jueves, 31 de mayo de 2012

Breve apunte sobre la Eurocopa 2012

Para todos aquellos que anden algo perdidos con la Eurocopa, aquí va un resumen de lo más relevante en el plano deportivo de este magno evento, único capaz a estas alturas de restarle protagonismo a la prima de riesgo.

Grupo A
: es el grupo más flojo a priori.
Cuenta con una de las anfitrionas, Polonia, que vive con una mezcla de ilusión e incertidumbre el inicio de la competición. Ilusión por demostrar que pueden organizar un evento de tal magnitud; incertidumbre ante la reacción de sus fogosos vecinos cuando, por ejemplo, los periódicos alemanes titulen el día del estreno de su selección "a la conquista de Polonia". ¿Se lo tomarán al pie de la letra los teutones?
Comparte grupo con otro de sus "amigos" históricos, Rusia, cuyo rendimiento depende de un jugador genuinamente ruso : Arshavin, más frío que la momia de Lenin. Y ¿ de qué depende el rendimiento de Arshavin ? Ay los genios, queridos amigos...
De Grecia qué os voy a contar...son un peligro total, porque sus jugadores querrán permenecer en la competición el máximo de tiempo y así no tener que volver a su país.De la situación de Grecia habla bien a las claras que su máxima estrella, Salpigidis, tenga nombre de enfermedad venérea.
La República Checa compartió grupo de clasificación con España y tiene una bonita capital, la cual recomiendo encarecidamente visitar. No os defraudará. ¿De su selección? Y yo qué sé, si tampoco conozco Praga...

Grupo B : es unánimemente considerado como el grupo divino de la muerte, no en vano en él encontramos a Cristiano. De no salir de este grupo el futuro campeón, saldrá de alguno de los otros tres.
Holanda es la subcampeona del mundo y cuenta con el único futbolista capaz de discutir a Llorente el título de "míster camiseta ajustada": Robben. Querrán revancha, pues acabaron el mundial indignados con la acusación de "juego subterráneo" por parte de España. "Duro vale, pero subterráneo..." dicen que repetía De Jong, completamente aturdido.
Portugal anhela que Cristiano desempeñe el papel de estrella y que Pepe no se empeñe en estrellar rivales. Su aval es el 4-0 que le endosaron a España en un amistoso, que Carvalho llega descansado y que si Helder Postiga ha sido capaz de salvar con sus goles al Zaragoza...
Alemania no asimiló bien las derrotas ante España en la final de la eurocopa anterior y la semifinal del mundial. Desde entonces nos han impuesto un plan de austeridad asfixiante, han secuestrado a nuestros ingenieros, se han burlado de la siesta y las vacaciones, y nos han infiltrado a Ozil para que mantenga los ojos bien abiertos y aprenda nuestras tácticas. El resultado, un equipo temible.
Dinamarca es el patito feo del grupo, y eso que ya no está Gravesen. Pero ojo, en otra ocasión estos tipos fueron reclutados de las playas y, sin haberse quitado las chanclas y con medio día de entrenamiento, ganaron la eurocopa.

Grupo C : contiene a la actual campeona de Europa y del mundo.
España sí, nosotros. Aún cuesta creerse una frase así y por eso, para que no se nos suba a la cabeza el prestigio adquirido en los últimos cuatro años, hemos decidido ponernos nosotros mismos la zancadilla organizando una fase de preparación desastrosa, jugando amistosos con jugadores que luego no se quedarán y juntando a los definitivos a una semana vista del inicio de la Eurocopa. Spain is different... and quite stupid.
Italia está inmersa en una convulsa investigación sobre la limpieza de su fútbol, incluyendo a jugadores de la selección. Entre ese caos y las dificultades inherentes a un cambio generacional, aparecen como víctimas propiciatorias. Vamos, que son favoritos indiscutibles : estos tíos siempre se crecen en la adversidad y además, puestos a comprar partidos, antes de que se destape todo lo mismo ya han amañado la eurocopa.
Croacia es el único representante del fútbol balcánico, lo cual significa talento a raudales y cierta indisciplina. Tienen a una de esas promesas eternas que no acaban de explotar, Luka Modric, hecho que les hermana con la cuarta selección del grupo.
En efecto, Irlanda también cuenta con una estrella eterna que siempre parece a punto de explotar: Robbie Keane, con 32 primaveras, y que además juega en Los Angeles Galaxy. ¿ Es o no es una estrella ?

