sábado, 3 de marzo de 2007

Madrugada en la línea 2

No suelo contar anécdotas personales en este blog ( si dejamos a un lado que esta bitácora es en sí una gran anécdota ) pero esta noche he vivido una experiencia que es preciso que transmita.
Volvía yo en el autobús nocturno de la línea 2 de metro ( el cual por cierto sólo llega hasta Ventas a pesar de que el metro de La Elipa lleva abierto ya quince días, misterios de la gestión política ) después de una velada muy agradable a pesar de mis dolencias físicas ( bueno, y de sufrir los inconvenientes del bricolaje interprovincial ), cuando en la calle Gran Vía se ha subido un hombre al que echo unos cuarenta años, metro ochenta, rostro afable, ademanes nerviosos algo amanerados y la sensación de no saber muy bien si tomaba la dirección adecuada. Tras preguntar al conductor si pasaba por la calle O´Donnell y no quedar excesivamente convencido con la respuesta, se ha sentado en el asiento anterior al mío, se ha girado y me ha interpelado.
- ¿ De dónde viene este autobús, girando donde ha girado ?
- Viene por San Bernardo, su inicio está en Cuatro Caminos.
El hombre ha asentido con la cabeza, mirando hacia adelante y jugueteando con un papel entre los dedos que, en una mirada rápida, me ha dado la impresión de ser un plano del metro ( cerrado, por supuesto, que si hubiera estado abierto no iba yo tan borracho como para no haberlo reconocido ). De inmediato ha vuelto a girarse hacia mí y, con una voz queda que me costaba oír por el traqueteo del vehículo, ha iniciado el diálogo que os relato a continuación :
- ¿ Y a ti te merece la pena ?
- ¿ Perdón ?
- Si te merece la pena volver a estas horas.
Recuperado de la sorpresa y pensando que iba a escuchar un discurso de buenas costumbres aderezado con sentencias morales ( el otro día me entraron dos señoras de los testigos de Jehová que me dieron candela y cada vez que se me acerca alguien desconocido ya erizo el lomo como los perros apaleados ) he intentado ser cortés.
- No lo suelo hacer a menudo.
- Ya pero ahora ya no descansas y mañana pierdes el día, ¿ no ?
- Al ser una cosa esporádica...
- Porque tú, por ejemplo, ¿ a qué hora te levantarás mañana ?
- Pues seguramente a la de siempre, sobre las nueve y media.
He obviado decir que todo esto ocurría alrededor de las cinco de la mañana. En ese momento el hombre ha pensado que había encontrado un filón.
- ¿ Me puedo sentar a tu lado ? Es que me apetece hablar...
- Por supuesto.
Me he hecho a un lado para dejarle pasar puesto que yo ocupaba el asiento de pasillo al tiempo que pensaba " a ver dónde acaba todo esto ". Tras sentarse a mi vera en un lapso de tiempo imperceptible que me ha creado la duda de que tuviera el don de atravesar los cuerpos inertes ( y temer qué no haría con el mío ) ha continuado con lo que ya era un interrogatorio manifiesto.
- ¿ Y eso ?
- Bueno, soy algo insomne y me cuesta salir de los horarios de costumbre.
- Vaya por Dios, eso debe de ser terrible.
- Bueno, a todo se acostumbra uno...
- ¿ Te pasa desde hace mucho ?
- Casi toda la vida.
- ¿ También de pequeño ? Eso es más extraño. ¿ Y cuánto duermes ?
- No es tanto el número de horas como el hecho de despertarme a menudo.
- Pero, ¿ cuántas horas serían entonces ?
- No sé, siete u ocho...la verdad es que así dicho duermo un huevo - y me he sentido tan gilipollas como en el sketch de Faemino y Cansado del psiquiatra y el insomne salvacorderos - pero es porque me levanto tarde por los horarios de trabajo.
Toma salida, ahí se ha notado la ayudita de Johnnie Walker.
- ¡ Ah ! ¿ Trabajas ? ¿ Ya no estudias ?
Esa pregunta me ha reconfortado al intuir que el hombre me suponía menos años de los que tengo realmente.
- No.
- Ya se te pasó el momento.
Y ahí se me ha ido la alegría al garete al reparar en la carga de profundidad que llevaba la frasecita, lo cual me ha dejado ciertamente aturdido y el hombre ha continuado.
- ¿ En qué trabajas ?
- Soy fisioterapeuta.
- ¡ Ah ! Te pasas el día...
Acompañando las palabras con el gesto de masajear con las manos.
- Sí, toqueteando brazos y piernas tullidos.
Iba a decir miembros pero como todavía no sabía de qué iba la vaina, me he cuidado muy mucho de utilizar vocabulario susceptible de equívocos. Porque mientras la conversación seguía su curso, el hombre miraba hacia todos lados como los perrillos de las praderas cuando salen de sus guaridas y temen la aparición de un coyote hambriento. De hecho en algunos momentos he considerado que no me estaba escuchando, lo cual, dada mi falta de autoestima actual me ha llevado a pensar que ya aburro hasta a los frikis.
- Claro, ahora eso está de moda.
- Bueno, trabajo hay pero el boom fue hace ya tiempo.
- Hombre, con la cantidad de gente que practica ahora deporte...
Y ya puestos a aburrirle, le he soltado el "speach" del tipo de clientela que suele acudir a nuestros servicios, con lo que el hombre me ha cortado y ya ha ido al grano.
- ¿ Y estás contento con lo que ganas ?
- Bueno, uno nunca está satisfecho con su sueldo...
- ¿ Cuánto ganas ?
He visto al tío bajándose en mi parada y despellejándome para quedarse con mis pocos eurillos y me ha entrado el tembleque, pero me he gustado y he optado por aguantar el tipo.
- Depende del volumen de trabajo.
- ¿ De qué horquilla hablamos ?
Ayyy...
- Pues no sé, entre 1200 y 2000.
- No está mal...ah, pero serás autónomo.
- Sí, de ahí la variabilidad.
- Claro, entonces no cobras extras ni vacaciones...
- Esa es la gran trampa.
- ¡ Qué chungo entonces !
En ese momento hemos entrado en O´Donnell y el hombre, disculpándose, ha aparecido junto a la puerta de bajada con la misma velocidad que se había sentado confirmándome que no se regía por las leyes físicas de este mundo.
- Tío, lo siento, me tengo que marchar, espero que duermas bien.
- No lo creo.
Estoy tan metido en el rollo negativismo que me ha salido del alma, aunque luego me he avergonzado de intentar despertar lástima en un desconocido. Me lo tengo que hacer mirar...
- Date una ducha bien caliente cuando llegues, eso te relajará.
He pensado que más bien me la tenía que dar fría, pero esa es otra historia. Aun así me ha hecho sonreír.
- ¿ Haces deporte ?
- Sí, juego al fútbol.
- Mira, eso te sirve para llegar cansado.
- No, si ya he probado todos los métodos. Supongo que es una cuestión de tensión emocional, estás nervioso y la cabeza trabaja en exceso, con lo que no te relajas.
- Enhorabuena, tío, me alegro de que tengas tan claros los motivos de tu insomnio.
- Ahora hay que buscarles remedio.
- Mira, lo mejor que puedes hacer es buscarte pareja y dormir con ella.
Y con esa última frase lapidaria se ha bajado. Toma ya. Así que en un momentito, lo que tarda un autobus en recorrer Gran Vía y Alcalá, el hombre ha diseccionado mi espíritu con pulso de cirujano.
Y lo jodido es que encima me sonaba su cara vagamente...

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