Yo acuso a la vida de su inexorable existencia.
Yo acuso al pasado de perpetrar tantos ejemplos.
Yo acuso al futuro de no respetar los duelos.
Yo acuso a la lluvia de querer comprarme los ojos.
Yo acuso a las nubes de tenencia ilícita de lágrimas.
Yo acuso al cielo de devolver mi mirada desafiante.
Yo acuso al infierno de abrirme sus puertas enjaezadas.
Yo acuso a mis labios de insinuar frases unívocas.
Yo acuso a mi boca de sonrisas robadas al deseo.
Yo acuso a la sangre de bullir ante los cambios.
Yo acuso al sudor de encharcar miembros ateridos.
Yo acuso al vino de saberse sabio irresistible.
Yo acuso al pan de alegría en mesa ajena.
Yo acuso al sueño de huir ante el menor peligro.
Yo acuso al día de tener las horas contadas.
Yo acuso a la noche de permitir el llanto a deshoras.
Yo acuso al domingo de su vasallaje a la semana.
Yo acuso al pánico de montar su tienda de campaña.
Yo acuso a la cara de ser el espejo del alma.
Yo acuso al alma de no haber dado aún la cara.
Yo acuso al viento de asesino silencioso de suspiros.
Yo acuso a la magia de haberse evaporado de mi pecho.
Yo acuso al olvido de conjugar sus tiempos con mi nombre.
Yo acuso a la risa de haber caído en el olvido.
Yo acuso a la tierra de su falta de apetito.
Yo acuso al bosque de esconderse tras los árboles.
Yo acuso a la gente de juzgar los errores conmovida.
Yo acuso a la ley de tomarse la justicia por su mano.
Yo acuso al fuego de allanamiento de morada.
Yo acuso a la historia de ilustrarnos siempre tarde.
Yo acuso al exilio de robar la belleza de mis ojos.
Yo acuso a la belleza de querer partir al exilio.
Yo acuso al aire de coqueteo núbil con los alveolos.
Yo acuso a mis manos de apoyarse una sobre otra.
Yo acuso a los muertos de tentar con malicia mi presencia.
Yo acuso a los vivos de olvidar petulantes esta ausencia.
Yo acuso a las aguas de indiferencia ante mi raíz egipcia.
Yo acuso a mi reino de valer menos que un caballo.
Yo acuso a la pena de invadir terrenos aledaños.
Yo acuso a los consejos de aletear de rama en rama.
Yo acuso a la familia de crímenes contra la cordura.
Yo acuso a la cordura de ponerse contra las cuerdas.
Yo acuso al egoísmo de hacer campaña a mi costa.
Yo acuso al pensamiento de volar a ras de suelo.
Yo acuso a los libros de ocultismo deliberado.
Yo acuso a la tristeza de cantar canciones amorosas.
Yo acuso a mi corazón de agarrarse a un clavo ardiendo.
Yo acuso al compromiso de libertad bajo fianza.
Yo acuso a la confianza de haberse mudado de piso.
Yo acuso a la esperanza de alta traición a Pandora.
Yo acuso al diablo de ofrecerme retiro perpetuo.
Yo acuso a Dios de pactos con el diablo.
¡ Pobre ingenuo ! Lo que tú acusas son los golpes...
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3 comentarios:
Anda Pablín...resulta que tienes madera de fiscal...si señor...
¿Comentario suprimido?
“... al alma de no haber dado aún la cara”. Muy bueno. Siempre está bien ver a alguien acusar, porque es habitual la lógica del perdedor, disfrutar de estar en un rincón del ring, acusando los golpes, k.o. sin caer... Pero si uno busca el final de los cuentos, no te queda más remedio que moverte y para moverse hace falta un motivo, aunque sea bueno.
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