Grupo D : es el grupo que más ilusión ha despertado en el sector del lenocinio. Entre los líos de faldas que siempre acompañan a la selección inglesa y las juergas descubiertas a Ribery y compañía, las prostitutas de ambos países andan frotándose las manos; bueno, y los muslos.
Francia ha dejado en casa a Gourcuff, supuesto causante de todos los males en el anterior mundial. Al parecer el chaval sabe leer y de esa manera informaba al resto de la plantilla del malestar de la prensa con su juego deficiente. Con su ausencia la selección bleu ha recuperado la sonrisa de la mano de Ribery, Benzema o Malouda, tíos letrados ellos. La afición ya es otro cantar, no en vano acaban de elegir como presidente a un tipo que se apellida Holanda...
Inglaterra lleva siendo un polvorín varios años. Pero no porque el ambiente de la selección sea explosivo, no, sino porque allí juegan a zumbarse a la mujer del compañero. Así, con el miedo de que en un despiste se la acabara enchufando Terry, Capello decidió dimitir y el rendimiento del equipo es una incógnita. Rendimiento en el campo, quiero decir. De hecho Lampard es baja finalmente y se rumorea que ha fingido su lesión para que no le levanten a Christine Bleakley.
Suecia cuenta entre sus filas con el carisma de Ibrahimovic, su jugador más desequilibrante. Y el más desequilibrado también. Del tiempo que tarde en entrar en combustión dependen muchas de las opciones de su selección.
Y por fin Ucrania, el otro anfitrión, que cuenta con un hándicap inesperado. Las leyes del país impiden a ningún huésped salir fuera del geriátrico a partir de las 10 de la noche. Teniendo en cuenta que dos de sus tres partidos de la primera fase empiezan a las 21:45 ( hora ucraniana ), ¿ cómo conseguirán alinear a Shevchenko sin violar la ley ? Lo mismo le cargan las culpas también a Timoshenko.

Después de estas pinceladas espero que ya podáis hacer cábalas con mayor profundidad sobre quién será el próximo campeón de Europa. ¡ Suerte y que no nos intervengan antes de que termine !

viernes, 11 de mayo de 2012

Y no estaba muerto, que no, que estaba tomando cañas, lereleré

Hace unos meses ( concretamente cincuenta y seis, ¡je! ) escribí una entrada que se titulaba "Volverás a Hontanazor". Era una promesa de retorno después de haber tenido abandonado el blog durante cierto tiempo. La promesa duró casi dos años y luego el blog se sumió en un ominoso silencio. Las razones no vienen al caso, aunque afortunadamente no se debieron a una sequía creativa, pero ahora una nueva oleada de impulso literario me envuelve y me rodea, empujándome a retomar otra vez este pequeño rinconcillo bloguero.
Esa ola son mis amigos, que han continuado con sus propios blogs o han creado alguno nuevo, lo que me hace sentir como un intruso en aquellas charlas de los cafés madrileños del siglo pasado, cuando diversas personalidades del arte o la intelectualidad intercambiaban sus opiniones y sus experiencias, en un ambiente muy enriquecedor para el espíritu.
Hace unos años solíamos vernos cada semana al menos dos o tres veces, cuando no casi a diario, y discutíamos de lo humano y lo divino, de lo serio y lo accesorio, con pasión o indiferencia, a veces durante horas, al igual que los grandes personajes de esos cafés. Luego los trabajos y las derivas personales ( y cierta pereza al movimiento que parece desarrollarse con la edad ) complicaron esas quedadas hasta convertirlas en mucho más ocasionales de lo que nos gustaría, con lo que las grandes discusiones trascendentales cedieron el protagonismo ante las obligatorias ( y con los tiempos que corren, por desgracia, desencantadas ) puestas al día.
Algunos pensaréis que soy un pretencioso al comparar aquellas reuniones de adolescentes idealistas alrededor de una pizza y un Trivial con el privilegiado ambiente cargado de humo del café Gijón, pero los integrantes de nuestras timbas de entonces ahora también son destacados profesionales y prestigiosos científicos, con teorías inteligentes y poco convencionales sobre muchos temas. Y de ese privilegio me beneficié como persona y se beneficiaron mis relatos.
Como esa necesidad de seguir compartiendo ideas no disminuyó y las nuevas tecnologías nos han proporcionado una alternativa virtual a la dificultades organizativas, me subo a la cresta de la ola y recupero la actividad del blog.
Y como me considero incapaz de recuperar la línea seria y académica de las entradas antiguas, dejaremos en paz al bueno del señor Benet y nos arrimaremos a Peret. Así es la vida.
Eso sí, esperemos que dure...

martes, 8 de julio de 2008

Carta a Indiana Jones

( Ojo, esta entrada contiene numerosas referencias al argumento de la última película de Indiana Jones; si la lees no me culpes de habértela destripado...eso sí, te aviso de que, sorprendentemente, el amigo Indy NO muere en esta peli. ¡ Qué audaces son en Hollywood ! )

Jo, Indy, en menudo dilema me ha puesto tu película. Habitualmente no me gustan demasiado este tipo de historias donde el bueno siempre gana, encuentra el tesoro, se lleva a la chica y los malos tienen su merecido. Por eso iba al cine con la sana intención de imaginarme en qué momento que quedara plausible te hubiera matado yo. Pero ahora no me decido porque podrías caer casi en cada secuencia. Y es que os habéis pasado, colega.




