteando brazos y piernas tullidos.
Iba a decir miembros pero como todavía no sabía de qué iba la vaina, me he cuidado muy mucho de utilizar vocabulario susceptible de equívocos. Porque mientras la conversación seguía su curso, el hombre miraba hacia todos lados como los perrillos de las praderas cuando salen de sus guaridas y temen la aparición de un coyote hambriento. De hecho en algunos momentos he considerado que no me estaba escuchando, lo cual, dada mi falta de autoestima actual me ha llevado a pensar que ya aburro hasta a los frikis.
- Claro, ahora eso está de moda.
- Bueno, trabajo hay pero el boom fue hace ya tiempo.
- Hombre, con la cantidad de gente que practica ahora deporte...
Y ya puestos a aburrirle, le he soltado el "speach" del tipo de clientela que suele acudir a nuestros servicios, con lo que el hombre me ha cortado y ya ha ido al grano.
- ¿ Y estás contento con lo que ganas ?
- Bueno, uno nunca está satisfecho con su sueldo...
- ¿ Cuánto ganas ?
He visto al tío bajándose en mi parada y despellejándome para quedarse con mis pocos eurillos y me ha entrado el tembleque, pero me he gustado y he optado por aguantar el tipo.
- Depende del volumen de trabajo.
- ¿ De qué horquilla hablamos ?
Ayyy...
- Pues no sé, entre 1200 y 2000.
- No está mal...ah, pero serás autónomo.
- Sí, de ahí la variabilidad.
- Claro, entonces no cobras extras ni vacaciones...
- Esa es la gran trampa.
- ¡ Qué chungo entonces !
En ese momento hemos entrado en O´Donnell y el hombre, disculpándose, ha aparecido junto a la puerta de bajada con la misma velocidad que se había sentado confirmándome que no se regía por las leyes físicas de este mundo.
- Tío, lo siento, me tengo que marchar, espero que duermas bien.
- No lo creo.
Estoy tan metido en el rollo negativismo que me ha salido del alma, aunque luego me he avergonzado de intentar despertar lástima en un desconocido. Me lo tengo que hacer mirar...
- Date una ducha bien caliente cuando llegues, eso te relajará.
He pensado que más bien me la tenía que dar fría, pero esa es otra historia. Aun así me ha hecho sonreír.
- ¿ Haces deporte ?
- Sí, juego al fútbol.
- Mira, eso te sirve para llegar cansado.
- No, si ya he probado todos los métodos. Supongo que es una cuestión de tensión emocional, estás nervioso y la cabeza trabaja en exceso, con lo que no te relajas.
- Enhorabuena, tío, me alegro de que tengas tan claros los motivos de tu insomnio.
- Ahora hay que buscarles remedio.
- Mira, lo mejor que puedes hacer es buscarte pareja y dormir con ella.
Y con esa última frase lapidaria se ha bajado. Toma ya. Así que en un momentito, lo que tarda un autobus en recorrer Gran Vía y Alcalá, el hombre ha diseccionado mi espíritu con pulso de cirujano.
Y lo jodido es que encima me sonaba su cara vagamente...
martes, 9 de enero de 2007
La frase
" ¿ Recuerdas aquellos botellones que hacíamos a los dieciocho años y donde nos lo pasábamos tan bien ? Pues ya estás más cerca de los cuarenta que de esos botellones. "
Así que, por más que me pongo a escribir relatos optimistas e historias positivas como me prometí a mí mismo con la entrada del año, mi mente regresa inevitablemente a la frasecita de marras y no sé si hundirme en la nostalgia tipo Rachel en similar situación o montarme un botellón en el parquecito de debajo de mi terraza...
Y el hecho es que cuando se reunen los vecinitos ahí debajo a darle a la frasca a mí me molestan sus gritos, me preocupa su embriaguez y me sorprende su incapacidad de sentir frío, al mismo tiempo que me acurruco en el sillón con la mantita alrededor de mi torso, me fijo en el polvo que acumula la estantería y me sumerjo interesado en el canal economía para constatar el susto que me pegará el Euribor en la próxima revisión.
Quizá no ande tan descaminado el autor de esa frase, quizá no sólo sea una cuestión numérica, quizá ya no desee con tanta vehemencia la llegada de Gandalf a la ciudad, quizá ya no retire hastiado la mirada de los bebés que me presentan, quizá ya prefiera la luz del día a los rigores de la noche. Y esto último además ni siquiera tiene lógica puesto que a la luz se ven más las arrugas, los sinsabores, las cicatrices de la vida ( corta vida, ya lo sé, pero van quedando lejos esos botellones...). Y la firmeza, la determinación, la sonrisa de la experiencia previa. No, no siempre la lógica posee la verdad.
Ladran luego cabalgamos. Quizá ya esté en disposición de dejar huellas, quizá tenga la llave de puertas desconocidas hasta ahora, quizá el alcohol de esos botellones sea la adrenalina actual de mis células, quizá deba brindar con mis vecinitos desde mi terraza por su recién estrenado futuro, por mi recién estrenado presente, por nuestro recién recordado pasado.
Y dar las gracias por esa frase. Por todas las frases que llevo oídas en treinta años y por todas las que espero oír, leer, escribir, recitar...sentir.
Sí, quedan lejos esos botellones, muy lejos, pero en el Garito siguen poniendo pipas, la Chica de Ayer no es de Enrique Iglesias ( al que le sorprenda, por Dios que abandone este blog inmediatamente ) y a Marty Mcfly no le tiembla el pulso.
Y lo que queda.
sábado, 11 de noviembre de 2006
De primeras
Un relato dedicado a las personas que más ahínco están poniendo en evitar que mi pluma repose definitivamente sobre la mesa del olvido. O, por mejor decir, que me olvide de que un día fui palabras y sonrisas. Quizá recuperando esas palabras regresen las sonrisas. Pero vayamos con el relato, que tiempo habrá para melancolías.
" Siempre creí que si escribía una novela su inicio sería digno heredero del "Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía..." o del " Lo-lee-ta, light of my live...", una frase contundente que subyugara al lector por su sonoridad, por su agudeza, por su intriga. Quizá aquella creencia derivó en que sólo me atreviera a componer relatos cortos, cuentos y poesías. Consideraba que en dichos formatos la misma brevedad provocaba esa obligación de una primera frase seductora. De esta suerte, lo mejor de mis historias siempre era el inicio e incluso se daba el caso de lectores que tras las primeras líneas abandonaban las cuartillas visiblemente emocionados. Aquellas reacciones me indujeron a comprimir aún más mis relatos, pues no era cuestión de enhebrar una trama poderosa para que luego sólo se disfrutara de esas sublimes palabras iniciales, por lo que de varios folios acabé por condensar mis creaciones en dos párrafos.
Y a veces me sobra el segundo "