Para empezar creo que hasta tú estarás un poco avergonzado de lo malos que son los malos que te ponen. Pero malos de solemnidad. Dos largas horas disparándote y no te rozan ni un poquito y tú tiras al suelo una metralleta que se dispara sola y le das a un soviético en un pie. En serio que no te llegan a la altura y van cuatro películas. Es como si en un videojuego pasaras de nivel pero los enemigos siguieran siendo igual de palurdos que al principio. Eso empobrece tus logros, créeme.




Visto que rusos y alemanes no dan la talla, creo que deberías considerar la posibilidad de que en futuras entregas tus antagonistas fueran los animales que hay en esta película. Fíjate, estalla una bomba atómica y el perrillo de las praderas ahí está, observando el hongo mientras piensa "pedazo de pepino han soltao" pero ni se mueve el tío, sólo le deja perplejo ver salir a un tipo de una nevera sin un rasguño tras esa explosión que le ha lanzado a cientos de metros ( que lo entiendo, porque a mí me ocurrió lo mismo ). Otros, los monos que, con mirar a los ojos a tu recién estrenado hijo, le enseñan a viajar con las lianas y se unen a vuestra causa; y la rusa buscando la parapsicología en una calavera...¡ Que son los monos el arma total, mujer ! Y para rizar el rizo, diez minutos te lleva tumbar al ruso y en medio segundo lo levantan las hormigas amazónicas, lo cargan y, venga, a la despensa. Esos sí que son enemigos temibles.

Y además estas últimas muy consideradas, os organizan el cuadrilátero y todo. Porque vale que no les mole la calavera pero entre ella y vosotros hay mucha más distancia que entre las hormigas de vanguardia y la propia calavera. Supongo que pensaron como la guardia civil cuando presencia una pelea en las fiestas de un pueblo, " que se frían a tortazos y al que pierda nos lo llevamos y todos tan contentos ".

Claro que, puestos a igualar, tampoco salen muy bien parados los del FBI. Resulta que te hacen la vida imposible porque, en pleno maccarthismo, tu supuesta ayuda a esos soviéticos les ha escamado y presionan hasta que te apartan de tu trabajo. Pero luego andan rusos muy rusos con acento de rusos montando persecuciones en las calles, broncas en bares donde pasan desapercibidos con sus trajes de vestir rodeados de chupas de cuero y jerseys de hermandades o jaleos en los campus repletos de gente y allí no se entera ni el tato. Hay que ver...

El caso es que te voy a hacer un recuento de las veces que, si hubiese sido tu guionista, hubiera podido acabar contigo. Y comprobarás que ibas a dejar a Kenny a la altura del betún:

- muerto tras encontrar la caja que buscan los soviéticos, al ser alcanzado por alguno de los miles de disparos de los certeros tiradores rivales;

- ahogado al ser empujado por el cohete ese que os saca al ruso y a ti del almacén;

- desintegrado con la bomba atómica ( huelgan comentarios );

- reventado en el choque de la nevera con el suelo;

- atropellado en la persecución sobre la moto, cuando te pasan del coche a la moto y viceversa;

- envenenado por uno de los dardos de los indios, que parecen haber ido a la misma escuela de tiro que los soviéticos ;

- apaleado por la comunidad científica al destrozar las momias de Orellana y amigos tras llevar quinientos años desaparecidas;

- derretido tu cerebro por la calavera;

- ahogado en las arenas movedizas;

- picado por la serpiente;

- infartado al saber que el tonto del bote del rockabilly es en realidad tu hijo;



- ahogado en las arenas movedizas ( te dio tiempo incluso a escribir testamento );

- condenado a pena de muerte tras matar a sangre fría a tu novieta de antaño al no aguantar su insufrible verborrea ( yo aquí te hubiera absuelto pero ya sabes cómo sois los yanquis );

- estampado en un árbol en cualquier instante de la persecución a lo largo de la jungla;

- muerto por alguna de las cientos de balas que de nuevo los extraordinarios tiradores soviéticos vuelven a desperdiciar;

- despeñado por el precipicio;

- aplastado por el coche de la soviética élfica;

- secuestrado por las hormigas como el ruso para seguir dirimiendo vuestras diferencias en un ambiente más íntimo;

- ahogado en el río tras fallar estrepitosamente los cálculos de tu novieta con respecto al aguante de la rama;

- ahogado en la primera catarata;

- ahogado en la segunda catarata;

- ahogado en la tercera catarata;

- sacrificado por los indios de la ciudad perdida;

- abducido por la nave espacial;

- atropellado por alguno de los cientos de pedruscos provocados por la destrucción del templo;

- ahogado tras anegar el Amazonas el hueco que deja la nave espacial y que tu cadáver tuviera que volver a caer por las tres cataratas anteriores.

Por supuesto que estos finales podrían ser compartidos por tus compañeros de aventuras, la pesada de tu novieta, el pringao de tu hijo o el zumbao de tu antiguo colega. No tengo mayor inconveniente. Eso sí, vale con que el chico no sea muy listo y no tenga ni idea de casi nada ( aunque luego sea capaz de desplazarse con las lianas a la misma velocidad que los coches ), pero me parece fatal que le vaciles de esa manera haciéndole creer que Pancho Villa hablaba quéchua por el hecho de ser latinoamericano. Que luego el chico se crece y elucubra ese brillante plan de huir del campamento en medio de la selva, pensando, es de suponer, que allí al lado habría una cabina telefónica de SOS y línea directa con la DGT.


La cuestión es que ando dubitativo y me pone muy nervioso tanta indecisión. ¿ Por qué no me echas una manita ? Pero sin látigo, que ya te veo...

lunes, 30 de junio de 2008

El pero

Soy de naturaleza pesimista, he de reconocerlo, de los que no sólo ven la botella medio vacía sino que además piensan que el vino de dentro ya estará picado...

Por eso, tras la alegría de ayer, tras el partido inicial contra Rusia que nos permitía soñar con el buen juego de la selección, tras la victoria agónica contra Suecia que convocaba viejos fantasmas de mala suerte con la lesión de Puyol y los únicos minutos en el campeonato de zozobra colectiva tras el gol de Ibrahimovic, tras la remontada ante Grecia en un partido de trámite que nos servía para llegar con pleno de victorias a la temida ronda de cuartos donde nos esperaba el protagonista habitual de nuestras peores pesadillas, tras el derrumbamiento de varias barreras psicológicas e históricas en ese enfrentamiento contra Italia como la propia selección azzurra, los penalties y el mal fario en los últimos minutos, tras la exhibición en semifinales contra Rusia que nos hacía frotarnos los ojos mientras el mundillo futbolístico nos elogiaba y colgaba ese papel de favoritos que históricamente tanta presión paralizante nos ha provocado, tras la extraordinaria final contra Alemania, otro de los peces gordos en esto del balompié, que se derrumbaba físicamente como jamás pensé ver a un alemán de esos tan grande, tan alto, tan fuerte, tan alemán, hundidos tras correr detrás del balón durante setenta minutos y desorientados en las ocasiones que lo recuperaban por no saber muy bien qué hacer con él, tras los gritos de júbilo al pitar el árbitro el final y poder soltar toda la adrenalina acumulada en años y años de frustraciones y sinsabores delante del televisor, tras el éxtasis de ver a Casillas levantar la copa como si fuera el Santo Grial que llevábamos buscando sin saber a ciencia cierta si existía, tras el estruendo de cientos y cientos de cláxones por las calles de los conductores embriagados con la victoria, de los contagiados por el alborozo o de los incrédulos que veían las calzadas asaltadas, tras la invasión de esos asaltantes ataviados con los colores de la Roja, con la bandera a la espalda como la capa de un superhéroe o a la cintura como el pareo del que disfruta del mejor rato del verano, tras los cánticos acerca de cualquier motivo que sonara a victoria, a España, a fútbol o a cualquier cosa chistosa, ya que no hay humor más agradecido que aquél vástago del triunfo, y que unía en una sola voz a personas de edades, sexos, razas, clases, nacionalidades y, por desgracia para el oído, timbres bien distintos, tras las lágrimas de entusiasmo al encontrar tanta gente feliz por un hecho en sí mismo estúpido y absurdo como es llevar un balón hasta una portería pegándole patadas, tras la constatación de que hay ciertos eventos que nos unen más que las miles de palabras vacuas e interesadas de los políticos y sus lamentables intentos de separarnos cuando la mayoría de las personas sólo quieren vivir en paz y tranquilidad y quizá, eso sí, un poquito mejor cada día, tras todas esas sensaciones que ciertamente te dejan poco menos que tan extenuado como a los propios jugadores y que deberían acercarte al estado casi absoluto de felicidad, yo, pesimista por naturaleza, le encontré un pero a la victoria de la Roja.
Y es que, una vez disfrutadas las cervezas en el bar de turno como se disfrutan las cervezas que uno considera bien merecidas, nos quedamos con Ana en un cruce esperando la llegada de un taxi. Había muy pocos, es cierto, y la mayoría ocupados. Pero, aquí llega el pero, los que pasaban vacíos y nos veían con nuestras camisetas de España y los brazos levantados, en vez de parar tocaban su claxon y gritaban "¡ España, España !". Y así estuvimos media hora...
Al final, de hecho, el taxi lo paró Ana cuando se alejó de nosotros y a ella, que iba vestida normal, la tomaron más en serio.
Y es que me gustaría haber contado también que Ana se vistió, vibró, sufrió, gritó y se emocionó con la Roja, pero, por desgracia, nunca se me ha dado bien la literatura fantástica. Eso aún tendrá que esperar.

viernes, 27 de junio de 2008

¡ Que viene la Mannschaft !

Estuve en Alemania por primera vez el verano pasado. Volamos hasta Stuttgart y de allí un tren nos llevó a Ludwisburg donde hacíamos noche. De entrada me llamó muchísimo la atención, cuando el avión comenzó a descender buscando la pista de aterrizaje, la cantidad de luces que se esparcían por doquier. No me sorprendían su color o su intensidad, sino que miraras donde miraras el alumbrado tejía una maraña luminosa sin solución de continuidad. Parecía una inmensa ciudad, pero la distancia al suelo aún era grande, por lo que supuse que sería una inmensa ciudad de ciudades. Regresamos de día y entonces pude comprobar que, efectivamente, las ciudades se enlazan entre sí como ciertos barrios en zonas acomodadas. Esta es la explicación a la tremenda densidad de población alemana.

Los alemanes son muchos, sí.


Entramos en la estación de tren de cercanías del aeropuerto, que allí se llama S-Bahn, y esperamos a que llegara nuestro convoy. En Alemania el cercanías, S-Bahn, y el metro, U-Bahn, están conectados. Además las estaciones tienen un único andén para todas las líneas, con lo que no tienes que pasearte por los pasillos subterráneos para hacer trasbordo, basta con esperar a que pare en el andén el tren que quieres tomar y cuya llegada va siendo avisada en los paneles electrónicos con los minutos de espera. De esta manera en un mismo andén puedes coger cualquier línea de metro o cercanías que pase por allí sin riesgo de perderlo durante el tiempo que tardas en recorrer el trasbordo y sin pegarte caminatas innecesarias.


Y es que los alemanes son prácticos.


Por otro lado esos mismos trenes llegaban a la hora que estaba marcada en los diferentes folletos que te proporcionaban en las taquillas o en los tablones informativos. Daba igual que fuera tren de metro, de cercanías o regional, que en la estación de Ludwisburg también paraban, a la hora exacta aparecían, vomitaban un chorro de gente ( los alemanes son muchos, ya sabéis ) y con la misma ansia engullían a los congregados en el andén para partir prestos a cumplir metódicamente con el horario previsto de su próxima parada. En la visita al palacio residencial de Ludwisburg que realizamos al día siguiente con una guía angloparlante que empezaba y acababa a unas horas concretas, aún no me explico cómo pero, a pesar de las numerosas preguntas de discutible interés y de los visitantes remolones que pretendían perpetuarse en el salón del trono real, esas horas fueron clavadas con rigor suizo.


O debería decir alemán, ya que los teutones son puntuales.


Aquel palacio que había servido de residencia a los antiguos reyes de Baden-Württemberg se emplazaba en un delicioso jardín dividido en diferentes partes, ésta de estilo francés con sus setos recortados y sus parterres de flores multicolores o aquélla de estilo inglés con su disposición cuidadosamente descuidada de árboles y plantas, aquí su parque temático de figuras autómatas representando antiguos cuentos populares o allá su recreación de hábitats exóticos para esas latitudes como el jardín de bonsais o el bosque mediterráneo. Y por doquier alemanes ( que son muchos ) con comida y bebida de los puntos de restauración estratégicamente situados y amenizados con conciertos de música clásica interpretados por bandas escrupulosamente uniformadas. Y alemanitos embelesados con las atracciones mientras portaban sus refrescos o sus salchichas. Y a pesar de todo ni un sólo papel por el suelo ni allí ni en las aceras.


Los alemanes realmente son muy civilizados.


Porque beber beben bastante. Te encontrabas mucha gente por la calle o en el metro con latas y botellas de cerveza, amén de en las terrazas con las tradicionales jarras enormes rebosantes de espuma. Nuestro objetivo del viaje era, ironías de la vida, la feria del vino en Ludwisburg, la Ludwisburger Weinlaube, una feria del vino en el paraíso de la cerveza. Y allí estaban los convecinos disfrutando de los vinos de aquella región, al parecer los más afamados y de mejor calidad de toda Alemania, si bien salvando algunos blancos que no estaban mal y algún rosado simpático, los tintos no resistían la comparación con el más peleón de los riberas.Y con ellos nosotros, bebiendo vaso tras vaso de vino y comiendo salchicha tras salchicha. Y tanto ellos como nosotros preguntándonos por qué no nos pedíamos una cerveza de litro y mandábamos al garete los vinuchos mediocres aquellos.


Sí que son cerveceros los alemanes, sí.


A la caída del sol amenizaba la velada vinícola un grupo de música que, con un repertorio ciertamente ambicioso donde lo mismo entraba U2 que Pink Floyd defendidos de manera honrosa bien es cierto, inducían a mover el esqueleto durante un par de horas, porque, eso sí, a las doce y media se acababa la música, la feria y todo el sarao correspondiente. En ese instante ( clavado en punto, por supuesto ), los presentes abandonaban la plaza que acogía la feria y desfilaban de manera silenciosa hacia sus hogares sin alterar la tranquilidad ya reinante en las calles huérfanas de coches y lugareños. Y en esos semáforos en rojo para los peatones esperaban pacientemente los respetuosos alemanes a que el muñequito verde les permitiera cruzar las desérticas avenidas mientras nuestro espíritu latino y transgresor nos impelía a atravesar la calzada bajo su atónita y acusadora mirada. Tras rebullirse en sus entrañas, hacían el amago de iniciar la marcha sin estar convencidos de ello, quedándose mucho más tranquilos cuando el muñequito verde acudía en su ayuda y les rescataba de tan tremenda diatriba.


Gente muy disciplinada estos alemanes.


Por el día esas calles rebosaban de vitalidad sobre ruedas, una tremenda demostración de poderío económico en uno de los santuarios mundiales de la producción de coches, no en vano entre Baden-Württemberg y Baviera se encuentran las naves nodrizas de Porsche, Mercedes o BMW. No resultaba difícil ver una sucesión de Mercedes pasar como si estuvieran desfilando ni tampoco descubrir de cuando en cuando un Boxter o un 911, eso sí, respetando las velocidades máximas que en cada tramo estuvieran estipuladas, la disciplina ante todo. Esa opulencia también se notaba en las calles céntricas de Stuttgart, las más comerciales y concurridas, donde la gente realizaba sus compras o abarrotaban las terrazas, nada baratas por cierto, dejando que el solecito de agosto les compensara de las infidelidades invernales.


Poderosos aparecían entonces los alemanes.

Disfrutando de ese solecito descansábamos tras patear Stuttgart en el Schlossgarten, uno de los abundantes parques que visten a la ciudad de verde. Resulta curioso que no existen vacíos aparentes para la vista puesto que donde no hay edificios hay árboles, o vías de ferrocarril, o carreteras, o un parque, o agua, pero jamás terreno baldío, de manera que nunca alcanzas a ver muy lejos. Tanto verde se agradece desde luego. Y en aquel parque, muchos alemanes disfrutaban de su ocio leyendo, paseando o jugando al ajedrez. En una zona expresamente acondicionada para ello con varias mesas y un gran tablero en el suelo de unos sesenta y cuatro metros cuadrados con sus trebejos de tamaño descomunal se desarrollaba una partida entre dos hombres, uno de pelo cano y otro moreno con rasgos turcos, que contaban con un público atento y numeroso. En cada movimiento debían coger la ficha, de entre cincuenta y cien centímetros en función del trebejo y llevarla hasta su nuevo emplazamiento, retirando la rival comida si era el caso de estar ocupado el escaque, con lo que al trabajo intelectual se añadía un cierto esfuerzo físico. Cada jugada era coreada con un rumor de aceptación o de sorpresa pero, como no podía ser menos, con total educación, si bien los jugadores comentaban en voz alta sus impresiones y en ocasiones eran aconsejados por el público. Tras la victoria del canoso, ni un gesto por su parte de alegría, entusiasmo o relajación, sólo la satisfacción del deber cumplido y la recompensa de los euros que hubiera en juego.

Son muy serios los alemanes.

Hice un gran descubrimiento en Stuttgart: los establecimientos de la cadena Nordsee. Son una especie de restaurantes de comida rápida donde puedes comprarla para llevar o consumirla en las mesitas dispuestas para tal fin en su interior o en las inevitables terrazas. No desperdician un rayo de sol los germanos. ¿ Qué las hizo tan novedosas para mí ? El producto. En esos comercios se vende exclusivamente pescado. Obviamente hay también bebidas pero lo comestible es únicamente pescado, tratado de múltiples maneras, con salsas de diferentes tipos y la posibilidad de que te lo cocinen como lo pidas. El arenque marinado, sobre todo en forma de sandwich Bismarck, que ya había probado aquí en alguna ocasión del Ikea ( a Dios gracias este género ya lo traen preparado, no lo tienes que "montar" tú ) me entusiasmó por la deliciosa frescura y la cantidad de sabores diferentes que las salsas disponibles te ofrecían, desde vinagre a la pimienta hasta remolacha batida, pasando por la mostaza de Dijon, el yogur con manzana y cebolla o un tomate con especias de color dudoso pero exquisito al paladar. Y allí se sentaron a nuestro lado dos niños de unos doce años que, tras elegir unos lenguados en el mostrador, esperaban impacientes con la boca hecha agua a que se los pasaran por la plancha en la cocina. La típica estampa de cualquier Burger King. El día que vea eso en España...

Y es que estos tipos alemanes son un tanto raros.

Llegó el momento de marcharse. Y tras despedirnos del dueño del hostal, un simpático griego que se pasaba el día de cervezas, recorrimos la ciudad camino de la estación de tren empapándonos con las estampas de la plaza del reloj con sus sillas de madera que nadie se llevaba, de los paseos peatonales con el género de las tiendas sacado a la acera, de la Weinlaube recién abierta con los suelos impolutos a pesar de la cantidad de gente que ya acudía a la llamada del vino, de las concurridas calles y sus numerosos coches y sus más numerosas bicicletas...y tanto nos empapamos que al llegar a la estación, la visión del reloj nos dejó helados a pesar de los casi treinta grados que derretían Ludwisburg. El avión salía en noventa minutos, a las cinco y media, y estábamos a una hora, en el mejor de los casos, del aeropuerto. Crisis de pánico. Tuvimos que subir a un regional que nos dejaba en una estación en la que sí debíamos hacer trasbordo para coger la línea de metro del aeropuerto, el trasbordo más rápido de la historia con dos maletas en la mano. En el convoy que nos llevó al aeropuerto tuvimos la sensación de que la línea había multiplicado sus paradas en los tres últimos días. Salimos del tren con las puertas aún cerradas y volamos por la terminal, el eslalon más vertiginoso de la historia con dos maletas en la mano. Llegamos al mostrador de facturación a falta de veinte minutos para despegar. Mi corazón golpeaba el techo. La sonrisa del muchacho que nos atendió redujo mi tensión a pesar de no saber qué estaba diciendo. Tras una conversación amable y por momentos simpática, la traducción me desengañó. No podíamos facturar así que había que pasar las maletas por los controles. Yo llevaba botellas de vino, botes de salchichas y de salsas así que se avecinaba drama. Y el tiempo discurría. En efecto, al hombre que supervisaba el monitor en el control casi se le caen las gafas cuando vio la radiografía de las maletas. Una guardia jurado nos las abrió y sacó absolutamente todo de ellas con meticulosidad alemana y una lentitud que amenazaba con provocar mi colapso. Tuve que salir fuera para comprar bolsas donde meter los frasquitos del neceser, así que, a pesar de que la máquina expendedora esperaba a escasos tres metros del arco detector y que allí sólo estábamos nosotros con todos los guardias y policías que habían venido atraídos por el espectáculo, me volvieron a cachear exhaustivamente. Y la manecilla del minutero se acercaba inmisericorde al número seis en el reloj. Al final, tras meter las cosas a presión y tener que dejar allí el vino, las salchichas, las salsas y los botes de champú, recién empezados faltaría más, intentamos regalarle las cosas a aquella mujer que, al fin y al cabo, había sido amable y tan sólo cumplía su labor, absurda y enojosa gracias a las malditas normas de seguridad impuestas a raíz del desmesurado pánico occidental de esta era Binladista. Ella se negó aduciendo que el reglamento la obligaba a destruir aquellos productos y se mantuvo inmune a nuestros razonamientos; bueno, a los míos se mantuvo ajena ya que, en su traslado de la mente al alemán, los pobres sufrían una inquietante mutación que los convertía en silencio. Con la perspectiva que da el tiempo, resultó encomiable nuestra perseverancia en agasajarla mientras los altavoces repetían nosequé acerca del vuelo a Madrid y el reloj coqueteaba ya con la media. Y es que no se debe renunciar a la elegancia ni en las puertas del infierno. En cualquier caso no sirvió para nada.

Porque, ante todo y por encima de otro atributo, los alemanes son unos cabezas cuadradas.

A título de anécdota, para acabar de aderezar el poderoso cóctel de tensión infinita que formaban mi habitual angustia al volar con el estrés de ver perdido el avión, se añadieron unos compañeros de vuelo que, párvulos y españoles ellos, estuvieron correteando y saltando a nuestro alrededor con la inconcebible connivencia de sus padres, insolidarios y españoles ellos. Me hicieron añorar a aquellos chavalines que, raros un rato largo, es cierto, pero formales y respetuosos, esperaban ilusionados sus lenguados a la plancha. Habíamos vuelto a casa.

Pues este país superpoblado de seres prácticos, puntuales, civilizados, cerveceros, disciplinados, poderosos, serios, raros y muy, pero que muy cuadriculados, representados en esa Mannschaft que condensa los anteriores adjetivos en una única obsesión, la de ganar, es nuestro último obstáculo antes de tocar el cielo.

¡ Y podemos, vaya si podemos !

lunes, 23 de junio de 2008

Bendita indigestión

Que sí, que nadie se preocupe que ya me estoy tragando todas y cada una de mis palabras agoreras, gafes y fatídicas ( mantengo que ciencia lo llamo yo; lo de ayer es al fútbol como el ornitorrinco a los mamíferos ).
Y con mucho gusto, oiga.

martes, 17 de junio de 2008

Que me equivoque...

Como aún no había hecho ninguna entrada futbolera, voy a aprovechar las circunstancias para dejar por escrito mi vaticinio en esta eurocopa.
Ya lo comenté el sábado pasado antes de que jugara España. Y se me tachó de agorero.
Podría hacer mío ese latiguillo tan propio de novias y madres que reza " ya te lo dije yo..." el día que ocurra ( lamentablemente el domingo ). Y se me tacharía de oportunista.
Por eso recurro a este blog, ya convertido en un fondo de saco donde caben tanto los cuentos naif como los chascarrillos mediáticos, los poemas sentidos como las novelas negras poligoneras, para sentenciar que, según paraba Buffon el penalty a Mutu en la segunda jornada, España caía eliminada en cuartos. En efecto, suena a la teoría matemática del caos, aquel enunciado popular de que si una mariposa batía sus alas en Tokio podía provocar una tempestad en New York ( si bien creo que más bien ha sido al revés y un estornudo yanqui en forma de hipotecas subprime ha derivado en que quizá tengamos que comer mariposas para sobrevivir de aquí a unos meses ), pero el hecho es que a la ciencia me remito para sustentar mi teoría.
Ese día Italia consiguió salir con vida milagrosamente y quedar en una situación de extrema precariedad para llegar a cuartos. Lo que les gusta, vamos. Tienen que ganar a Francia en un partido agónico y esperar que Rumanía no venza a Holanda. También podrían empatar con Francia con goles y que Rumanía perdiera. En cualquier caso, un calvario.
Mientras tanto España espera plácidamente rival en cuartos ( si bien cuando mascullé este enunciado España aún no estaba clasificada ) y, al tiempo que los italianos sudarán sangre esta noche, ellos echarán a suertes quién juega mañana contra Grecia un partido de puro trámite.
Introducimos una variable que sería el hipotético interés de Holanda en cepillarse a dos rivales como Francia e Italia, "dejándose" ganar por Rumanía y así despejarse un tanto el camino a la final.
Y aquí es donde entra la ciencia.
Veamos la situación : España espera rival y depende de la limpieza de Holanda y de la historia de Italia. España a la calle. Primero los holandeses, europeos ellos, saldrán con la dignidad por bandera y ganarán a Rumanía ( además si el beneficiado es Italia los equipos sufren de una suerte de obnubilación que les lleva a hacer lo contrario de lo que deberían por su bien: aún recuerdo a Nigeria en el mundial de USA´94 marcando un gol innecesario, de hecho un golazo de Amokachi, en el descuento que les abocaba a encontrarse en octavos con Italia, en vez de jugar contra México; claro, Italia les mandó a casa marcando el empate en el minuto 88 y el gol de la victoria en la prórroga ). Los italianos por su parte ganarán a Francia llorando, gimiendo y suplicando.
Será entonces cuando llegue ese cuarto de final entre la España favorita de media Europa y la Italia moribunda que acabará, como todos bien sabemos por la experiencia acumulada en el camino, con España jugando bien, incluso muy bien, y volviéndose para los madriles con un gol de Luca Toni en el 93. El Getafe, por desgracia, ya ha mostrado el camino.
¿ No se hace acaso ciencia basándose en la experiencia y la repetición de sucesos nos lleva a concluir una ley ? Ciencia futbolística pues.
Lo jodido es que no hay ningún antídoto contra la frustración, pues si bien ya sabemos lo que pasará, no hemos encontrado aún la manera de luchar contra sus indeseables efectos en nuestra moral. Así que habrá que volver a llorar un domingo del mes de junio...
Bueno, quizá los holandeses sean razonables.